Las tensiones sociales remueven los cimientos políticos de Rumanía

Paco Soto – Varsovia

Manifestantes rumanos protestan por la privatización del sistema de salud en Bucarest, el pasado 14 de enero.

Rumanía ha experimentado grandes cambios económicos, sociales y políticos desde la caída del régimen comunista, en 1989, y el proceso de modernización se ha acelerado desde que ingresó en la Unión Europea (UE) en 2007. Pero sigue siendo, junto con Bulgaria, el país más atrasado de la UE, el 40% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y la corrupción es escandalosa. Para hacer frente a la crisis, los gobernantes rumanos han aplicado duras medidas de austeridad que han provocado masivas protestas sociales e inestabilidad política. En los últimos dos años, 200.000 funcionarios han sido despedidos y el Gobierno ha rebajado el sueldo de los que siguen teniendo trabajo de un 25%, lo que ha tenido consecuencias sociales dramáticas en un país donde el salario medio es de 350 euros.

En este contexto, el pasado 6 de febrero, el Gobierno de centroderecha de Emil Boc, estrecho colaborador del conservador jefe del Estado, Traian Basescu, tuvo que dimitir, al no poder aguantar por más tiempo las protestas sociales que provocaron los recortes salariales y sociales exigidos por la UE, el FMI y el Banco Mundial a cambio de ayuda financiera. El Parlamento rumano respaldó en una votación de confianza la formación de un nuevo Ejecutivo de jóvenes conservadores y tecnócratas dirigido por el ex jefe del servicio secreto exterior, Mihai Razvan Ungureanu, que siguió con la misma política de austeridad. Ungureanu duró 78 días en el poder, porque el pasado 27 de abril una nueva moción de censura presentada por la oposición socialdemócrata y liberal derribó al ex agente secreto.

El socialista Victor Ponta sucedió al conservador Ungureanu con el objetivo de gobernar el país hasta las próximas elecciones generales de noviembre. Ponta prometió acabar con las injusticias sociales, una subida salarial de 26% y la rebaja del IVA en los productos de primera necesidad. También aseguró al FMI que Bucarest cumplirá con sus acuerdos en materia de política fiscal y controlará el gasto público. Los organismos internacionales temen que la llegada de Ponta al poder retrase “las reformas estructurales esenciales” que necesita Rumanía, pero algunos analistas aseguran que sus propuestas de mejoras salariales y sociales son meras promesas electoralistas.

 

Historia convulsa

Después de la Segunda Guerra Mundial, Rumanía quedó en manos de un régimen comunista dictatorial y la URSS. La llegada de Nicolae Ceausescu al poder, en 1965, acrecentó la naturaleza dictatorial del poder. Ceausescu impusló un intenso proceso de industrialización que acabó con la agricultura tradicional y un culto a su persona delirante. Mandó a destruir pueblos y ciudades enteras, como Bucarest, para hacer tabla rasa del pasado, y reprimió con dureza a los opositores. En el ámbito internacional, Bucarest se alejó de la URSS y se acercó a Estados Unidos y Occidente y a países socialistas como China y Corea del Norte. Ceausescu pagó religiosamente la deuda financiera que contrajo con Occidente a cambio de mantener a su pueblo en la miseria.

En diciembre de 1989, una revolución popular en buena medida alentada por sectores descontentos del Partido Comunista y los aparatos del Estado derrocó al régimen de Ceausescu. Tras una mascarada de juicio, el dictador y su esposa Elena fueron condenados a muerte y fusilados. La nomenclatura neocomunista se adaptó sin problemas a la economía de mercado y la democracia parlamentaria. La transformación económica que vivió Rumanía en los años 90 del siglo XX provocó enormes tensiones sociales, pero la democracia se consolidó, a pesar del alto nivel de corrupción y la desafección de más la mitad de la población al sistema parlamentario.

En los últimos años Rumanía se ha convertido en un mercado atractivo para las multinacionales, y es, junto con Polonia y Francia, el país preferido para los inversores españoles. Según el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), la inversión española en Rumanía se ha multiplicado por ocho entre 2004 y 2010.

 

Las medidas de austeridad hacen más daño que la crisis. Por Laurent Couderc.