Holande remueve el pasado colonial de Francia

Jean-Claude Dufour-París

Un grupo de ciudadanos rinde homenaje a todas las víctimas de la guerra de Argelia

El presidente de Francia, François Hollande, ha decidido tomar el toro por los cuernos y enfrentarse al doloroso episodio de la guerra de Argelia (1954-1962), que tanto sufrimiento provocó a los franceses y argelinos. El presidente galo  declaró el pasado miércoles en un comunicado oficial que “la República reconoce son lucidez” la “sangrienta represión” que “el 17 de octubre de 1961”, en París, costó la vida a “argelinos que se manifestaban por el derecho a la independencia”. “Cincuenta años después de esta tragedia, rindo homenaje a la memoria de las víctimas”, recalcó el inquilino del Palacio del Elíseo. Ese acontecimiento dramático echó por tierra el mito de que Francia es el gran defensor de los derechos humanos en el mundo, y en ese momento histórico demostró la faz criminal de una vieja potencia colonial en franca decadencia. El 17 de octubre de 1961, la Federación de Francia del Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino boicoteó el toque de queda aplicado a los norteafricanos residentes en el país y organizó en las calles de la capital gala una manifestación a favor de la independencia de Argelia. Miles de personas respondieron a este llamamiento. Antes, el FLN  llevó a cabo varios atentados terroristas contra miembros de las fuerzas de seguridad. En aquel momento la ultraderechista Organización Armada Secreta (OAS), hostil a la independencia de Argelia, también se caracterizó por sus numerosas acciones terroristas. La manifestación independentista fue reprimida salvajemente por la Policía. El balance fue de varias decenas de muertos y centenares de heridos y detenidos, que fueron recluidos en centros de internamiento. Según diversos historiadores, hubo entre 30 y 200 muertos. El responsable directo de esa matanza fue el prefecto de París, Maurice Papon, un ex colaboracionista del régimen de Vichy que fue responsable de la deportación de numerosos judíos franceses durante la segunda Guerra Mundial. Por encima del siniestro Papon estaban el presidente de la república, Charles de Gaulle, y el primer ministro, Michel Debré. Durante muchos años esa masacre fue silenciada por el poder y los medios de comunicación, pero a partir de los años 90 del siglo XX este terrible episodio de la historia de Francia fue llevado a la literatura, la investigación histórica, el ensayo político y más adelante el cine. En 1997, Papon fue condenado por complicidad en la comisión de crímenes contra la humanidad y muchos franceses descubrieron con tristeza la cara menos amable de su sistema político. El socialista Bertrand Delanoë, cuando llegó a la alcaldía de París, en 2001, hizo colocar una placa en homenaje a las víctimas en el puente de Saint Michel, donde murieron el mayor número de manifestantes. Los familiares de las víctimas y los sectores de izquierda que llevaban años pidiendo al Estado galo que reconociera su responsabilidad en ese trágico suceso, habían ganado una batalla política. Con su decisión, Hollande dijo que lo único que quiere es sacar a la luz un hecho que fue “ocultado en los relatos históricos”. Por su parte, el presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, lleva año exigiendo a Francia que pida perdón por los crímenes que cometió durante la guerra de Argelia. El 25 de octubre será debatida en la Asamblea Nacional (Parlamento) una proposición de ley de los senadores comunistas, que consagra el 19 de marzo de 1962 – el día que acabó la contienda- como una jornada de recuerdo de todas las víctimas. Una parte de las asociaciones de repatriados de Argelia rechaza esta propuesta parlamentaria.

Oposición de la derecha

El comunicado del Palacio del Elíseo provocó un profundo malestar en las filas de la derecha, pero también en un amplio espectro de la sociedad francesa, que 50 años después del final de la guerra de Argelia no ha asumido plenamente las consecuencias de ese terrible episodio histórico. Muchos franceses siguen pensando que su país actuó legítimamente durante la guerra y consideran que si Francia tiene que pedir perdón por los crímenes cometidos en esa contienda, Argelia también tiene que hacer lo mismo y admitir que el FLN mató a muchos inocentes. La existencia de un régimen autoritario y corrupto en Argelia y de sectores de extrema derecha muy virulentos en Francia  no juega a favor de un diálogo sosegado y honesto entre las partes históricamente enfrentadas. En este contexto, la derecha democrática expresó su extrañeza por la postura del presidente de la república. « No me esperaba una cosa así », dijo el diputado conservador de los Alpes Maritimes Éric Ciotti. Por su parte, el presidente del grupo UMP en la Asamblea Nacional, Christian Jacob, denunció el « intento de politizar la memoria de un periodo difícil de nuestra historia ». El secretario nacional de este partido, David-Xavier Weiss, condenó la decisión de Hollande, porque, a su juicio, el jefe del Estado « se somete a las exigencias del FLN ». En el polo opuesto se colocó el diputado socialista de las Bouches du Rhône, Patrick Menucci, quien acusó a la derecha democrática de hacerle el juego al ultraderechista Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen por motivos electorales. El alcalde socialista de Clichy, Gilles Catoire, se felicitó por el « reconocimiento de la tragedia del 17 de octubre de 1961 ».