ANÁLISIS. La primavera árabe un año después (III)

Por Abdalá Saaf*

A pesar de la euforia vertida, no parecen plausibles resultados milagro del islamismo marroquí al frente del Gobierno, e incluso su margen de maniobra parece limitado.

III. Perspectivas de la gobernanza islamista

Varios escenarios aparecen en perspectiva:

  1. Un enraizamiento popular, a imagen del que se ha conocido en otras partes del mundo, como en Sudan o en Palestina con Hamas, con fondo de movimiento daâoui (predicación de la palabra religiosa). La matriz del Partido para la Justicia y el Desarrollo (PJD), el Movimiento para la Unicidad y la Reforma (MUR), se activa para hacer vivir a amplias categorías sociales de Marruecos al ritmo de la religión. Esta hipótesis es muy específica como para poder constituir una perspectiva creíble en todo el contexto magrebí. Y hay un equilibro general que los islamistas no pueden ignorar. Cuando hablamos de agenda islamista secreta, existe una cierta exageración.
  2. Es muy posible que después de una o dos legislaturas de práctica del poder se produzca una normalización del islam político y su integración total y completa en el paisaje político.

En un contexto en el que prevalece la crisis, la ayuda internacional condicional se hará – quizás – rara, sin hablar de los bloqueos y disfunciones con los que habría encontrado cualquier otro Gobierno. Tampoco parecen plausibles los resultados milagro y el margen de maniobra parece limitado, incluso si integramos en la evaluación la posibilidad de inversiones islámicas o la apertura de la frontera entre Marruecos y Argelia…

Desde el punto de vista del poder del Estado, en un país como Marruecos, el PJD parece que debiera tomar la responsabilidad de negociar con la sociedad las reformas, soluciones, medidas a tomar, los paliativos… al menos en esta fase crítica. Como se trata de “partidos de orden”, en medio de la tempestad, aseguran una función de estabilización.

Para el conjunto del movimiento islamista, la llegada de una componente islamista de peso va a permitir proceder a un “blanqueo” de las alas más radicales del movimiento (Salafiya Islamiya, Salafiya Harakiya, Salafiya Yihadiya, Salafiya Islahiya) o al menos una moderación de estas. Es harto plausible que la etapa del PJD se traduzca en una moderación del ala islamista.

En relación con la política de regionalización, cuyas condiciones de implementación son conocidas, con un más que probable nuevo impulso a la política de descentralización, se van a operar, en principio, numerosas transferencias del centro hacia lo local. E incluso los movimientos de protesta deberán revestir un carácter local, sin que por ello la contestación nacional cese, si bien ésta permanecerá limitada. Pero, ¿puede el Estado ir más lejos, hacia las unidades de base? ¿Puede delegar en los poderes locales? ¿Qué se dará a la gestión a los niveles local y regional?

Los nuevos gobernantes parecen querer jugar la carta de la lucha contra la corrupción, atacando los aspectos morales de la gestión de los asuntos públicos. Pero incluso aquí su margen de acción es limitado. Una campaña de limpieza aportaría, ciertamente, un alivio psicológico a la esfera pública. La puesta en marcha del maâquoul (lo serio), del funcionamiento sano, constituirá un activo mayor para la nueva gestión. Su margen de maniobra es, con el capital de confianza apreciable del que parecen beneficiarse hasta ahora, no es ilimitado. Puede empezar por moralizar a los sectores más sensibles… Por tanto, su misión principal consistirá en dar un poco más de dignidad a la gente. Así, parece tomar sentido la orientación que confieren a las políticas públicas sociales (empleo, sanidad) y que podrán traducir en medidas concretas, a través de leyes de finanzas sucesivas de la presente legislatura.

Más allá, ambicionan contribuir de modo eficaz al desarrollo del país, elevar la tasa de crecimiento, hacer venir nuevas inversiones… Pero los márgenes de maniobra en términos de políticas públicas parecen también, a priori, limitados. Estos partidos parecen condenados al pragmatismo: deberán gestionar concretamente las inversiones, las huelgas, el turismo, el empleo, determinadas políticas públicas… Y es aquí donde aparecen varios lugares de observación privilegiados:

  1. La puesta en obra democrática de la constitución, que probablemente va a sobrepasar la relación de fuerza traducida por la propia carta magna.
  2. El estratégico y el no estratégico (políticas públicas).
  3. La moralización = como noticia.
  4. La moralización = como fuente de políticas públicas.

 

* Abdalá Saaf es director del Centro de Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales (CERSS), presidente de la Asociación Marroquí de Ciencia Política, miembro la Comisión Consultiva para la Reforma de la Constitución en Marruecos y ex ministro.