Parientes totalitarios (III). Por Paco Soto

“Equivocarse es propio del hombre, pero perseverar en el error sólo del necio”

Cicerón

En España, los militantes comunistas del PCE y otros grupos de izquierda que sufrieron la cárcel y la tortura durante el franquismo justificaron los crímenes de Stalin y Mao Tsé Tung, la opresión de los países de Europa del Este por la URSS o la invasión de Hungría y Checoslovaquia.

Un aspecto especialmente trágico del comunismo en sus diversas variantes es que muchos comunistas que creyeron de buena fe en los ideales del marxismo leninismo, sacrificaron sus vidas y murieron bajo las balas de otros totalitarismos, también mataron o fueron asesinados por sus propios compañeros en numerosas purgas sangrientas. Quiero aquí destacar que la sinceridad y honestidad de muchos comunistas y su condición de víctimas en guerras, conflictos y dictaduras en el siglo XX no invalidan la naturaleza totalitaria de la ideología comunista. Todos deberíamos saber que el camino del infierno está poblado de buenas intenciones. Estoy convencido de que muchos ciudadanos que abrazaron el nacionalsocialismo y el fascismo en Alemania e Italia antes de la Segunda Guerra Mundial, en una primera etapa al menos, no lo hicieron con el objetivo de exterminar a los judíos y sembrar el terror, sino porque detestaban el orden burgués dominante y buscaban una salida a los problemas que vivían sus respectivos países. En estos casos la subjetividad del individuo importa relativamente poco, lo que es realmente decisivo es el resultado del proyecto político puesto en marcha. Y se dan las circunstancias de que el resultado de sistemas políticos como el nazismo y el comunismo fue desastroso.

Un ejemplo realmente patético y dramático es el de la España de Franco, donde los militantes comunistas del PCE y otros grupos a su izquierda que se enfrentaron a la cárcel y la tortura durante el franquismo, al mismo tiempo justificaron los crímenes de Stalin y después de Mao Tsé Tung, la opresión de los países de Europa del Este por la URSS y la invasión de Hungría y Checoslovaquia por tropas soviéticas y del Pacto de Varsovia. Defendieron sin rechistar la propaganda y las mentiras de los regímenes del ‘socialismo real’, mintieron y manipularon a sus simpatizantes. Los pocos que resistieron a tanta miseria fueron expulsados de las filas comunistas, perseguidos y, sobre todo antes de la muerte de Stalin, eliminados físicamente. Esa infamia pesa todavía como una losa sobre las espaldas de los ancianos dirigentes y militantes comunistas que siguen vivos en España. En el caso español, la naturaleza de víctimas del franquismo de los comunistas no puede ocultar que esos hombres y mujeres, directa o indirectamente, por acción u omisión, tienen su parte de responsabilidad en las barbaridades cometidas por las dictaduras comunistas en Europa y otros continentes y en el seno del propio PCE y otros grupos.

 

Sobrevivientes del naufragio comunista

La muerte de Stalin y el XX Congreso del PCUS, en 1956, en el que Nikita Kruschev condenó el “culto a la personalidad” del dictador soviético y los “excesos” del estalinismo, dividió profundamente al movimiento comunista, pero no provocó ninguna autocrítica sincera ni reflexión política y filosófica de calado sobre los fundamentos del sistema político ideado por Marx y Engels en el siglo XIX, y puesto en práctica por Lenin y los bolcheviques en la Rusia zarista a partir de 1917. En los años 60 del siglo pasado, el movimiento comunista fue perdiendo poco a poco fuerza e influencia, entró en decadencia, se dividió en mil sectas y capillas. Los países del ‘socialismo real’ se hundieron como un castillo de naipes en 1989, la URSS dejó de existir y los partidos comunistas desaparecieron o se transformaron en socialdemócratas.

China no abandonó la dictadura comunista, pero la compagina con un capitalismo neoliberal sin tapujos que le ha permitido convertirse en pocos años en la segunda potencia mundial. Sobreviven del naufragio comunista la Cuba de los hermanos Castro, Corea del Norte y Vietnam, y algunos regímenes de corte autoritario y populista, como el venezolano, intentan imitar aspectos políticos y económicos del comunismo y también del fascismo. En los países capitalistas, dentro de la izquierda, sobreviven algunos partidos comunistas, que son sectas que no han sabido o podido romper con el pasado y añoran tiempos pretéritos de revoluciones que fueron inteligentemente manipuladas por los totalitarios y dictaduras del proletariado que machacaron sin piedad a los trabajadores. Es el caso del PCE en España, un partido que si en la transición democrática hizo gala de altura de mira y gran inteligencia política, en la actualidad es un grupo político residual y replegado sobre si mismo que nutre a Izquierda Unida de dogmas petrificados por el tiempo y barnizados con los colores de un trasnochado republicanismo verbenero.