Los islamistas acosan a Túnez

Mohamed Mestiri-Túnez

Los salafistas tunecinos se manifiestan en las calles de la capital

Los islamistas tunecinos quieren apoderarse de la calle y de todos los mecanismos políticos, sociales y económicos del país. Tanto Ennahda, que gobierna con dos partidos laicos, como los salafistas de Ansar al Charia (los partidarios de la ley islámica a rajatabla) y de Hizb ua Tahir (Partido de la Liberación) quieren acabar con las leyes liberales que Túnez aplicó en julio de 1957 tras conseguir la independencia de Francia. Los islamistas en el gobierno utilizan una estrategia moderada en las formas pero profundamente antidemocrática en la práctica. Quieren depurar los aparatos del Estado, sobre todo la administración pública, la Policía y las Fuerzas Armadas, y controlar la vida política y social del país. Los salafistas ocupan la calle y presionan a los laicos y los indecisos, y no descartan recurrir a la violencia para alcanzar sus objetivos. Moncef Marzuky,  presidente provisional de la república y  antiguo opositor al régimen de Zine El Abidine Ben Ali, y el líder de Ennahda, Rachid Ghanuchi, se reunieron con los dirigentes de Ansar al Charia para intentar calmar la situación, pero esta decisión creó un enorme descontento entre los sectores laicos del país magrebí. Estos sectores no se fían de Ghanuchi, porque consideran que es un lobo que se viste con piel de cordero, como demuestran algunas declaraciones suyas en contra de la democracia parlamentaria, los aparatos coercitivos del Estado y  los laicos. Ghanuchi utiliza la ambigüedad para no asustar a la población e ir extendiendo sus tentáculos por todo el país hasta alcanzar completamente el poder. Mientras, pide paciencia a los más exaltados de Ennahda y se pronuncia a favor de crear “nuestras propias cadenas de radio y televisión, escuelas, madrasas, asociaciones caritativas y universidades”. Ghanuchi y los suyos no defienden abiertamente la aplicación de la Charia, pero tampoco lo descartan completamente; prefieren introducirse paulatinamente en la sociedad y los mecanismos del poder político, porque saben que una ofensiva violenta provocaría el rechazo de un amplio sector de la población tunecina, y a lo mejor la intervención de los militares. Marzuki maniobra como puede para tener controlados a los supuestos islamistas moderados de Ennahda y a los radicales salafistas, pero algunos observadores temen que su prudencia acabe pasándole factura. Moderados y radicales del islam político quieren de distinta manera convertirse en árbitros de la situación política  de cara a la nueva Constitución que se está debatiendo y las citas electorales que se avecinan. En este contexto, miles de salafistas se manifestaron delante de un tribunal de Túnez para reclamar la liberación de las personas detenidas durante el ataque a la Embajada de Estados Unidos por un grupo de extremistas, el pasado 14 de septiembre. “Dios es grande” y “No a la ley antiterrorista”, fueron algunos de los eslóganes que gritaron los manifestantes. Los abogados defensores aseguraron que 87 personas fueron detenidas durante los ataques a la legación diplomática y una escuela estadounidenses. Estos actos violentos fueron la respuesta de los más radicales del islam político a la difusión de una película islamófoba en Estados Unidos.

Consenso político

Por otra parte, la clase política tunecina se reunió esta semana para consensuar el contenido y el calendario para adoptar la nueva Constitución en presencia del presidente Moncef Marzuki y del primer ministro, el islamista de Ennahda Hamadi Jebali. Más de 40 partidos se reunieron en el Palacio de Congresos de la capital, a  iniciativa de la Unión General de los Trabajadores Tunecinos (UGTT). El secretario general de este poderoso sindicato, Hucine Abessi, declaró al diario La Presse: “Hemos pensado que una fuerza tendría que surgir para lanzar una iniciativa con el objetivo de disminuir las tensiones y reunir en torno a una mesa a los protagonistas” del texto constitucional. Las tensiones entre las diversas fuerzas políticas son una de las notas dominantes en este proceso de negociación del nuevo ordenamiento constitucional tunecino. Tanto el partido del presidente, El Congreso para la República, como Ennahda no aceptan que el grupo Nidaa Tounés (El Llamamiento de Túnez) del segundo primer ministro de la transición, Béji Caïd Essebsi, esté incluido en este proceso, porque consideran que es un partido que reúne a los partidarios del antiguo régimen. Aún así, Marzuki hizo un llamamiento a la unidad para “garantizar los derechos y libertades” y evitar “la vuelta a la tiranía”. Para que el nuevo texto constitucional sea válido tendrá que haber sido aprobado por una mayoría de dos tercios de la Asamblea Nacional Constituyente.