ANÁLISIS. La primavera árabe un año después (I)

Por Abdalá Saaf*

Una consecuencia de la denominada "primavera árabe" ha sido el auge del islamismo político. ¿Cómo explicar esta victoria? ¿Qué pueden lograr en el curso de la legislatura?

I. La primavera árabe más allá del acontecimiento

¿Qué sentido reviste hoy la denominada “primavera árabe”? ¿Cómo explicar la victoria democrática de los islamistas? ¿Qué pueden éstos lograr en el curso de la legislatura? Un año después de la eclosión de la primavera, ¿qué lectura se puede hacer del proceso de protesta que ha estallado en el mundo árabe? ¿Hay que imputarlo a la lógica de los movimientos sucesivos de liberalización o endurecimiento de los sistemas políticos que han marcado la vida pública de los países concernidos durante los últimos tiempos? ¿Hay que imputar la explosión al freno del proceso de liberalización (fin de la experiencia del Gobierno de la Alternancia en Marruecos), a la rigidez del poder (Egipto), a los deseos de apertura no satisfechos (Argelia, Bahrein), o al refuerzo del autoritarismo (Túnez)? Con unas tendencias contrapuestas, transiciones inacabadas o situaciones inamovibles, sin perspectivas democráticas, lo que se identifica como “primavera árabe” no es otra cosa que un movimiento social. Conviene en cada caso distinguir entre el acontecimiento y sus dinámicas, no mezclando antiguas formas de protesta que se han venido a unir a las nuevas.

Los hechos relativos a la denominada “primavera árabe” se caracterizan, a la vez, por su dimensión política (crítica de las configuraciones institucionales, del autoritarismo / las protestas en Marruecos se desarrollan, precisamente, en aquellos lugares que son símbolo de la autoridad) y moral (crítica de la corrupción / libertinaje / vicio / mala gestión y/o gobernanza / desviación / no derecho / prevaricación / desreglamentación / deriva). La protesta reprocha a los gobernantes en liza la mala administración del país y el gestionarlo como si de un patrimonio propio se tratase. Además de lo político y lo moral, inscrito en el corazón mismo de los acontecimientos, se plantea la cuestión de lo social y lo económico. Pero, sobre todo, el objeto principal sobre el cual se articulan los movimientos de protesta por todo el mundo árabe alude, fundamentalmente, a las capacidades redistribuitivas de los sistemas en liza. Una parte del mundo árabe se ha visto agitada. La población no podía esperar más. Desde un cierto punto de vista, la explosión es considerada como la prolongación de la acción social pasada (asociaciones, sindicatos) basada sobre la acumulación de descontentos, en un contexto regional harto favorable a la contestación: la continuación lógica y natural de las luchas sociales más o menos visibles.

En Marruecos se trata de un contragolpe a los acontecimientos de Túnez y Egipto. El carácter emocional y reactivo llama la atención. El contexto ofrecía a ciertas fuerzas la ocasión de expresar sus emociones y orientaciones, como es el caso de Annaj Adimocratie (Vía Democrática, formación de extrema izquierda) y Al Adl Wal Ihssane (Justicia y Caridad, la principal organización islamista marroquí, no reconocida pero tolerada de facto por las autoridades). La espontaneidad, el carácter inesperado, imprevisto, del acontecimiento es siempre puesto de relieve. Aún así, ha habido un trabajo de organización dentro de la ausencia de organización. Numerosas dimensiones parecen haber sido preparadas, precedidas por la formación de los jóvenes (los movimientos son seguidos en tiempo real) y la puesta al día en técnicas defensivas. Corriendo el riesgo de desarrollar una visión “complotista”, cabe avanzar que la potencia americana ha jugado un rol fundamental en el desarrollo de este movimiento después del 11 de septiembre de 2001, pero sobre todo después de la debacle en Irak. ¿Por qué aceptar jugar el rol de enemigo de los “islamistas”? Los americanos eligen apoyar a dichos movimientos, apreciando en cada ocasión las especificidades de cada situación particular.

En Marruecos no había voluntad de cambio por parte del poder, sino de liberalizar más, de mejorar algunos cosas. La diferencia entre la defensa nacional (hacer pasar una ley) y la defensa local (hacer caer a un déspota local / sublevar a la gente contra una personal: el gobernador provincial, símbolo del sistema). Entre los logros que hoy se perciben, un año después de desatarse la primavera árabe, se revela la espontaneidad de la protesta, que se expresa como un derecho en toda la región. Se afirma como el derecho a estar muy enfadado, el derecho a la expresión incondicional de no satisfacción y de espera de una respuesta. Además, otras tres dimensiones merecen ser destacadas:

  1. Para el Magreb, el paisaje se ha decantado un poco: cambio en Túnez, incertidumbre en Egipto, inmovilismo argelino, cambio en la continuidad o cambio sin mutación en Marruecos, parálisis en Jordania.
  2. El proceso parece no haber terminado, la agitación está todavía en curso. En Marruecos, el movimiento del 20 de febrero comienza con varias alianzas y ha conocido en el curso de la última fase un divorcio /02 ha comenzado con varias alianzas, y a conocido en el curso de la última fase un divorcio rotundo, metarmofoseándose en varios segmentos.
  3. Además, el momento fuerte del 20 de febrero se ve sobrepasado con explosiones esporádicas tienen lugar aquí y allá, fuera del propio movimiento (Taza, Jenifra, El Jadida), sin él. Sabemos, no obstante, que los movimientos sociales son versátiles y que estos pueden volver con fuerza, contra toda expectativa.

 

* Abdalá Saaf es director del Centro de Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales (CERSS), presidente de la Asociación Marroquí de Ciencia Política, miembro la Comisión Consultiva para la Reforma de la Constitución en Marruecos y ex ministro.