Los ultraortodoxos ocupan Moscú

Evgueni Medvédev-Moscú

Los ultraortodoxos se movilizan en las calles de Moscú

Los ortodoxos radicales se movilizan en las calles de Moscú desde hace un tiempo, y su influencia social ha aumentado notablemente, sobre todo desde que el patriarca de la poderosa Iglesia ortodoxa rusa, Cyrilo, se ha convertido en uno de los grandes aliados ideológicos y políticos del Kremlin. Los ultraortodoxos, en su afán por demostrar que son fanáticos y sectarios, se sienten fuertes y organizan concentraciones delante de la catedral de Cristo Salvador de Moscú. Están convencidos de que la religión cristiana ortodoxa está en peligro en Rusia, y piensan que es una necesidad organizar patrullas nocturnas en las calles de Moscú. No les importa incordiar, e incluso asustar a los ciudadanos. Leonid Simonovitch-Nikchitch, un periodista de ideas religiosas radicales y de poblada barba, cree que “tenemos que defender a la religión”, y piensa que las provocaciones de ciudadanos hostiles al fundamentalismo ortodoxo, como las rockeras del grupo Pussy Riot, condenadas a penas de cárcel por haber actuado en un templo religioso y atacado a Vladimir Putin, lo demuestran. Después de que unas activistas del grupo feminista ucraniano Femen serraran una cruz en solidaridad con sus “hermanas” moscovitas detenidas, los ultraortodoxos están envalentonados. “La guerra contra la ortodoxia empezó en 1917, cuando Lenin dio la orden de matar a los sacerdotes. Por otra parte, las Pussy Riot utilizan el lenguaje de los satanistas”, señala Leonid Simonovitch-Nikchitch. El periodista lidera un colectivo creado en 1992, la Unión de los que portan la bandera, que funciona con disciplina militar  y utiliza símbolos como puñales y calaveras. Sus miembros defienden un cristianismo integrista y están en contra del Estado laico. “El Estado laico, como el francés, me da miedo”, dice Ivan, uno de sus miembros, que es profesor en la universidad. El grupo Tsarebojniki es también ultraconservador, no reconoce la jerarquía eclesiástica rusa y defiende el lema “Ortodoxia o Muerte”. Ambos grupos ultras tienen en común el odio al zar Pedro el Grande, porque abrió Rusia a la influencia occidental, y defienden el restablecimiento de la monarquía. Odian la democracia parlamentaria y piden la canonización del zar Nicolás II, que fue asesinado por los bolcheviques en 1918. Su modelo de organización política es el de Ivan el Terrible, un zar que decía ser emisario de Dios en la tierra. Son antisemitas y están convencidos de que el ex presidente Dimitri Medvédev, que dio una imagen más liberal que Putin, es un “judío”. El grupo Georgievits, formado mayoritariamente por jóvenes, es menos radical, y pide el traslado del mausoleo de Lenin, que está en la Plaza Roja de Moscú, a otro lugar de la ciudad  menos vistoso.

Llamamiento

Ivan Ostrakovsky, que pertenece al colectivo Santa Rusia, asegura que “desde que hemos hecho un llamamiento a organizar patrullas nocturnas, muchos moscovitas han respondido positivamente a nuestro objetivo”. Este activista cuenta que unas 2.000 personas se han apuntado a la movilización ultraortodoxa nocturna. Los especialistas estiman que esos grupos radicales movilizan a unos pocos miles de personas en Moscú, pero están creciendo. Según el investigador  Nicolaï Chaburov, “el contexto les favorece, porque el patriarca Cyrilo, a diferencia de lo que hizo su predecesor, Alexis, favorece sobre todo las ideas de los ‘duros’ de la ortodoxia”. Leonid Simonovitch-Nikchitch está satisfecho de ese cambio de estrategia, porque, según ese activista religioso radical, “antes, la Iglesia apoyaba a los liberales. Hoy, apoya a los conservadores”.