La democracia rumana en peligro

Por Mircea Kivu*

Rumanía lleva años instalada en la inestabilidad, desde 2009, cuando el presidente Basescu impuso un gobierno apoyado por una mayoría que se basó en el voto de un partido, la UNPR, y un montón de tránsfugas, que provocó una gran inestabilidad política e institucional.

El presidente de la República de Rumanía, Traian Basescu, ha actuado con frecuencia de manera muy partidista, a favor del partido de centroderecha al que perteneció, el PDL, y ha perdido la oportunidad de ser un mediador en la política rumana, que es la función que le atribuye la Constitución. También ha hecho todo lo posible por limitar el papel del Parlamento y la justicia. Está claro, por lo tanto, que Basescu ha cometido errores graves en su presidencia, pero eso no justifica la manera en que ha actuado contra él la USL, que es la alianza gubernamental de socialdemócrata, liberales y un pequeño partido conservador, el PC. Esta alianza no es el resultado del voto popular sino de una serie de maniobras políticas de varias fuerzas parlamentarias para derrocar a Basescu y controlar las instituciones.

Esta estrategia liderada por el primer ministro socialdemócrata Victor Ponta y el liberal Crin Antonescu pone en peligro la democracia en Rumanía. La destitución de Basescu, porque violó la Constitución, me parece bien, porque de lo contrario el país hubiera vivido un periodo de inestabilidad hasta las elecciones presidenciales de 2014, pero lo que no comparto es la estrategia de la USL, porque es de naturaleza totalitaria. De todas maneras, también quiero dejar claro que, en mi opinión, la lucha política e institucional entre el presidente Basescu y el primer ministro Ponta es un combate de dos actores políticos que buscan el poder absoluto. Aquí no hay uno totalmente bueno y víctima y el otro totalmente malo y victimario. Este es el drama del asunto, porque los que salen perdiendo en esta batalla son el pueblo de Rumanía y sus instituciones democráticas.

 

Años de inestabilidad

Rumanía lleva años instalada en la inestabilidad, desde 2009, cuando el presidente Basescu impuso un gobierno apoyado por una mayoría que se basó en el voto de un partido, la UNPR, y un montón de tránsfugas. Esta situación provocó una gran inestabilidad política e institucional. De aquellos polvos vienen los lodos del conflicto entre Basescu y Ponta. El futuro político de Rumanía es incierto y la Unión Europea cree, y con razón, que el Estado de derecho corre peligro en mi país. Ponta ha viajado a Bruselas para tranquilizar a los socios europeos, pero estos le han dicho que tiene que hacer esfuerzos por dejar trabajar libremente las instituciones democráticas y la justicia.

Ponta se encuentra en una situación difícil, porque si se quiere mantener en el poder y gozar de la confianza de Bruselas, tendrá que hacer concesiones. No tiene otra alternativa. Si no lo hace, la situación política del país empeorará y podría degenerar en mayor inestabilidad institucional y social. Basescu, por su parte, lo tiene muy complicado, porque los sondeos muestran que una amplia mayoría de la población está a favor de su destitución. Y esa mayoría, muy probablemente, se reflejará en el referendum que se celebre el 29 de julio para validar o rechazar su destitución del presidente por el Parlamento. De todos modos, como dictaminó la Corte Constitucional, para que los resultados del referéndum sean válidos, tendría que votar al menos el 50% del electorado. El Gobierno de Ponta hizo todo lo posible por impedir la aplicación de esta norma, pero no lo consiguió.

Eso significa que si muchos electores de Basescu se abstienen, el referéndum será anulado. Y Basescu se quedaría como presidente, aunque tendría un margen de maniobra muy reducido para ejercer su mandato. Quiero decir por último que Ponta es un personaje de mucho cuidado. Es ambicioso, carece de escrúpulos y está dispuesto a todo con tal de mantenerse en el poder. Ponta es una creación de Adrian Nastase, un ex primer ministro socialdemócrata que está en la cárcel porque fue condenado por corrupción electoral hace poco. Nastase procede, como muchos dirigentes socialdemócratas, de la dictadura comunista de Nicolae Ceasucescu; es más, era un miembro activo del sector duro de la nomenclatura comunista.

Tras la caída de Ceausescu, de la mano de Ion Iliescu, Nastase se reconvirtió a la socialdemocracia y realizó una carrera política que lo catapultó a la jefatura del gobierno en el año 2000. Él mismo promovió a Ponta en la jerarquía del Partido Socialdemócrata. También fue el mentor de su tesis doctoral, que ahora sabemos que fue plagiada. Es un personaje corrupto, autoritario y sin principios y el mentor político del actual primer ministro.

 

* Mircea Kivu es sociólogo y colaborador habitual de Correo Diplomático