Europa presiona a Ucrania por la suerte de Timoshenko

Paco Soto – Varsovia

Eugenia Timoshenko, hija de la ex primer ministro ucraniana, durante una rueda de prensa en Praga, el 30 de abril de 2012.

Ucrania se encuentra aislada y se enfrenta a la amenaza de un boicot político a la Eurocopa de Fútbol que este país organizará, junto con Polonia, entre el 8 de junio y el 1 de julio. Llueven las condenas contra el tratamiento judicial que está recibiendo la ex primera ministra del país poscomunista, Yulia Timoshenko, que después de llevar a cabo una huelga de hambre en la prisión de Járkov para protestar por los malos tratos a los que fue sometida por algunos funcionarios penitenciarios, decidió acabar con la protesta y fue ingresada en un hospital para ser cuidada por el médico alemán Lutz Harms. Esta fue la condición que puso Timoshenko para abandonar la huelga de hambre. Alemania lidera el frente pro-boicot a la Eurocopa de Fútbol 2012. La canciller Angela Merkel amenazó a Kiev con no asistir a la cita futbolística, si Timoshenko no es puesta en libertad y recibe un trato justo en su país, y aconsejó a sus ministros que hagan lo mismo.

Por su parte, el presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durão Barroso, anunció que no tiene intención de viajar a Ucrania para la Eurocopa. Además de Alemania, también se sumaron al boicot de la Eurocopa países como la República Checa, Austria, Italia, Holanda, Bélgica y Croacia y el Gobierno español, según dijo el titular de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, podría hacer lo mismo. El ministro de Asuntos Exteriores austriaco, Michael Spindelegger, comunicó que el Gobierno de su país ha decidido “mostrar su solidaridad” con Timoshenko absteniéndose de acudir a los partidos del torneo europeo. Después, el jefe de la diplomacia belga, Didier Reynders, aseguró que no viajará a Ucrania durante el evento futbolístico debido al “trato que se dispensa en la prisión a la líder de la Revolución Naranja”. La misma decisión adoptó el presidente croata, Ivo Josipovic.

Ante la amplitud que está tomando el movimiento de rechazo a las autoridades ucranianas, Kiev suspendió la cumbre que diversos Estados de Europa central y del este tenían que celebrar en Yalta (Ucrania) los días 11 y 12 de mayo, porque anteriormente a esta decisión, Alemania, Italia, Austria, Chequia, Eslovenia y Bulgaria decidieron que no asistirían a la reunión en señal de protesta por la situación de Timoshenko. El Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) hizo un llamamiento a los políticos europeos a boicotear la Eurocopa, para “no convertirse en comparsas del régimen”, según declaró su presidente, Sigmar Gabriel. Hasta el flamante primer ministro ruso, Dimitri Medvédev, calificó de “totalmente inaceptable” el maltrato sufrido por Timoshenko en la cárcel.

Al debate político sobre la situación ucraniana también se unió el mundo deportivo. El presidente de la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA), el francés Michel Platini, expresó sus “preocupaciones” por el respeto de los derechos humanos en Ucrania, y consideró que “no podemos aceptar una justicia selectiva y parcial”. Antes, el presidente del Bayern Munich, Uli Hoeness, había pedido a Platini que se posicionara sin tapujos frente al “autoritario” régimen de Viktor Yanukovich en Ucrania. En la misma línea, los eurodiputados Daniel Cohn-Bendit y Rebecca Harms exigieron a la UEFA y las federaciones nacionales de fútbol que denuncien “el clima político insostenible” en Ucrania.

 

Descontento polaco

Polonia, que se juega mucho en la Eurocopa, tanto desde el punto de vista económico como de imagen y prestigio, no se sumó al boicot del evento deportivo y no ocultó su malestar por la dinámica que lidera Alemania en el Viejo Continente. El presidente de Polonia, el liberal Bronislaw Komorowski, advirtió a los países de Europa Occidental que el boicot a Ucrania en la Eurocopa situará al Estado poscomunista bajo la influencia de Rusia y lo alejará de Bruselas. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Marcin Bosacki, consideró “injustificadas” las medidas de boicot. Los medios polacos apuntaron en la misma dirección. Para el periódico conservador Rzeczpospolita, “Ucrania cae víctima de políticos que no la quieren ver dentro de la UE.

El asunto de Timoshenko sirve también de pretexto para arremeter contra el gobierno (polaco) de (Donald) Tusk. Las declaraciones dramáticas de algunos políticos europeos anunciando su posición de boicot a la Eurocopa en Ucrania tienen un trasfondo mucho más complejo que la intención de ayudar a la ex primera ministra Yulia Timoshenko, que permanece encarcelada. El caso Timoshenko es utilizado por los políticos europeos que no quieren que se lleve a cabo el acuerdo de asociación entre Ucrania y la UE”. En un tono más sosegado, el rotativo de centroizquierda Gazeta Wyborcza señaló que “Polonia no debería estar en la vanguardia de los países que anuncian su boicot a Ucrania porque tal política contradice nuestro interés geopolítico. El único país que podría alegrarse de tal boicot es Rusia. Si Polonia quiere ser embajador de Ucrania en la UE no debe, sin embargo, hacer la vista gorda de lo que está pasando en ese país, y todo parece indicar que las medidas tomadas por el actual régimen ucraniano de cara a Yulia Timoshenko son una forma de revancha. Debemos decir la verdad a Yanukovich”.

