La beneficiencia húngara se calienta con billetes usados

Paco Soto – Varsovia

 

 

Hungría es uno de los países de la Unión Europea (UE) más golpeados por la crisis económica. La pobreza alcanza al 30% de la población. El Gobierno conservador de Viktor Orban, que tiene a su favor una nueva Constitución autoritaria y ha aprobado leyes de dudosa naturaleza democrática, en principio, no tiene como objetivo solucionar la lacra de la pobreza y las desigualdades, sino mantenerse en el poder y competir electoralmente con la poderosa y agresiva extrema derecha local. Y convencer a la UE de que Hungría no se ha apartado de la vía democrática. Hungría asusta y sorprende a Europa.

Sorpresa es lo que han tenido que sentir muchos húngaros al enterarse de que el Banco Central (MNB) de su país, una entidad que está en manos del Gobierno de Orban, se dedica a reciclar billetes usados como material de calefacción destinado a instituciones sociales que trabajan a favor de los indigentes, ancianos, menores de edad y ciudadanos pobres. La noticia, que a primera vista podría parecer una broma de mal gusto en un país que está siendo azotado por una ola de frío siberiano que ha causado al menos 16 muertes, fue confirmada por la directora de la Fundación de Autistas del municipio de Miskolc (noreste de Hungría, a 180 kilómetros de Budapest), Krisztina Haraszti.

Ésta consideró que “es un acto de caridad muy útil, una ayuda muy importante para nuestra fundación, porque podemos ahorrar parte de nuestros gastos de calefacción gracias a estas briquetas”. Según Haraszti, el ahorro en calefacción gracias a la utilización de billetes usados oscila entre los 50.000 y 60.000 florines (entre 180 y 200 euros) al mes. “En tiempos de crisis es una cantidad considerable”, destacó Krisztina Haraszti. La Asociación de Niños Discapacitados de Véstö (sureste), también informó que utiliza dinero usado para calentarse durante todo el invierno .

 

Alto valor calorífico

Los billetes usados del MNB son transportados en camiones desde septiembre una vez al mes a diversos puntos de Hungría y la operación finalizará cuando llegue la primavera en marzo. Krisztina Haraszti explicó que el valor calorífico de los billetes es “muy elevado”, y “basta añadir un poco de madera y las habitaciones están bien calientes”. El director del Centro de Logística del MNB, Barnabas Ferenczi, aseguró que “nuestras investigaciones han demostrado que las propiedades de calefacción de estas briquetas fabricadas a partir de billetes de banco desmenuzados son similares a las del lignito”.

El responsable del MNB señaló que hace cuatro años que la institución financiera estatal se dedica a estos menesteres. El MNB retira cada año de la circulación monetaria un cuarto del conjunto de billetes de banco inservibles por usura e imprime una cantidad equivalente para sustituirla. La cantidad de dinero retirada, una vez transformada en briquetas para la calefacción, varía entre 40 y 50 toneladas y equivale a unos 800 millones de euros. Para fabricar una briqueta, los billetes tienen que pasar primero por la trituradora, y después el bloque de papel es comprimido. La elección de los beneficiaros se hace por concurso público y cada año unas 20 instituciones sociales se benefician de la caridad del MNB. Una de las condiciones impuestas por el MNB es que la institución beneficiaria no tenga deudas con las administraciones públicas.

 

Inquietud de Bruselas

Así las cosas, mientras el MNB ayuda a su manera a los pobres de Hungría, la vicepresidenta de la Comisión Europea (CE) y responsable de Agenda Digital, Neelie Kroes, alertó de las amenazas sobre la libertad de expresión en el país magiar. Kroes puso en duda “calidad de la democracia y la cultura política” en el país magiar, y consideró que el Gobierno de Orban tiene que “hacer más para tranquilizar a la Comisión y a todos los que tienen dudas, así como para demostrar que es serio en cuanto a la libertad de expresión y el pluralismo en los medios de comunicación”.

Por su parte, el opositor Attila Kopiás afirmó que “desde diciembre, en toda Hungría, o se multa o se encierra a las personas sin hogar, y esto pasa en un Estado miembro de la Unión”. Kopiás dijo a la CE: “Me puse una ropa similar a la que llevan los mendigos y me senté en un banco. Solo 20 minutos después la Policía me arrestó y me mantuvo ocho horas retenido. Al día siguiente, fui al mismo banco con traje y me senté durante una hora. No pasó nada”.