Los salafistas marroquíes odian la cultura

Dunia Benjadra-Rabat

Los salafistas marroquíes se manifiestan en las calles de la ciudad de Salé

Los salafistas marroquíes, en su loca carrera por demostrar que son unos bárbaros intolerantes, sectarios e incultos, han decidido acabar con los vestigios más antiguos de Marruecos. Esta afirmación puede parecer una exageración, pero no lo es si nos atenemos a la denuncia que ha hecho una ONG del Alto Atlas, la Liga Amazir de los Derechos del Hombre (LADH). Según este colectivo, un grupo de salafistas destruyó unos grabados prehistóricos de 8.000 años de antiguëdad que fueron pintados en   unas montañas del Alto Atlas, una región culturalmente bereber. Según informó el diario marroquí As-Sabah, la LADH denunció que los extremistas destrozaron “unos grabados sobre piedra que representan el sol y fueron realizados hace 8.000 años. Uno de los grabados es denominado ‘la placa del sol’ y es anterior a la presencia de los fenicios en Marruecos. Se encuentra en un paraje arqueológico conocido como ‘la llanura de Yagur’, a 20 kilómetros del Tubkal, el pico más elevado del reino de Marruecos”. Para los islamistas más radicales y analfabetos, la representación del sol en un grabado prehistórico es un símbolo de idolatría contrario a la unicidad de Dios que proclama el islam. El movimiento berberista asegura que en esta región del país “hay algunos grupúsculos salafistas y no es la primera vez que atacan representaciones pre-islámicas. Hemos avisado al Ministerio de Cultura, pero no hemos recibido respuesta”. Esto no ocurre sólo en Marruecos, pues en Túnez, uno de los principales mausoleos sufíes, la zauia (santuario de una cofradía) Saïda Manubia, situado en la periferia de la capital del país, fue incendiado en la noche del lunes al martes de esta semana probablemente por un grupos de radicales del islam político.

Los budas de Afganistán

Hace más de 11 años, el  régimen talibán, en Afganistán,  acusado internacionalmente por pisotear los derechos humanos, llevó a cabo la destrucción de la herencia cultural del país, al derribar  las mayores estatuas de Buda del mundo, con 2.000 años de antigüedad. Los Budas de Bamiyan fueron dos monumentales estatuas talladas a los lados de un acantilado, en un valle del centro del país, a unos 230 kilómetros al noroeste de Kabul. Esas estatuas, situadas a 2.500 metros sobre el nivel del mar, representaban una clásica mezcla del arte greco-budista.