La violencia étnica se apodera de Macedonia

Paco Soto – Varsovia

 

Macedonia, una antigua república de Yugoslavia que aspira a ingresar en la Unión Europea (UE), está en pie de guerra desde el pasado 29 de febrero, cuando un policía mató de varios disparos a dos jóvenes albaneses en Gostivar (oeste del país), donde la mitad de la población es albanesa y la otra, eslava. Una tercera parte de los 2,1 millones de ciudadanos de Macedonia es de origen albanés y mayoritariamente musulmana, y el resto de la población es de mayoría eslava y cristiana ortodoxa. Según la policía del país balcánico, los dos jóvenes murieron durante una operación contra el tráfico de drogas, una versión que rechaza la minoría albanesa, que lleva años exigiendo a las autoridades de Skopje el pleno reconocimiento de su identidad y mejores condiciones de vida.

El suceso desató la ira de muchos albaneses, sobre todo jóvenes, que bajaron a la calle y se enfrentaron a macedonios de origen ortodoxo. En las últimas dos semanas se han producido unos 25 incidentes callejeros en todo el país que se han saldado con más de 40 heridos de las dos comunidades y una treintena de detenciones. En muchos disturbios los jóvenes albaneses y macedonios se han enfrentado a golpe de bates de béisbol y varas metálicas y a navajazos, según informó la ministra del Interior, Gordana Jankuloska. Unos vídeos difundidos por miembros de ambas comunidades, donde se ven a unos macedonios quemando una bandera albanesa y a unos albaneses haciendo lo mismo con la enseña de Macedonia, han encendido aún más los ánimos.

Ante el incremento de la tensión callejera, la policía ha extremado las medidas de seguridad y el pasado miércoles prohibió la celebración del derbi entre los dos principales equipos de fútbol del país, el Vardar, que es de etnia macedonia, y el albanés Shkendija, que fue el campeón de la época pasada. La Federación de Fútbol de Macedonia (FFM) explicó que los partidos programados serán disputados en territorio neutral, una vez que se hayan puesto de acuerdo los rivales para la elección de la sede. “Puede que haya gente dispuesta a perturbar la paz de los ciudadanos, pero deberían saber que tendrán serios problemas porque se enfrentarán a los tribunales y a la posibilidad de ser encarcelados”, advirtió el primer ministro, Nikola Gruevski. Durante la celebración del carnaval en Macedonia, muchos albaneses musulmanes salieron a protestar en la capital después de que un grupo de hombres se vistieran con burka y se burlaran del Corán. La Comisión Europea deploró el conflicto entre las dos comunidades.

 

Gran Albania

Según el diario Dnevnik, le tensión étnica tiene que interpretarse en clave regional, porque en la vecina Kosovo, que en 2008 se independizó unilateralmente de Belgrado, también hay conflictos entre la mayoría albanesa y la minoría serbia. Además, los posicionamientos de algunos dirigentes albaneses a favor de la construcción de una Gran Albania que incorporaría a todas las poblaciones de origen albanés de los Balcanes bajo la bandera de Tirana preocupa enormemente a la mayoría ortodoxa de Macedonia, que teme un desmembramiento de su pequeño Estado.

Para el historiador eslavista ruso Alexander Safónov, al analizar este conflicto hay que saber que “los albaneses conforman ya más del tercio de la población de Macedonia, entre ellos se registra una natalidad muy alta, lo que acentúa el conflicto en la sociedad, porque Macedonia es un país bastante pobre. Aquí hay un problema de puestos de trabajo y el aumento de la parte de una de las comunidades se hace a cuenta de la disminución de los recursos de la otra. Todo esto lleva inevitablemente a los choques”.

 

Una década de conflicto

Las relaciones entre eslavos ortodoxos y albaneses musulmanes en Macedonia son tensas desde hace más de una década, después de que diplomáticos occidentales consiguieran poner fin a la rebelión armada de 2001, cuando las guerrillas albanesas lucharon contra las fuerzas de seguridad macedonias. La UE y la OTAN evitaron el estallido de una guerra civil al proponer al país su entrada en ambas organizaciones a cambio de que las guerrillas depusieran las armas y participaran de la vida política. De momento, el proceso está paralizado por la oposición de Grecia, que no está dispuesta a que un Estado soberano con el mismo nombre que una de sus provincias septentrionales ingrese en la UE y la OTAN.