La mano sangrienta de Bachar al-Asad ‘mancha’ a Líbano

Alfredo Muller, servicio especial para Correo Diplomático-Beirut

Un soldado libanés socorre a una mujer en el lugar del atentado terrorista en Beirut

Líbano ha vuelto a sufrir en sus carnes los zarpazos del terrorismo sectario. En este país árabe pluricultural y plurirreligioso que no está en guerra, pero tampoco en paz, se han cumplido una vez más los peores vaticinios. La explosión en un barrio cristiano de Beirut en la que fallecieron  ocho personas y 86 resultaron heridas, el pasado viernes, fue un atentado terrorista, según la Policía libanesa. Uno de los muertos es el general Wisam al-Hasan,  jefe de los servicios de información de las Fuerzas de Seguridad Interior (FSI). Era un hombre implacable en la represión de los grupos islamistas afines a Siria que investigaba la muerte del ex primer ministro Rafiq Hariri. Los daños causados por el coche bomba que explotó recordaron a muchos libaneses los peores momentos de la sangrienta guerra civil que destruyó el país entre 1975 y 1990. Pocas horas después del atentado, en varias ciudades libanesas, grupos de jóvenes musulmanes suníes salieron a la calle para expresar su cólera,  y tras la celebración del funeral del jefe de la Inteligencia de la Policía, cientos de personas se dirigieron a la sede gubernamental, en cuyos alrededores estallaron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Los manifestantes exigieron la dimisión del primer ministro, Najib Mikati. Saad Hariri, hijo de Rafiq Hariri, acusó directamente al dictador sirio, Bachar al-Asad, de haber teledirigido ese crimen de masas, aunque de momento ningún grupo lo ha reivindicado. Saad Hariri manifestó que Wisam al-Hasan fue eliminado porque “últimamente desveló el plan del régimen de Bachar al-Asad de llevar a cabo atentados y asesinatos en Líbano”. La oposición agrupada  en torno al Movimiento 14 de marzo exigió la dimisión del Gobierno, donde el partido chií pro-sirio Hezbolá desempeña un papel importante, porque “su mantenimiento ofrece una gran protección y cobertura a los criminales”, declaró el portavoz opositor Ahmad Hariri. La oposición acusó directamente de la muerte de Wisam al-Hasan a Nagib Mikati. “Acuso directamente a Bachar al-Asad de haber matado a Wisam al-Hasan, porque el régimen sirio es experto en asesinatos políticos”, dijo el dirigente druso Walid Jumblatt, un político muy crítico con Damasco. Nadim Gemayel también acusó a Siria del atentado. Hezbolá reaccionó condenando el atentado, lo mismo que hizo Siria por boca del ministro de Información, Omrane al-Zohbi, y consideró que los autores del crimen “intentan desestabilizar y dañar la unidad nacional”. El opositor Consejo Nacional Sirio denunció los “actos criminales que sin lugar a duda sirven a los intereses del régimen criminal de Bachar al-Asad y a sus aliados en Líbano”. Estados Unidos y Francia, que es un país europeo muy influyente en Líbano, también condenaron el atentado de Beirut. En la misma línea, el Consejo de Seguridad de la ONU reafirmó su “condena sin reserva de todo intento de desestabilizar a Líbano con asesinatos políticos”. Hasta la fecha, el conflicto sirio había tenido repercusiones en el  norte de Líbano y en zonas fronterizas con Siria, pero este golpe mortal en el corazón cristiano de Beirut podría significar una nueva etapa en la vida política interna y en las relaciones con Damasco.

El espectro de la guerra civil

El difunto Wisam al-Hasan averiguó que el partido  Hezbolá y Damasco fueron los autores del asesinato de Hariri. En el marco de esa investigación, el pasado mes de agosto fue detenido el ex ministro de Información libanés y hombre de confianza del régimen sirio en Beirut, Michel Samaha. La muerte del jefe de los servicios de información policiales, que era un musulmán suní estrechamente relacionado con la familia Hariri, despierta muchos miedos en Líbano, porque otros políticos y altos cargos temen por su vida, pero también porque el espectro de la guerra civil vuelve a aparecer. Muchos libaneses llevan meses preguntándose si el terrible conflicto político y armado que vive Siria no acabará por afectar a su propio país, que en otras épocas fue considerado como una suerte de Suiza del mundo árabe. Es una hipótesis que baraja la Casa Blanca. El Gobierno libanés adopta un principio de neutralidad frente al conflicto sirio pero las diversas fuerzas políticas mantienen un rifirrafe constante sobre esta cuestión, y en Siria la oposición a Bachar al-Asad acusa directamente a Hezbolá de luchar con las tropas que apoyan al dictador de Damasco. Varios grandes medios libaneses coincidieron en una cosa: el atentado de Beirut hace temer “lo peor” para el futuro inmediato del país. El general Wisam al-Hasan era la “punta de lanza contra el régimen sirio”, recordó el diario An-Nahar. “Las repercusiones políticas empiezan a tener dimensiones excepcionales” y “la paz civil está en peligro”, señaló el citado rotativo. Así las cosas, Occidente teme que el atentado que se cobró la vida de Wisam al-Hasan provoque el caos en Líbano. Los llamamientos a la calma de diversos dirigentes políticos han tenido un efecto limitado y la tensión es enorme, sobre todo en Beirut. En este contexto, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, también pidió calma y responsabilidad a los libaneses, mientras que Hezbolá no ocultó su preocupación, porque la caída del primer ministro complicaría la formación de un nuevo gobierno.