El presidente de Hungría dimite por plagiar su tesis doctoral

Paco Soto – Varsovia

El experto búlgaro Nikolaï Georgiev pudo establecer que 180 de las 215 páginas la tesis doctoral del presidente húngaro, Pál Schmitt (en la fotografía), habían sido plagiadas.

El presidente de Hungría, el conservador Pál Schmitt, de 69 años, anunció ante el Parlamento que dimitía de su cargo tras haber sido acusado de plagiar su tesis doctoral sobre la historia de los juegos olímpicos. El escándalo salió a la luz pública después de que la revista HVG publicara una información, el pasado mes de enero, en la que afirmaba que gran parte de la tesis doctoral de Schmitt fue copiada de diversas fuentes. El experto búlgaro Nikolaï Georgiev pudo establecer que 180 de las 215 páginas del trabajo académico habían sido plagiadas. Por este motivo, la Universidad Semmelweis de Budapest abrió una investigación y el pasado 29 de marzo decidió retirarle el título al jefe del Estado. La dirección del centro universitario consideró que el trabajo doctoral no se ajustaba “ni a los métodos científicos ni éticos”.

Antes de dimitir, el presidente húngaro, que es un antiguo atleta y un ex campeón olímpico de esgrima que fue presidente del Comité Olímpico de su país, recibió presiones políticas y mediáticas para que abandonara el cargo. Fiel colaborador del primer ministro y líder del partido de centro derecha Fidesz, Viktor Orban, Schmitt dijo que dimitía para no dividir a su país. “Según la Constitución, la persona del presidente debe representar la unidad de la nación húngara y ahora, mi persona, desgraciadamente, se ha convertido en sinónimo de división. Siento que mi deber es marcharme de mi puesto”, manifestó el jefe del Estado. Viktor Orban apoyó al presidente Schmitt hasta el último momento, pero no pudo evitar su dimisión. Los partidos de la oposición se felicitaron por la decisión del primer mandatario de Hungría, porque, en su opinión, su permanencia en el cargo hubiera dañado la imagen del país centroeuropeo. El presidente del MSZP (socialista), Attila Mesterházy, declaró que la decisión de Schmitt “la estaba esperando el país entero desde hace varios días”.

 

Un hombre de Orban

El Fidesz propondrá a un nuevo jefe del Estado, que para ser elegido tendrá que tener el apoyo de dos tercios del Parlamento, lo que no será ningún problema, porque el partido de Orban tiene mayoría absoluta en la Cámara baja. Los socialistas sugirieron a Orban que proponga a la presidencia a Laszlo Solymon, que ocupó el cargo entre 2005 y 2010 y es conocido por su independencia política, profesionalidad e integridad moral. Solymon no dudó en rechazar la firma de leyes adoptadas durante el Gobierno de Orban porque no le parecían constitucionales. Pal Schmitt fue elegido por el Parlamento controlado por el Fisdesz en junio de 2010, poco después de la victoria de Viktor Orban en las elecciones legislativas. En esa ocasión, Orban definió a Schmitt como “el mejor candidato al puesto de presidente”.

El primer ministro conservador consiguió con esta elección tener en la jefatura del Estado a un fiel aliado que no le ha puesto ninguna traba en su polémica estrategia política. La dimisión de Schmitt desestabiliza aún más a Hungría, que desde hace más de un año está bajo una estrecha vigilancia de la Unión Europea (UE). Bruselas tiene razones de sobra para estar preocupada por la política que lleva a cabo el Gobierno de Budapest. Orban, que tiene un gran apoyo social y electoral, ha aprobado leyes que limitan la libertad de expresión en los medios de comunicación y los sitúan bajo el control del Estado y colocan a la justicia en manos del poder ejecutivo. En contra de lo que recomienda la UE, Orban también ha aprobado medidas que restringen la autonomía del Banco Central húngaro del Ejecutivo.

El primer ministro húngaro consiguió que Hungría se dotara el año pasado de una Constitución de naturaleza autoritaria que aleja al Estado magiar de los valores democráticos de la Europa comunitaria. En los últimos meses, tras las numerosas presiones recibidas por la UE, Estados Unidos y algunos organismos internacionales, Orban ha tenido que hacer algunas concesiones en materia de libertades públicas, pero no ha abandonado su estrategia de gobernanza autoritaria, en la que intenta ganar votos a la extrema derecha parlamentaria (el partido Jobbik), que tiene un apoyo electoral del 17%.

 

Rescate económico

Hungría, que se encontraba al borde del precipicio económico, tuvo que recibir un préstamo de 20.000 millones de euros del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la UE, para evitar la bancarrota. Los principales organismos económicos internacionales presionaron a Budapest para que llevara a cabo un drástico ajuste económico con vista a rebajar el déficit público y sanear las finanzas nacionales. Durante el comunismo, en los años ochenta del siglo XX, Hungría fue uno de los territorios europeos controlados por la URSS más prósperos. Los dirigentes comunistas, desafiando el dogmatismo económico de Moscú, liberalizaron la economía y adoptaron algunas prácticas capitalistas. El mayor nivel de bienestar atrajo a muchos emigrantes de otros países del campo socialista como Polonia.