El hambre afecta a casi 900 millones de personas en el mundo

Clara García-Rabat

El hambre golpea a más del 12% de la población mundial

El hambre sigue siendo uno de los graves problemas que la humanidad no ha podido resolver, sobre todo en los países empobrecidos del denominado Tercer Mundo. 870 millones de seres humanos, el 12,5% de la población mundial, pasa hambre, según un informe sobre el periodo 2010-2012 hecho público en Roma el 9 de octubre por la FAO, la organización de la ONU para la agricultura y la alimentación. El estudio, que  se ha llevado a cabo en colaboración con el Programa Mundial de los Alimentos (PMA) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), destaca que la inmensa mayoría de las víctimas del hambre, 850 millones de personas, viven en países subdesarrollados. En el año 2009, la FAO aseguró que los hambrientos en el planeta habían superado la barrera de los 1.000 millones, pero un año después rebajó la cifra a 925 millones. Según diversos expertos, si los poderes públicos mundiales no toman medidas, el hambre seguirá extendiéndose en muchas zonas. La FAO reconoce, sin embargo, que  algunos países pobres han experimentado avances en la lucha contra el hambre en los últimos años. No obstante, el organismo de la ONU advierte de que los progresos se lograron con anterioridad al bienio 2007-2008, es decir antes de que estallara la grave crisis financiera y económica internacional, y teme que la reducción del número de hambrientos se frene.

Voluntad política

Así las cosas, el informe de la FAO señala que si hay voluntad política y medidas económicas y técnicas adecuadas, será posible alcanzar la meta fijada en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que busca reducir a la mitad el número de personas que pasan hambre para 2015. Por regiones, el número de hambrientos se ha reducido en el sureste y el este asiáticos, seguido por América Latina, mientras que en el África subsahariana ha habido avances pero a un ritmo inferior. Por el contrario, en el oeste de Asia se ha observado un incremento del número de personas malnutridas. El crecimiento económico sostenido en las últimas décadas ha sido positivo para la reducción del hambre pero no suficiente, porque, según los expertos, la existencia de estructuras políticas y sociales injustas ha entorpecido la erradicación del problema.