Los pro y contra Putin toman Moscú

Paco Soto – Varsovia

 

Aspecto que presentaba el centro de Moscú el pasado 4 de febrero.

 

Opositores y partidarios del primer ministro ruso, Vladimir Putin, a pesar de la ola de frío polar que azota Rusia, tomaron las calles de Moscú, el 4 de febrero, para defender sus postulados políticos. Unos 100.000 opositores salieron a la calle para pedir más democracia en Rusia y expresar su descontento por la política de corte autoritario que lleva a cabo Putin, quien aspira a ser elegido presidente en las elecciones del próximo 4 de marzo. El bloque de los partidarios de Putin fue muy parecido en número al de los detractores: 100.000 manifestantes contra otros 100.000 en las gélidas calles de la capital rusa. 140.000 contra 120.000, según otros cálculos. También se celebraron marchas en otras ciudades de la Federación Rusa.

“Por unas elecciones limpias”, gritaron los que se oponen al primer ministro y verdadero hombre fuerte de Rusia. También pidieron la anulación de los resultados de los comicios legislativos del pasado mes de diciembre, mientras que los partidarios de Putin, agrupados en torno al partido gubernamental Rusia Unida, defendieron a su líder de los ataques de la oposición y afirmaron que en su país hay democracia y las elecciones son libres y transparentes.

La Policía dio unas cifras de manifestantes claramente a favor de los partidario de Putin: 125.000 personas, frente a 34.000 para los detractores del jefe de Gobierno y antiguo oficial de los servicios secretos soviéticos y rusos. Los manifestantes opositores se congregaron en la plaza Bolótnaya y los partidarios de Putin se reunieron en Poklonnaya Gorá. Las autoridades policiales reconocieron, sin embargo, que el acto de la oposición reunió a más gente que el que se celebró el 24 de diciembre en la Avenida Sájarov de Moscú, cuya asistencia fue cifrada en 30.000 personas por las fuerzas de seguridad y en 100.000 por los organizadores y los medios de comunicación.

 

Sobornos y presiones

La oposición, que reúne desde la extrema derecha nacionalista hasta la ultraizquierda neomarxista y anarquista, pasando por la derecha liberal, el centro y la izquierda democrática, denunció que el poder pagó el equivalente de unos 25 euros a ciudadanos para que acudieran a la manifestación de apoyo a Putin. Muchos empleados públicos se quejaron de que sus jefes les habían presionado para que asistieran a la marcha pro-Putin. La compañía de taxis moscovita llamó a votar por Putin en las presidenciales. Por su parte, la influyente Iglesia ortodoxa pidió a los creyentes “que no se manifiesten pero recen en sus casas o en los monasterios”. “Los patriotas rusos tienen que quedarse en casa y hacer hijos, en lugar de congelarse de frío al acudir a mítines” de la oposición, declaró el viceprimer ministro y ex embajador de Rusia en la OTAN, Dimitri Rogozine.