El islamista Ghanuchi se quita la careta

Paco Soto, Mohamed Mestiri-Rabat-Túnez

Rachid Ghanuchi, a su llegada a Túnez el 30 de enero de 2011 tras 22 años de exilio

Rachid Ghanuchi, el líder del movimiento islamista tunecino Ennahda, ha demostrado a su pueblo y la comunidad internacional que no es ningún moderado. Todo lo contrario, Ghanuchi, que vivió en el exilio durante 22 años, es un islamista radical, intolerante y sectario. Es simplemente un político inteligente que utiliza un doble lenguaje. Cuando habla con Occidente, muestra una faceta  de hombre sensato y de diálogo; cuando se dirige a los sectores más conservadores de la sociedad tunecina, se expresa  sin tapujos,  y deja claro que considera que el islam es incompatible con la democracia y las libertades públicas. Un vídeo de ocho minutos grabado el pasado mes de febrero y difundido masivamente por las redes sociales árabes demuestra la verdadera cara de Ghanuchi, que tiene 71 años. Como titula el periódico económico marroquí L´Économiste, “Túnez: Ennahda desenmascarado”. En dicho vídeo, el líder islamista rechaza la democracia parlamentaria, porque cree que es un sistema político que no puede adaptarse a un país islámico como Túnez, y anima a los jóvenes salafistas de Ennahda, es decir a la corriente más radical del partido, a expulsar de las instituciones del Estado a los “laicos”, y, sobre todo, al “Ejército y la Policía, que no son seguros”. Ghanuchi quiere que los militantes y simpatizantes de su partido se tomen en serio la conquista de los aparatos del Estado y la sociedad, porque, según dice en el vídeo, no ha olvidado el ejemplo de Argelia, donde el Frente Islámico de Salvación (FIS) de Abasi Madani ganó las elecciones legislativas en 1991, pero no pudo gobernar porque los militares se lo impidieron. “Los islamistas eran más fuertes que en Túnez y los laicos más débiles, pero al final fueron eliminados”. Ghanuchi no es un extremista estúpido y sabe que para alcanzar el objetivo de Ennahda hay que ir poco a poco, sin quemar etapas ni asustar a los tunecinos. Por eso recomienda a los más exaltados de su partido que adopten un “discurso apacible” y sean “sabios” y “pacientes”. Queda claro que la moderación de Ghanuchi no es una actitud sincera, sino meramente táctica. La revelación de estas polémicas declaraciones ha colocado a  Ghanuchi en una situación incómoda, pero Ennahda, que gobierna Túnez en coalación con dos partidos laicos, no ha perdido los nervios, y sostiene que el vídeo es un “montaje” con frases “sacadas de contexto”. Desde su victoria en las legislativas, Ennahda asegura  que su intención no es aplicar la Sharía en Túnez, ni de revocar la legislación en materia de igualdad entre hombre y mujer, que es la más avanzada  del mundo árabe. Sin embargo,  los sectores opositores laicos afirman que el Gobierno  se muestra débil frente a  los grupos salafistas que tratan de imponer en la calle sus ideas ultraconservadoras. El diario Le Quotidien denuncia “el doble lenguaje de Ennahda” y Le Temps se interroga sobre la intencionalidad de los que han filtrado el vídeo grabado hace ocho meses.

Escándalo y descontento

El vídeo ha provocado un gran escándalo en Túnez, donde algunos sectores sociales y políticos llevan meses diciendo que Ennahda, aunque ganó las elecciones, no es un partido democrático, pero sí un peligro para la incipiente democracia tunecina. Los más pesimistas piensan que los países musulmanes están condenados a vivir bajo dictaduras pro-occidentales, como la de Zine el Abidine Ben Alí en Túnez, o sistemas políticos dirigidos por islamistas más o menos fanáticos. Muchos tunecinos están asustados, y tienen razón. En el vídeo, Ghanuchi declara que “los laicos, aunque minoritarios, controlan los medios y la economía, y la Administración, aunque está controlada por Ennahda, también está en sus manos”. Está bastante claro: el líder islamista quiere depurar el Estado de los laicos, y advierte que no se va a quedar con los brazos cruzados. También recurre al miedo al afirmar que el Reagrupamiento Constitucional Democrático (RCD), el partido del ex presidente Ben Ali, se está reconstituyendo. La oposición califica de “muy grave” el vídeo, y según dice Issam Chebbi, del centrista Partido Republicano, a la emisora Radio Mosaïque, las palabras del jefe de Ennahda “desacreditan las instituciones”. En declaraciones a la cadena de televisión francesa FRANCE24, el profesor universitario Salim al-Abyad apunta que “es lógico que Ennahda intente minimizar el impacto del vídeo y justificar su contenido, porque ha generado un fuerte debate”. Unos meses antes de que se celebren las próximas legislativas y en pleno proceso de redacción de la nueva Constitución por la Asamblea Constituyente (Parlamento), el vídeo es un arma de “batalla electoral”, piensa el sociólogo. El sector más radical de la oposición, formado por 75 diputados sobre un total de 217, ha firmado una petición reclamando la disolución de Ennahda, porque “jurídicamente”, esta formación “no cree en la democracia”

Tensión en Egipto

Por otra parte, en Egipto también ha crecido la tensión política entre los gobernantes islamistas y los aparatos del Estado heredados del régimen autoritario y corrupto de Hosni Mubarak. El presidente egipcio,  el islamista Mohamed Mursi, destituyó  al fiscal general del país, Abdelmeguid Mahmud, después  de la polémica absolución de altos cargos del anterior régimen de Mubarak acusados por la muerte de manifestantes. Según el texto difundido por la agencia egipcia, Mena, Mahmud ha sido nombrado embajador ante el Vaticano y será reemplazado de forma interina por uno de sus asistentes. El Partido Libertad y Justicia (PLJ, islamista), brazo político del movimiento los Hermanos Musulmanes  y formación a la que pertenecía Mursi hasta asumir la jefatura del Estado, pidió  a Mahmud que dimitiera si no era capaz de presentar pruebas suficientes para condenar a los ex altos cargos de Mubarak. El Tribunal Penal de El Cairo absolvió a 24 responsables del régimen de Mubarak acusados de estar implicados en la denominada  ‘batalla del camello’, entre el 2 y 3 de febrero de 2011, en la plaza Tahrir de la capital egipcia, durante la revolución popular que acabó con la dictadura. Fue uno de los episodios más dramáticos de la revolución egipcia,  cuando matones al servicio  del antiguo régimen apoyados por jinetes montados en camellos y en caballos intentaron disolver las protestas que se celebraban en la plaza Tahrir. En otro orden de cosas, el Parlamento egipcio entregó esta semana un primer borrador de la nueva Constitución, que es fruto de meses de intensas negociaciones entre liberales y conservadores. El primer esbozo constitucional reduce el poder del presidente, concede más prerrogativas al Parlamento y no incluye las propuestas ultraconservadoras en materia legislativa de los salafistas e instituciones como la Universidad al-Azhar. Pero no todo es de color rosa, y la ONG a favor de los derechos humanos Human Rights Watch denuncia que el artículo 5, en el capítulo sobre ‘Derechos y libertad’, no prohíbe la tortura.