La Transilvania húngara se enfrenta a Bucarest

Paco Soto – Varsovia

 

Transilvania, un territorio de la actual Rumanía que perteneció al imperio austro-húngaro hasta finales de la Primera Guerra Mundial y donde vive la mayoría del millón y medio de húngaros (7% de la población) del ex país comunista, está en pie de guerra contra Bucarest. Los húngaros de Transilvania exigen una amplia autonomía que les garantice el pleno reconocimiento de du identidad. El proyecto de reorganización territorial de Rumanía propuesto por el presidente Traian Basescu, cuyo objetivo es conseguir una amplia descentralización política, ha sido bien acogida por la mayoría de los húngaros de Transilvania. Pero como advierte Toro Tibor, presidente ejecutivo del Consejo Nacional Magiar de Transilvania, “la reforma tiene que tener en cuenta a las regiones históricas y no rediseñar el territorio de forma artificial”.

Tibor critica que la reforma no tenga en cuenta las particularidades del enclave siculo, un territorio situado en Transilvania y poblado mayoritariamente por húngaros, cuyos representantes abrieron el año pasado una oficina en Bruselas para hacer oír sus reivindicaciones de autonomía. Varias formaciones políticas defienden a la minoría húngara. El partido más importante es la Unión Democrática Magyar de Rumanía (UDMR) de Kelemen Hunor, que se creó en 1989 y ha gobernado con la derecha y la izquierda. Desde 2008 han surgido grupos más radicales, como el Partido Cívico Magiar (PCM) y el Partido Popular Magiar de Laszlo Tokes. Mientras UDMR apuesta por una estrategia reformista, el ala radical del movimiento magiar no descarta la “desobediencia civil” para conseguir la autonomía.

 

Rechazo del poder central

Bucarest no está dispuesto a ceder frente a los deseos de la minoría húngara de ver plenamente reconocida su identidad, y considera que la exigencia autonómica es una “provocación”. Sin embargo, la mayoría de los húngaros no ven otra solución a sus problemas. En Miercurea Ciuc, una ciudad de 40.000 habitantes situada en el corazón de los Cárpatos, el 80% de la población es de origen magiar y utiliza el húngaro como lengua de comunicación. El alcalde, Robert Raduly Kálmán, cuenta que “desde la caída del comunismo, en 1989, pocas cosas han cambiando. La industrialización comunista trajo a muchas familias rumanas a este municipio. Nosotros los húngaros seguimos estando discriminados”. En septiembre de 2009, los diputados de origen magiar formaron “una especie de Parlamento regional para mostrar a Europa lo que podría ser nuestra autonomía”, explica Izsak Balazs, presidente del Consejo Nacional Siculo, pero el poder central rechazó la legalidad de esta cámara y tampoco quiso reconocer la bandera y el himno aprobados por los húngaros.

 

Conflicto universitario

La reciente decisión por parte del Gobierno de Bucarest de aprobar una norma que establece la separación de los estudiantes de origen rumano y húngaro en la Universidad de Medicina y de Farmacia (UMF) de Tirgu Mures, una ciudad de Transilvania, ha encendido los ánimos de los magiares. Bucarest sostiene que tomó esta decisión tras la defensa que hizo UDMR de crear una facultad en lengua húngara en el seno de la UMF de Tirgu Mures. “Es una excusa para taparnos la boca, pero no lo van a conseguir”, señala el vicepresidente de UDMR, Marko Bela. La mayoría de los magiares de la ciudad cree que el Gobierno tiene que ceder y reconocer el derecho “a que nuestros hijos pueden aprender medicina u otras disciplinas en nuestra lengua”, apunta Marko Bela.