Un grupo de punk ruso se enfrenta a siete años de prisión

Paco Soto – Varsovia

Las ‘Pussy Riot’ durante un momento de la actuación en la catredral ortodoxa de Moscú que les ha supuesto la cárcel.

Un grupo de punk femenino ruso, ‘Pussy Riot’, se enfrenta a siete años de prisión por haberse atrevido a actuar en la catedral ortodoxa de Moscú, según dictaminó el tribunal que juzga a las artistas, el pasado 20 de junio. Las tres músicas, Nadejda Tolokonnikova, Maria Alekhina y Ekaterina Samutsevitch, que se encuentran en prisión, cometieron el delito, según la justicia rusa, de haber organizado una “oración punk” en un recinto religioso durante la cual atacaron al actual jefe del Estado, Vladimir Putin. En un país como Rusia, donde el sistema político es de corte claramente autoritario, aunque revista formas democráticas parlamentarias, es un atrevimiento que se paga muy caro. El tribunal moscovita que juzga a las tres músicas decidió mantenerlas en situación de detención provisional hasta el próximo 24 de julio.

Según declaró un miembro del comité de apoyo al grupo ‘Pussy Riot’, “están en prisión porque se atrevieron a cantar cosas como ‘Madre de Dios, expulsa a Putin’. El poder no puede tolerar estas cosas”. Pero no todo el mundo en Rusia comparte esta opinión, sobre todo entre los sectores cristianos ortodoxos conservadores. Vladimir Sergueiev, militante ortodoxo, considera que la justicia rusa está siendo muy clemente con las tres artistas del grupo punk. “Antes de la revolución (la de 1917 que lideró Lenin), nuestra justicia imperial condenaba a trabajos forzosos a las personas que habían cometido delitos como insultar a la religión. La justicia pensaba con buen criterio que era mucho mejor que la persona condenada pagara por sus actos en la vida terrenal, en lugar de sufrir eternamente en el infierno”, declaró Vladimir Sergueiev.

La élite intelectual rusa exige la puesta en libertad de este grupo punk. Más de un centenar de artistas, escritores, cineastas, directores de teatro e intelectuales han firmado una carta en la que sus autores señalan que “el asunto de ‘Pussy Riot’ compromete el sistema judicial ruso y daña la confianza (de los ciudadanos) en las instituciones”. “Hay que liberar a Nadejda Tolokonnikova, Maria Alekhina y Ekaterina Samutsevitch y zanjar este asunto”, piden los autores de la carta, entre los que se encuentran personalidades que hasta ahora no se habían manifestado contra el régimen ruso, como el compositor Leonid Dessiatnikov y el humorista Mijaïl Jvanetski. El grupo ‘Pussy Riot’ ya había actuado en lugares insólitos, como la Plaza Roja de Moscú, justo enfrente del Kremlin, en el metro de la capital rusa y cerca de una comisaría donde estaba detenido el bloguero opositor Alexeï Navalny.

 

Protestas contra el autoritarismo

Las grandes ciudades de Rusia, sobre todo Moscú y San Petersburgo, viven desde hace varios meses un fuerte movimiento de protestas contra el poder autoritario. La clase media urbana surgido al calor del crecimiento económico de la última década es la principal protagonista de estas protestas, en las que participan movimientos opositores de muy variada naturaleza, desde grupos democráticos de derecha e izquierda hasta ultraderechistas, comunistas nostálgicos del pasado soviético e izquierdistas muy radicales. Con la llegada de Putin a la presidencia por tercera vez, el poder ha decidido endurecer la represión contra los contestatarios, tanto en el ámbito policial como judicial. En este sentido, el Estado tiene en la cúpula de la poderosa Iglesia ortodoxa rusa a uno de sus principales aliados.