Amenaza terrorista. Por Javier Fernández Arribas

Mohamed Merah, el asesino de Toulouse, en un video enviado al canal cataría Al Jazeera.

Nunca me podré explicar cómo se puede abducir la mentalidad de un joven para convertirlo en un asesino. Se han dado muchos casos en los últimos años que discernían de lo que estábamos habituados: la miseria como caldo de cultivo y cantera de terroristas o de grupos guerrilleros, como en América Latina. El terrorismo yihadista de Al Qaeda utiliza a jóvenes con nivel intelectual y económico medio y les entrena con una disciplina inexorable hacia el asesinato y el suicidio. El primer gran golpe suicida lo sufrimos el 11 de septiembre en Estados Unidos y después en Madrid. Posteriormente se han registrado distintos atentados indiscriminados donde el autor ya no tenía claro eso de ir a disfrutar del paraíso después de su acción violenta.

Es el caso de los jóvenes paquistaníes de Londres y ahora nos encontramos con el pistolero solitario de Toulouse, un “muyahidín” declarado, asesino de tres paracaidistas franceses, musulmanes de origen magrebí, y de cuatro personas judías, tres de ellas niños. Sobrecoge la frialdad y la crueldad con que cometía sus crímenes. Persiguió a una de las niñas judías para pegarle un tiro en la cabeza. ¿Qué clase de veneno tiene en las entrañas este joven para cometer, presuntamente, semejante atrocidad? No debemos eludir nuestra responsabilidad como sociedad occidental que no es capaz de evitar que jóvenes que han nacido entre nosotros, que han crecido y convivido con nuestros hijos, que disfrutan de una vida digna y normal sean proclives a escuchar las mentiras de unos dementes y seguir sus instrucciones fanáticas.

En Francia, es el caso más reciente pero también ocurre en otros países occidentales, el fenómeno de la inmigración se utiliza con demasiada facilidad en la pugna política para suscitar el espíritu nacionalista sin importar que se pueda alimentar el racismo y la xenofobia con resultados muy preocupantes. Sobre todo, porque en los momentos actuales de grave crisis económica y de aumento del desempleo, esos mensajes para ganar votos calan de una manera explosiva en el ánimo de aquellas personas sin trabajo, con pérdida de la casa, con depresión y falta de autoestima, y coloca en la diana del odio a seres humanos que luchan legalmente también por su derecho a disfrutar de una vida digna. La manipulación político electoral que se ha vivido en Francia es un ejemplo de lo que no se puede hacer por un puñado de votos y por mantener el poder. Eso se logra durante todo el mandato con decisiones coherentes.