Polonia y Lituania abren un conflicto en la UE (Análisis)

Paco Soto – Varsovia

Más allá de las divergencias políticas, muy ancladas en una convulsa historia, otro punto de fricción entre Varsovia y Vilnius es la existencia de una refinería de petróleo de la firma polaca PKN Orlen en territorio lituano, que ha causado graves problemas ecológicos.

Las relaciones bilaterales entre Polonia y Lituania, que son socios en la Unión Europea (UE) y la OTAN, viven una aguda tensión política desde hace meses. Las autoridades lituanas acusan a Varsovia de fomentar el “odio radical” contra los 25.000 lituanos que residen en territorio polaco, la mayoría en el noreste del país. La minoría lituana se queja de que su lengua e identidad cultural no son plenamente reconocidas por Polonia. Por su parte, Varsovia lleva tiempo protestando por el tratamiento que recibe la minoría polaca en Lituania, que son unas 250.000 personas (7% de la población lituana) asentadas en el ex país soviético desde el siglo XVI, cuando el Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania se unieron. La primera visita oficial que realizó recientemente el presidente de Polonia, el liberal Bronislaw Komorowski, a Lituania se llevó a cabo en un ambiente tenso. Los dos Estados ex comunistas comparten 103 kilómetros de fronteras comunes, están íntimamente relacionados por la historia, la cultura y la religión, pero sus relaciones son pésimas.

En 2010, el semanario European Voice definió las relaciones entre Polonia y Lituania como “las peores de Europa”. Los polacos de Lituania, que conforman la principal minoría del país y cerca de la capital, Vilnius, son el 60% de sus habitantes, se sienten discriminados y tienen dificultades para integrarse. Los polacos se quejan de que la única lengua oficial de Lituania sea el lituano, que es un idioma báltico y no eslavo, porque en muchos casos lo hablan con dificultad, y por eso algunos se consideran discriminados en el mercado de trabajo. Aunque existe un partido polaco, tampoco se sienten representados políticamente. La minoría polaca desea que su lengua materna sea idioma oficial del pequeño Estado báltico y reivindican el respeto a su alfabeto, que es diferente del lituano, pero esta petición fue rechazada por la Corte Constitucional y el Parlamento. Vilnius tampoco respeta la normativa europea que obliga a rotular en dos lenguas en los lugares donde las minorías constituyen el 20% de la población. Por su parte, Varsovia acusa al país vecino de haber cerrado escuelas donde se enseñaba el polaco y reducido las ayudas económicas a la minoría polaca.

 

La refinería de la discordia

Otro punto de fricción entre ambos países es la existencia de una refinería de petróleo de la firma polaca PKN Orlen en territorio lituano que ha causado graves problemas ecológicos. Oficialmente, Polonia, que controla el 84% de la refinería, se instaló en Lituania para ayudar al pequeño Estado báltico a independizarse energéticamente de Rusia, pero ante los numerosos problemas surgidos en los últimos años, ahora hace todo lo posible por vender la empresa a los lituanos. Polonia, que tiene 38 millones de habitantes, es visto por muchos de los 3 millones de lituanos como un país con aspiraciones imperialistas. Varsovia y Vilnius mejoraron sus relaciones tras el hundimiento del comunismo y la URSS, aunque vivieron momentos tensos, como cuando electos de origen polaco de la región de Vilnius reclamaron la autonomía de esa zona, y pensaron que la llegada a la jefatura del Estado polaco de Bronislaw Komorowski, que es de origen lituano, acercaría a los dos países. Pero los viejos demonios de un pasado salpicado de conflictos territoriales y agresiones militares no han desaparecido y Vilnius tacha a los polacos de “arrogantes”.

 

Potencia regional

Polonia, que vive desde hace varios años un extraordinario desarrollo económico y es el único país de la Europa poscomunista que puede aspirar a tener influencia política en la zona, quiere imponerse como una potencia regional. Frente a una Polonia que gana peso político y económico en la UE, la minúscula Lituania se defiende como puede, y ha hecho todo lo posible por frenar las restituciones de bienes confiscados a los polacos durante la era soviética. La mayoría de los lituanos son hostiles a su vecino, que es cinco veces más grande y 10 veces más poblado. Según un sondeo realizado en 2010 por el diario Lietuvos Rytas, el 50% de los lituanos se opone a que la minoría polaca pueda utilizar su propio alfabeto en los nombres, frente al 24% que está a favor. Otro sondeo reciente de la empresa delfi.lt señala que sólo el 8% de los lituanos cita a Polonia como su vecino preferido.