Polonia oculta la violencia contra las mujeres

Paco Soto – Varsovia

Según Urszula Nowakowska (en la fotografía), directora del Centro de los Derechos de las Mujeres, una polaca de cada seis es víctima de la violencia doméstica.

Polonia, desde que entró en la Unión Europea (UE), en 2004, ha experimentado un crecimiento económico considerable y presume de ser un país moderno. Los expertos internacionales hablan del “milagro polaco”, pero ese cambio esconde muchas miserias, y una de las más sangrantes es la violencia que sufren las mujeres polacas. Según Urszula Nowakowska, directora del Centro de los Derechos de las Mujeres, una polaca de cada seis es víctima de la violencia doméstica. Según las autoridades polacas, en 2008, hubo en el país 86.455 casos de violencia en el ámbito de la familia y la mayoría de las víctimas fueron mujeres. La situación no ha mejorado en los últimos cuatro años, según denuncian diversos colectivos feministas y organismos internacionales.

El Programa Nacional de Lucha contra la Violencia Familiar puesto en marcha en 2006 por varios ministerios “no ha dado resultados positivos, porque faltan medios, no hay voluntad política y la sociedad es mayoritariamente insensible a este problema”, comenta una militante feminista. En un artículo publicado en la web polaca en español PolskaViva con motivo del Día Internacional de la Mujer, su director, el periodista zaragozano Néstor Tazueco, dice: “Aquí, en Polonia, el 8 de marzo es un día bastante descafeinado… Tan sólo se regalan flores, tulipanes para ser más exactos”. Este periodista español buen conocedor de Polonia se pregunta: “¿Existe el maltrato de género en el país?

 

Muchas víctimas

Los datos hablan por sí solos: en España, en 2011, 66 mujeres fueron asesinadas en el ámbito familiar. En Polonia, que tiene 10 millones de habitantes menos que España, según Tazueco, fueron 150 las mujeres víctimas del machismo criminal. El director de PolskaViva señala que mientras “en España se ha aprendido que no hay que silenciar el problema, y los medios de comunicación se han concienciado para sacar a la luz hasta el último caso…, en el resto de Europa, se hace mutis ante este problema”.

Efectivamente, Amnistía Internacional (AI) denuncia que la violencia de género “sigue siendo invisible” en muchos de los antiguos países comunistas, como Polonia, Bulgaria, Rumanía, Hungría, Lituania, Estonia y Eslovenia, aunque también en Italia, Holanda, Grecia, Finlandia, Austria y Malta. En Polonia, la violencia machista no preocupa a casi nadie, excepto a unos pocos colectivos feministas y de derechos humanos, y los medios de comunicación no se hacen eco del dramático sufrimiento de las víctimas. La sociedad polaca “ignora o desprecia este grave problema”, asegura la activista Elzbieta Janicka.

 

Fuera de Europa

Quizá sea por este motivo que Polonia todavía no ha firmado la convención del Consejo de Europa para la prevención y la lucha contra la violencia a las mujeres, cosa que sí ha hecho un país musulmán como Turquía. Urszula Nowakowska está convencida de que la firma de esta convención dotaría a Polonia de un “cuadro jurídico completo y necesario para proteger las mujeres contra todas las formas de violencia”. La directora del Centro de los Derechos de las Mujeres envió una carta abierta al primer ministro, Donald Tusk -que a la sazón es líder de la gobernante Plataforma Cívica (PO, centroderecha)- en la que le recomienda la ratificación de la convención del Consejo de Europa. Tusk prometió que firmaría esta convención en un congreso nacional de mujeres, pero todo parece indicar que más de la mitad de la población polaca tendrá que esperar más tiempo para que en materia de lucha contra la violencia machista su país entre en la Europa del siglo XXI.

El propio ministro de Justicia, Jaroslaw Gowin, que representa el sector más conservador y clerical de PO, se opone a que Polonia se equipare a los países más avanzados de Europa, porque, a su juicio, las recomendaciones del Consejo de Europa son contrarias a “las tradiciones polacas de protección de la familia”. Gowin, que es un firme detractor del matrimonio entre personas del mismo sexo, considera que los “hombres polacos son buena gente”, aunque admite que el alcoholismo causa estragos en ellos y desemboca en mucha casos en violencia contra las mujeres. “El problema no es sólo el alcoholismo y la pobreza, sino sobre todo el dominio y el control que ejercen los hombres sobre las mujeres”, advierte Elzbieta Janicka. El Grupo Parlamentario de Mujeres, integrado en su mayoría por las diputadas de la gobernante PO, adoptó una resolución que respalda la ratificación por Polonia del convenio europeo contra la violencia machista. El grupo rechazó los argumentos del ministro de Justicia.

 

Ideología patriarcal

Según denuncian los colectivos feministas, desde el punto de vista jurídico, social y mediático, las mujeres polacas están completamente desprotegidas frente a la violencia machista, y la clase política, con la excepción del partido anticlerical y liberal Movimiento Palikot, no manifiesta ninguna preocupación al respecto. Para la diputada transexual del Movimiento Palikot Anna Grodzka, “la raíz ideológica y cultural” de la violencia doméstica está en “la cultura patriarcal y machista y el sometimiento de la mujer al hombre, que tiene en la Iglesia católica a su principal soporte y altavoz”. Cabe destacar que el propio Papa Juan Pablo II, considerado un héroe nacional en Polonia, solía decir que “cuando se habla de la familia, los derechos individuales no existen”. La situación de las mujeres polacas, en cuanto a derechos y protección, es bastante peor que la de sus vecinas checas, lituanas y ucranianas. Polonia está incluso por detrás de la ultraconservadora Hungría, que al menos se ha comprometido en cambiar la ley que persigue la violación, para castigar con más dureza a los culpables y proteger mejor a las víctimas.