La dimisión del ministro del Interior aviva la crisis rumana

Piotr Kowalski – Budapest

El ya ex titular de Interior, Ioan Rus, renunció a su cargo para protestar contra las presiones “inaceptables” de políticos de la oposición, pero también de su propio partido, y defender su “honor”

La dimisión del ministro del Interior de Rumanía, Ioan Rus, que pertenece a la coalición gobernante Unión Social Liberal (USL) que dirige el socialdemócrata Victor Ponta, avivó la crisis política e institucional que atraviesa el país balcánico desde hace varios meses. Una semana después de la celebración del caótico referéndum que no consiguió derrocar al presidente rumano, el conservador Traian Basescu, porque la asistencia a las urnas no alcanzó el 50%, Ioan Rus renunció a su cargo para protestar contra las presiones “inaceptables” de políticos de la oposición, pero también de la USL, y defender su “honor”. Rus explicó en rueda de prensa que el origen de las presiones estuvo en el referéndum del pasado 29 de julio, que “organizamos lo suficientemente bien”. En este sentido, denunció las “críticas y presiones” después del voto popular del presidente Basescu y de quien lo sustituye de forma interina, el liberal Crin Antonescu, aliado del socialdemócrata Ponta.

La coalición gobernante puso en cuestión la validez de los resultados del referéndum, lo que creó un profundo malestar en algunos sectores de la USL y del propio Ejecutivo. La decisión de Rus interviene en el momento en que la Corte Constitucional (TCR) decidió aplazar hasta el próximo 12 de septiembre la decisión final sobre la validez del referéndum. Los magistrados del TCR exigieron al Gobierno de Ponta que verifique y comunique, antes de finales de este mes, las listas actualizadas que se utilizaron para la consulta popular, y Victor Ponta, que está en el punto de mira de la Unión Europea (UE), aseguró que el proceso de actualización se realizará de una manera transparente y legal. Por su parte, Antonescu manifestó que “en Rumanía tenemos un gobierno plenamente legítimo que sigue trabajando con todas sus instituciones”. Tanto la USL como la oposición de centroderecha capitaneada por el PDL, que apoya al presidente suspendido Basescu, declararon que respetarán la decisión del TCR.

 

Lucha por el poder

El referéndum que se celebró para ratificar la destitución de Basescu alcanzó el 46,24% de los votos, es decir casi cuatro punto por debajo del mínimo exigido por el TCR para validar el veredicto de las urnas. Teóricamente, con este resultado en la mano, Basescu, que fue suspendido por el Parlamento bajo la acusación de haber violado la Constitución y utilizado las instituciones para favorecer a la oposición de centroderecha, podría recuperar su cargo de jefe del Estado, aunque, según los sondeos, el 86% de los ciudadanos se opone a tal posibilidad. La decisión final queda en manos del TCR. Mientras, el país balcánico sigue presa de la inestabilidad institucional y política. La raíz del problema está en la encarnizada lucha por el poder que llevan a cabo Basescu y Ponta.

El primer ministro socialdemócrata, que no dimitió, como reclamó la oposición, a pesar de haberse demostrado que plagió su tesis doctoral, es un hombre ligado a dirigentes comunistas de la dictadura de Nicolae Ceausescu, como Adrian Nastase, que está en la cárcel por corrupción electoral. Se fijó el objetivo de derrocar a Basescu para afianzar su poder a través del control de las instituciones democráticas, lo que le valió una dura reprimenda de Bruselas. A pesar de tener a su favor el apoyo de una mayoría parlamentaria y de utilizar métodos autoritarios para gobernar, Ponta no logró domesticar al TCR, y el referéndum del 29 de julio no se convirtió en su gran victoria política contra Basescu. Por eso el propio jefe del Estado destituido aseguró que los rumanos habían “rechazado el golpe de Estado” de la USL el día de la consulta popular. El propio grupo de los Socialistas y Demócratas (S&D) del Parlamento Europeo , al que pertenece el partido de Ponta, afirmó que el referéndum rumano “no ha tenido ningún ganador”, y pidió “responsabilidad” a todas las fuerzas políticas” para sacar a Rumanía del atolladero.