En una línea muy crítica el prestigioso periodista polaco de Gazeta Wyborcza Adam Michnik, en un artículo publicado en el rotativo checo Hospodárské noviny, manifestó que “el presidente Yanukóvich ha puesto en peligro la independencia de Ucrania. No era difícil prever que el encarcelamiento y la tortura de Yulia Timoshenko iba a encontrarse con duras críticas de los países del Occidente democrático”. Michnik acusó al jefe del Estado ucraniano de ser “un político que destruye la imagen de su propio país ante el mundo y que, en contra de los deseos de gran parte de su población, sustituye la fuerza de los argumentos en el debate por los argumentos de la fuerza y está cavándose su propia tumba política. Más aún, está perjudicando a su propio pueblo. El pueblo ucranio no se merece esto”. “Por consiguiente –según Michnik-, la voz de la sociedad civil polaca es aún más importante. Los ucranios deben saber que Polonia defiende la libertad de Ucrania, y no a quienes pisotean esa libertad. Lo exige la tradición polaca, la dignidad polaca y los intereses del Estado polaco”. El líder del ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS), Jaroslaw Kaczynski, se apartó de la posición oficial polaca y pidió a los gobernantes de su país que “lideren la amenaza de boicot” contra Kiev.

 

Situación compleja

La trayectoria política de Yulia Timoshenko, que en 2004 lideró la denominada Revolución Naranja que acabó con el régimen pro-ruso y autoritario de Leonid Kuchma y aupó a la presidencia del país al opositor Viktor Yushenko, es más compleja que lo que reflejan algunos análisis simplistas de medios occidentales. Según estos medios, Timoshenko es una musa revolucionaria víctima del poder autoritario del presidente Viktor Yanukovich. Lo primero que hay que destacar es que la Revolución Naranja, aunque tuvo un verdadero carácter popular y se convirtió en paradigma de democracia para las repúblicas ex soviéticas, recibió mucho dinero de Estados Unidos y, en parte, fue instrumentalizada por poderes políticos y económicos occidentales que querían que Ucrania estuviera dirigida por políticos afines a sus intereses. El tandem Yushenko-Timoshenko fue la apuesta de Washington y Bruselas, que contaron con el valioso papel de intermediario del entonces presidente de Polonia Aleksander Kwasniewski.

Unidos durante un largo periodo, Yushenko y Timoshenko se pelearon. La ex primera ministra, que prometió apartar la política de los negocios, acabó sucumbiendo a las tentaciones del sistema oligárquico potenciado durante la etapa de Kuchma y se convirtió en una de las grandes fortunas del país gracias a la apropiación de una parte de los recursos energéticos. Así lo denunciaron diversas voces. En el ámbito estrictamente político, a Timoshenko no le falta legitimidad, porque consiguió 11,6 millones de votos (45,47% del escrutinio) en las elecciones presidenciales de enero de 2010, pero el ganador fue Viktor Yanukovich (12,4 millones de votos, un 48,95%), que lidera el poderoso Partido de las Regiones.

Sobre el juicio que mandó a la ex jefe de gobierno a la cárcel en agosto de 2011, hay que destacar que fue condenada por abuso de poder en la firma de un tratado gasístico con Rusia y no por su actividad política. En este sentido, aunque como señala el politólogo Volodymyr Fesenko, “el proceso contra Timoshenko no ha convencido a nadie”, porque la justicia ucraniana no es independiente del poder político, tampoco la defensa de la antigua líder revolucionaria pudo demostrar su inocencia o que hubiera sido objeto de una persecución, como sostiene la detenida. Europa tampoco tendría que olvidar, si quiere entender lo que está pasando Ucrania, que aunque es un país con un alto nivel de corrupción y donde la economía está en manos de clanes oligárquicos en muchos casos vinculados a grupos mafiosos, no es un territorio homogéneo desde el punto de vista político, social y cultural. Mientras el oeste industrializado es favorable a Rusia y apoya mayoritariamente a Yanukovich, el este, notablemente más atrasado, simpatiza con Timoshenko y no ve con buenos ojos a Moscú.

Es evidente de que la “oligarca arrepentida”, como llaman a Timoshenko algunos comentaristas, se ha convertido en el enemigo número uno del presidente Yanukovich. Algunos seguidores la abandonaron y se unieron al Partido de las Regiones, que es una especie de sociedad anónima donde el accionista principal es el oligarca Rinat Akhmetov, originario de Donetsk, la misma ciudad donde nació el jefe del Estado. Otro poderoso oligarca es Dimitri Firtach, el principal accionista e intermediario de la empresa gasística RosUkrEnergo. El clan familiar del presidente, encabezado por su hijo mayor, Alexendre Yanukovich, desempeña un papel clave en el Partido de las Regiones, y a ese núcleo se han acercado personajes como el gobernador del Banco Nacional, Sergueï Arbuzov. Según diversas analistas, la familia de Yanukovich controla la justicia y la administración fiscal.

 

Futuro incierto

Como afirma el periodista Roman Tsupryk, Ucrania se ha convertido en “una democracia controlada”, donde los oligarcas quieren acercarse a la UE, porque favorece a sus intereses, pero sin alejarse de Rusia. Asimismo, aunque cueste reconocerlo, Ucrania no es una dictadura como la vecina Bielorrusia, sino una democracia parlamentaria, y Yanukovich, a pesar de su talante autoritario, llegó al poder por la vía de las urnas y tiene un gran apoyo popular. Por ello, la estrategia impulsada por Alemania en Europa por el asunto Timoshenko, aunque le beneficie desde el punto de vista político, parece un tanto precipitada. No cabe duda de que el boicot de la Eurocopa 2012 sería un duro golpe político y económico para Ucrania, que ya está sufriendo las consecuencias de la paralización del tratado de asociación con la UE. Pero si el Viejo Continente sigue estirando la cuerda, ésta se podría romper, y no parece descabellada la hipótesis de que Ucrania acabaría en manos de Rusia.