Gadafi ‘cumple’ un año muerto

Ahmed Chabi, Mohamed Mestiri-Rabat-Túnez

Muamar Gadafi martirizó al pueblo libio durante varias décadas

Libia celebra el primer aniversario de la muerte de Muamar Gadafi. Un año después de que el dictador libio fuera ejecutado por un grupo de rebeldes, su muerte sigue sin ser aclarada. Circulan muchas hipótesis al respecto, y la última que fue recogida por los medios de comunicación es que la muerte del dictador fue planificada por los servicios secretos franceses. La ONG estadounidense Human Rights Watch (HRW) culpó al Gobierno libio de no esforzarse por esclarecer la muerte de quien durante décadas martirizó a la población. “Las autoridades libias no han cumplido su compromiso de investigar la muerte del ex dictador de Libia, de su hijo Mutassim y otras decenas de personas que estaban bajo la custodia de fuerzas rebeldes”, señaló  un informe de HRW. El coordinador de Emergencias de la ONG, Peter Bouckaert cuestionó la versión oficial, que asegura que Gadafi murió alcanzado por disparos durante un enfrentamiento y no tras ser capturado por los rebeldes. La ONG también acusó a los combatientes antigadafistas de asesinar a más de medio centenar de hombres que iban junto a Gadafi el día en que fue interceptado a las afueras de Sirte. Para Bouckaert, “la ejecución de combatientes que han sido capturados constituye un crimen de guerra, y las autoridades civiles y militares libias tienen la obligación de investigar los crímenes de guerra y otras violaciones del derecho internacional humanitario”. Muamar Gadafi llegó al poder a través de un golpe de Estado que derrocó a la monarquía del rey Idris I, el 1 de septiembre de 1969. Durante su largo poder, promovió un sistema político dictatorial basado en una ideología ecléctica. A lo largo de su vida cambió mil veces de ideas y compaginó el socialismo revolucionario con el islam, el tercermundismo con el panarabismo y después   el panafricanismo, el nacionalismo con un cierto anarquismo,  y se inventó la ‘tercera teoría universal’. Construyó la Yamahiriya (poder de las masas), y aunque no asumió ningún cargo público, se le atribuyó el título honorífico de “líder de la Revolución” o “hermano líder y guía de la Revolución”. Gadafi escribió de su puño y letra el Libro Verde, donde quedan plasmadas sus extravagantes ideas políticas. También financió a terroristas de extrema derecha y extrema izquierda y a sindicatos y ONG de muchos países, entre los cuales está a España. El dictador se enfadó con varios dirigentes árabes, organizó atentados en el mundo y durante años fue considerado por Estados Unidos y Europa como el enemigo público número uno. Después, Gadafi cambió de bando y se hizo amigo de los principales líderes occidentales: George W. Bush, Tony Blair, Nicolas Sarkozy, José María Aznar… Titulado en Derecho, Gadafi empezó siendo un joven militar rebelde y anticolonialista y se fue transformado en un dictador demente y sin escrúpulos que compartió generosamente entre sus familiares y amigos el inmenso poder político y económico que acumuló. Desarrolló económicamente Libia gracias al petróleo e hizo venir a millones de inmigrantes del mundo árabe,  África y Asia. En una primera etapa, quiso ser el sucesor natural del líder egipcio Gamal Abdel Nasser,  intentó unificar Libia con Túnez, Argelia, Marruecos y Chad y soñó con ser protagonista dentro del Movimiento de Países No Alineados. En la década de los ochenta del siglo pasado, fue objeto de varios intentos de derrocamiento y Estados Unidos bombardeó Trípoli. En los noventa, pero sobre todo a partir de 2000, el enemigo de Occidente se transformó en un aliado estratégico de los mandamases del mundo rico. Gadafi permitió durante la década del 2000 la instalación de compañías  petroleras extranjeras en Libia e incrementó las relaciones políticas con Washington y los países europeos más importantes.

 Un final poco glorioso

Según cuentan algunos historiadores y analistas políticos, Muamar Gadafi tenía miedo de acabar como el dictador iraquí Sadam Husein, condenado y ejecutado. No murió exactamente de la misma forma, pero la última etapa de su vida no fue especialmente gloriosa. Las revueltas que empezaron a sacudir al mundo árabe hace dos años llegaron también a Libia a principios de 2011. Las protestas fueron duramente reprimidas y el conflicto acabó en una rebelión de gran envergadura que desembocó en una guerra en toda regla. Las tropas rebeldes, que contaron con ayuda militar occidental, lograron dominar gran parte del territorio libio en unos meses y ocuparon Trípoli el 22 de agosto de 2011. Gadafi tuvo entonces que huir a Sirte y crear desde allí un poder paralelo al del Consejo Nacional de Transición. Después de varias semanas sitiado, el dictador fue herido en combate mientras trataba de escapar. Finalmente, fue capturado por los rebeldes mientras trataba de escaparse y, según la versión oficial, se produjo un tiroteo y Gadafi falleció a causa de varios impactos de bala, el 20 de octubre de 2011. Un año después de la muerte de Gadafi, la situación en Libia no es precisamente estable. Desde el punto de vista militar, los partidarios del dictador libio siguen emboscados en el país y los enfrentamiento armados ente seguidores y detractores de Gadafi, como el que ocurrió hace unos días en la ciudad de Bani Walid, que se saldó con 11 muertos y decenas de heridos, no han desaparecido. El Estado libio tiene serias dificultades para imponer su autoridad a las bandas armadas de ex rebeldes que actúan por su cuenta y  los nostálgicos del antiguo régimen no han dicho su última palabra. En el ámbito político, la situación no es una balsa de aceite y el tira y afloja entre los sectores islamistas, conservadores moderados y laicos dentro de los aparatos del Estado son continuos. El país norteafricano está sin gobierno, porque el primer ministro, Mustafá Abuchagur, fue destituido de sus funciones por el Congreso Nacional General (Parlamento).  La Alianza de Fuerzas Nacionales (AFN) de Mahmud Jibril y el islamista Partido de la Justicia y de la Construcción procedente de los Hermanos Musulmanes estarían dispuestos a formar una alianza gubernamental liderada por una personalidad independiente para salvar al país del caos político. Mientras el país corre el peligro de deslizarse hacia el abismo, el Parlamento tiene ahora hasta tres meses para designar un nuevo primer ministro que consiga un ejecutivo de consenso.