Luces y sombras de la Eurocopa de fútbol

Paco Soto – Varsovia

El torneo de selecciones europeo supondrá la presencia de un millón de aficionados del mundo entero, pero sobre todo europeos, en dos países ex comunistas que hace tan sólo 20 años eran pobres, estaban aislados de la Europa más avanzada y salían de una larga dictadura.

Polonia y Ucrania han trabajado a contrarreloj para finalizar a tiempo los preparativos para la Eurocopa de Fútbol 2012, que arrancó el 8 de junio y finalizará el 1 de julio. El torneo supondrá la presencia de un millón de aficionados del mundo entero, pero sobre todo europeos, en los dos países ex comunistas, que hacen tan sólo 20 años eran pobres, estaban aislados de la Europa más avanzada y salían de una larga dictadura. Las ciudades polacas que son sedes de la Eurocopa, como Varsovia, Gdansk, Poznan, Wroclaw y Cracovia, han mejorado su aspecto considerablemente. Los alrededores del Palacio de la Cultura de Varsovia, donde se han instalado seis pantallas gigantes para que unos 100.000 hinchas sigan los partidos del campeonato, son desde hace días un hervidero de gente.

La capital polaca se ha llenado de banderas, carteles, flores y balones gigantes y miles de turistas extranjeros se pasean por sus principales avenidas. En toda Polonia, en los últimos cuatro años, se han construido 400 hoteles para el evento deportivo. Además, muchos colegios, institutos e internados han sido habilitados como hoteles. El torneo futbolístico ha servido para modernizar Polonia, con más de 200 proyectos de infraestructuras ejecutados por un valor superior a los 22.000 millones de euros, de los cuales 83 han sido cofinanciados en un 40% por la Unión Europea (UE). Sin embargo, pesan algunas sombras sobre la Eurocopa en Polonia, porque el país no ha conseguido finalizar las dos principales autopistas que tenían que unir Varsovia con las fronteras de Alemania y Ucrania y otras infraestructuras.

El propio presidente de la UEFA, Michel Platini, reconoció que “las condiciones no serán las que existieron, por ejemplo, en Alemania o Inglaterra”. Aunque los nuevos estadios están acabados y el flamante aeropuerto de Modlin, situado a unos 50 kilómetros de Varsovia, ayudará a descongestionar el aeropuerto Frederik Chopin de la capital, y se han modernizado unas 30 estaciones, la situación de los ferrocarriles polacos deja mucho que desear, y para recorrer en tren los 300 kilómetros que separan Varsovia de Gdansk, se necesitan más de cuatro horas de viaje, en lugar de las 2,5 previstas inicialmente. Las empresas españolas han desempeñado un papel clave en la modernización de Polonia de cara a la Eurocopa, sobre todo multinacionales como FCC, Ferrovial y OHL.

 

Un gasto astronómico

La situación de Ucrania, que es un país pobre y con un alto nivel de corrupción, es más complicada. El Estado postsoviético ha modernizado muchas infraestructuras, sobre todo viarias, y ha construido estadios y hoteles, pero los expertos temen que los beneficios económicos del evento deportivo europeo estarán lejos de compensar el costo astronómico de gastos. Según Erik Naiman, del grupo de inversiones Capital Times, Ucrania ha gastado 10.000 millones de euros en los preparativos de la Eurocopa, cuando los ingresos deberían alcanzar un máximo de 500 millones. Estos gastos constituyen una carga muy pesada para un país atrasado cuyo Producto Interior Bruto (PIB) por habitante apenas supera los 5.700 euros.

Ucrania esperaba un alud de inversiones privadas, pero llegó la crisis financiera y económica del mundo capitalista desarrollado en el año 2008 y golpeó con dureza al país, que en 2009 sufrió una caída del PIB del 14,8%. El capital privado sirvió esencialmente para la construcción y la modernización de los estadios en Donetsk y Járkov, dos de las cuatro ciudades organizadoras de la Eurocopa. El resto de los proyectos, como los trabajos en los estadios de Kiev y Lvov, la construcción de nuevas terminales en los aeropuertos de las cuatro ciudades organizadoras y la modernización de algunas carreteras debió ser financiado con fondos de los poderes públicos.

La dificultad para hacer negocios es otro grave problema en este país ex comunista, que ocupa la plaza 152 de la clasificación del Banco Mundial (BM), sobre un total de 183 Estados. El Estado se ha endeudado y tendrá que pagar 1.000 millones de dólares cada año sólo para cubrir los intereses de los préstamos durante un largo periodo de tiempo. Y “los sobornos pagados para la mayoría de los proyectos alcanzarían sumas importantes”, denuncia el analista Andrew Wilson, del Centro Europeo de Relaciones Exteriores de Londres. Además, según los expertos, el número de aficionados extranjeros esperado en Ucrania, estimado inicialmente entre 800.000 y un millón de personas, corre el riesgo de caer a la mitad debido a la subida desproporcionada de los precios de alojamiento durante la Eurocopa.

 

Boicot político y racismo

En el terreno político, pocas semanas antes del inicio de la Eurocopa, Alemania lideró a un grupo de países europeos para boicotear el torneo en señal de protesta por la detención de la ex primera ministra y líder opositora, Yulia Timoshenko, encarcelada tras haber sido condenada por un delito de abuso de poder en la firma de un tratado gasístico con Rusia. El boicot no se llevó a cabo, pero la imagen de la Ucrania del presidente Viktor Yanukovitch quedó muy deteriorada. Estados Unidos y la Unión Europea (UE) también han presionado a Kiev para que ponga en libertad a Timoshenko, que en 2004 encabezó la denominada Revolución Naranja, un movimiento popular y pacífico apoyado por Occidente que acabó con un gobierno pro-ruso autoritario y corrupto.

El temor a brotes racistas durante la Eurocopa en Polonia y Ucrania, después de que Sol Campbell, excapitán inglés, aconsejara a los aficionados negros a no viajar al torneo para evitar agresiones xenófobas en un reportaje emitido por la BBC, ha empañado también la imagen del acontecimiento futbolístico. Varsovia y Kiev protestaron por estas acusaciones y recordaron, como dijo el el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores ucraniano, Oleg Volochin, que “nosotros no tenemos violencia interétnica en nuestras calles, como ocurrió en París hace unos años o en Londres el pasado año”. El portavoz de la organización polaca del torneo, Mikolaj Piotrowski, señaló que “el problema de las patologías en los estadios, como la xenofobia o el racismo, es un problema específico de todos los países de Europa y no sólo de Polonia”.