Los salafistas al asalto del Estado tunecino

Correo Diplomático – Túnez

Poniendo en jaque a las autoridades posrevolucionarias, los salafistas tunecinos multiplican sus manifestaciones exigiendo la proclamación de un Estado islámico.

La escalada de violencia verbal y física de las huestes salafistas en Túnez inquieta sobremanera a las autoridades del pequeño país magrebí y, por extensión, a Occidente. Durante las últimas semanas se multiplican los llamamientos a la muerte de judíos, laicos e infieles, así como las agresiones contra periodistas, artistas o militantes políticos. También se suceden las demostraciones de fuerza salafista, como la que tuvo lugar el pasado 20 de mayo en las calles de Kairuán, donde miles de personas salieron a las calles portando, entre otros, sables y uniformes militares sobre vestimentas afganas, a caballo incluso algunos de ellos. “La masa, deseosa de violencia, no cesó de proclamar eslóganes contra las nuevas autoridades tunecinas y occidente, al tiempo a se aclamaba incesantemente el nombre del difunto Osama Ben Laden”, destacó a Correo Diplomático un periodista tunecino sobre el terreno.

Para analistas y observadores, el auge del salafismo tiene mucho que ver con el control que esta corriente doctrinaria extremista del islam ejerce sobre un cada vez mayor número de mezquitas del país. Y es que prédicas incendiarias en los lugares de culto controlados por los salafistas son constantes. Ante tal estado de cosas, desde el portal de información tunecino Kapitalis.com se arremete contra el “laxismo cómplice” del Gobierno. “(Las autoridades) no han movido un sólo dedo para liberar las mezquitas conquistadas por elementos yihadistas o para neutralizar a los reclutadores de Al Qaeda, que envían a jóvenes de instituto, estudiantes o parados a hacerse explotar a los frentes de la yihad islámica”, asegura Kapitalis.com.

 

Advertencias, sólo advertencias

Según estimaciones de Interior, actualmente hay unas 400 mezquitas controladas por los radicales religiosos en todo el país. “Teniendo en cuenta que Túnez dispone de algo menos de 5.000 lugares de culto, al menos una de cada diez mezquitas a las que los tunecinos acuden diariamente a rezar se encuentra bajo influjo salafista”, asegura a Correo Diplomático un alto funcionario de la administración de Interior del país magrebí. “Y lo peor es que la influencia de los extremistas no ha cesado de aumentar desde que se produjo la revolución y el presidente Zine El Abidine Ben Ali fue derrocado”, concluye este funcionario, quien se lamenta de una política mucho más expeditiva de las autoridades al encuentro del salafismo.

Por el momento el presidente de la República, Moncef Marzouki, se ha limitado a comparar a los salafistas con la extrema derecha europea. “Es cierto que son peligrosos y que no hemos conseguido democratizarlos”, declaró recientemente ante los medios de comunicación de su país. Y añadió: “He recibido a los principales jefes salafistas y les he hecho saber que si utilizan la violencia la república se defenderá”. Por el momento y a la espera de una eventual acción más firme de los poderes públicos a su encuentro, los extremistas han hecho hecho oídos sordos de las advertencias del jefe de Estado, poniendo en jaque a la incipiente democracia tunecina.