Putin toma posesión como presidente con mano de hierro

Paco Soto – Varsovia

Vladimir Putin asumió nuevamente el cargo de presidente de Rusia el pasado 7 de mayo, en Moscú.

Vladimir Putin, tras haber ejercido dos veces como jefe del Estado y una vez como primer ministro, asumió el cargo de nuevo presidente de Rusia el pasado 7 de mayo en una ceremonia institucional en Moscú. Putin cumplirá un tercer periodo de seis años como mandatario tras cuatro años como jefe del Gobierno. Putin, que procede de la KGB (los servicios secretos soviéticos) y se ha caracterizado por una política autoritaria y de desprecio y represión contra la oposición, se enfrentó antes y después de la toma de posesión, en la que juró que “el único sentido que tiene mi vida es servir a la patria y a nuestra nación”, a numerosas protestas callejeras que acabaron con centenares de detenidos en Moscú.

El nuevo presidente, que ha gobernado Rusia desde el 2000, se enfrenta a una nueva situación política en la que una parte sustancial de la clase media urbana surgida al calor del desarrollo económico de los últimos años reivindica una verdadera democracia para Rusia en la que el poder ejecutivo esté bajo control del legislativo, la justicia actúe con independencia, la corrupción disminuya y los rusos sean tratados como ciudadanos de un Estado de derecho y no como súbditos de un poder autoritario con apariencia parlamentaria. Después de asumir la presidencia, Putin nombró a su antecesor, Dimitri Medvédev, primer ministro, en una sesión plenaria en la Duma (Parlamento), en la que 299 diputados votaron a favor de Medvédev y 114 en contra.

 

Primer ministro

El nuevo jefe del Gobierno, que en la época de presidente representó, al menos en las formas, una opción de relativa modernización política y social frente al despotismo de Putin, mostró su disposición al diálogo con la oposición y el conjunto de la ciudadanía. Putin elogió la figura de Medvédev, que es “un hombre experimentado, que busca las transformaciones y el desarrollo, en tanto que persona que quiere a su patria, Rusia”. En la misma línea trazada por el presidente, Medvédev hizo saber que el nuevo ejecutivo ruso impulsará la “modernización del país que ya se ha iniciado”. La cadena de televisión europea Euronews definió ambos nombramientos en Rusia en estos términos: “Sin sorpresas, la Duma ha aprobado en el cargo de primer ministro al ex presidente, Dimitri Medvédev. Un premio a su lealtad, durante los cuatro años que presidió el Kremlin, al que fue su mentor, el ahora presidente Vladimir Putin.

Un entendimiento que como el propio Medvédev ha dicho ‘va para largo’, en referencia a que tiene previsto encabezar el Ejecutivo hasta 2017. ‘Espero que, finalmente, nos concentremos en lo esencial: la voluntad de dejar a un lado nuestros desacuerdos y resolver los principales problemas del país’, ha dicho delante de una cámara poco entusiasmada. Sobre la composición del nuevo gobierno todo indica a que los hombres leales a Putin mantendrán sus carteras”. Así las cosas, el pasado 13 de mayo, miles de personas se manifestaron en contra de Putin en las calles de Moscú. La marcha contó la presencia de un numeroso colectivo de artistas, creadores e intelectuales, como los escritores Boris Akounine et Lumila Oulitskaia y el poeta Dmitri Bykov. Algunos diputados de Rusia Unida (RU), el partido de Putin y Medvédev, pidieron más “mano dura” contra las protestas de la oposición.

 

Cuestión bielorrusa

En otro orden de cosas, el presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, que ha sido criticado por la oposición de su país y diversos organismos internacionales por sus constantes violaciones de los derechos humanos, hizo un llamamiento al diálogo con la Unión Europea (UE), bloque al que calificó de “socio importante” de Minsk. En un discurso en el Parlamento, Lukashenko declaró que aunque Bielorrusia y la comunidad internacional “tienen opiniones diferentes sobre algunas cuestiones sociales, sin embargo, estas diferencias deben ser superadas a través del diálogo y las negociaciones, en lugar de mediante sanciones y prohibiciones”. Bruselas endureció las sanciones contra Bielorrusia y retiró en febrero de este año a sus embajadores de Minsk en señal de protesta por el acoso político y judicial que sufre la oposición en el ex país soviético.

Bielorrusia mantiene buenas relaciones con Rusia, pero su difícil situación económica y su aislamiento político obligan al régimen autoritario de Lukashenko, al que el ex presidente estadounidense George W. Bush calificó de “último dictador de Europa”, a estrechar los lazos con la UE. Lo único que pide a cambio el presidente bielorruso es que su país no se convierta en una suerte de colonia de las multinacionales occidentales. Por esta razón, Lukashenko dijo en el Parlamento: “Los que esperan sacar tajada de la privatización de Bielorrusia están perdiendo el tiempo”. El dirigente bielorruso, que tomó posesión de su cargo de presidente el pasado 21 de enero de 2011 por cuarta vez consecutiva, ganó unas elecciones el 19 de diciembre de 2010 que la oposición calificó de fraudulentas.