Un tribunal de Moscú deja en libertad a una de las cantantes de Pussy Riot

Evgueni Medvédev-Moscú

Pussy Riot

El Tribunal Municipal de Moscú ordenó la puesta en libertad de Yekaterina Samutsévitch, una de las tres integrantes del grupo de rock duro Pussy Riot condenadas a dos años de encarcelamiento por actuar con sus caras cubiertas con pasamontañas en la catedral ortodoxa de Cristo Salvador, en la capital rusa, y criticar a Vladinir Putin. El tribunal confirmó, sin embargo, la sentencia de prisión a las otras dos jóvenes del grupo, Nadezhda Tolokónnikova y María Aliójina, condenadas por “gamberrismo motivado por odio religioso”. Las tres cantantes se declaran inocentes de ese delito. Este proceso en apelación provocó un gran descontento entre los sectores opositores al Kremlin que se manifestaron a favor de la puesta en libertad de las tres componentes del grupo Pussy Riot. Yekaterina Samutsévitch decidió cambiar de abogado defensor, y su nuevo letrado, una mujer, convenció al jurado de que su cliente no había cometido ningún delito, porque no estuvo cantando en el templo ortodoxo moscovita. Sus dos compañeras no tuvieron tanta suerte y el jurado consideró que son culpables. “Desgraciadamente, no tengo esperanza de que nuestro caso sera reestudiado”, declaró María Aliójina, de 24 años, quien aseguró que “no somos ateas belicosas”. Anunció que “seguiremos hablando, aunque nos manden a Siberia”.

Aliado del poder

Con motivo de su 60 aniversario, Putin, que controla la Federación Rusa con mano de hierro, se mostró conforme con la condena a las rockeras de Pussy Riot, e hizo una firme defensa de  los valores tradicionales y nacionalistas, que tanto apoyo tienen en la poderosa Iglesia ortodoxa. Desde que hace dos décadas se hundió la URSS, esta institución ha ganado mucho terreno en la vida social y política rusa y es uno de los principales aliados ideológicos del poder autoritario poscomunista.