ANÁLISIS. La primavera árabe un año después (II)

Por Abdalá Saaf*

El refuerzo islamista en Marruecos se debe en gran medida al modo en que instrumentalizan las manifestaciones de 2011.

II. ¿Cómo explicar la llegada en cabeza de la actual mayoría, en particular la victoria islamista?

La victoria de los islamistas se debe a la posición de los propios islamistas antes de la “primavera árabe”. En Marruecos, por ejemplo, hace años que los islamistas han formado una suerte de universo particular, y hoy parece que los diagnósticos del Estado al respecto han sido insuficientes. El Partido para la Justicia y el Desarrollo (PJD) disponía de su propia clase media a través sus asociaciones (11.000), mientas que en 2002 el número de estas era de apenas 600. Además, ciertos componentes del movimiento islamista fueron implantados en sindicatos y administraciones, y hoy en día están ampliamente controladas por Al Adl Wal Ihsanne. Los observadores han mantenido su foco de atención sobre los partidos políticos. Y durante todo este tiempo los dos movimientos islamistas habían logrado ampliar de forma considerable su influencia. Las últimas elecciones no hacen sino dar cuenta de este nuevo estado de cosas.

Pero el refuerzo islamista se debe también en gran medida al modo en el que los islamistas se comportan durante el curso de los acontecimientos en 2011. El uso que de estos han hecho, su instrumentalización, ha contado mucho, confortándolos en su posición. Pero también se debe a otros factores, que se desprenden de la lógica del nuevo estado de fuerzas profundas:

  • El debilitamiento del antiguo sistema, que reposaba sobre los notables. Una aproximación como la Iniciativa Nacional para el Desarrollo Humano ha contribuido al debilitamiento de los viejos soportes del Estado.
  • La politización limitada de la sociedad marroquí. La gente que reivindica y que está auténticamente politizada constituye una minoría. A menudo se trata de gente sin poder económico, de jóvenes parados, sin arraigo social, donde no se encuentra ausente un cierto analfabetismo político.
  • La cultura de base de la sociedad marroquí es islámica y el periodo de crisis favorece la emergencia de este fondo religioso, pudiendo dar nacimiento a toda suerte de populismos (de ahí el impacto, por ejemplo, del discurso del líder del PJD, Abdelilah Benkirane, tan apreciado por esta misma razón). Han sabido hablar a la gente en su propio lenguaje, quedando el programa en un segundo plano. La gente ha votado por valores que no ha encontrado en otra parte (serio/creíble/verdadero/derecho). La transición política no se ve acompañada de una transición cultural. Al contrario, asistimos a un refuerzo del sistema de valores tradicionales.
  • El debilitamiento de la formación política, el debilitamiento de los partidos, hace a la gente más receptiva al encuentro de ciertos discursos. En periodo de crisis no existe necesidad de justificar la religión. Ella se impone por sí sola. Además, la alternativa islamista es virgen y no ha gobernado nunca de forma efectiva. El ejercicio islamista del poder ejecutivo se lleva a cabo por vez primera.
  • Una cierta decepción de experiencias pasadas.
  • La apropiación del voto por un electorado proclive al cambio es otro elemento de explicación. Una gran parte de la población quería un cambio (burguesía, medios de negocios, elementos de la izquierda). Se trata para estos todos de un voto de sanción.

 

* Abdalá Saaf es director del Centro de Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales (CERSS), presidente de la Asociación Marroquí de Ciencia Política, miembro la Comisión Consultiva para la Reforma de la Constitución en Marruecos y ex ministro.