Francia censura a un artista marroquí

Dunia Benjadra-Rabat

Una de las obras del artista marroquí Munir Fatmi censuradas en Francia

El artista plástico marroquí Munir Fatmi, de 42 años, se fue de Marruecos porque soñaba con tener más libertad de expresión, y decidió establecerse en Francia y Estados Unidos. Pero pronto se dio cuenta que la censura no tiene fronteras y que la liberad de expresión  y creación está amenazada en todas partes, incluso en las viejas democracias europeas. Por segunda vez en menos de un mes, Fatmi ha visto como su obra es retirada de una exposición. El pasado 16 de octubre, la muestra ‘Veinticinco años de creatividad árabe” inaugurada en el Instituto del Mundo Árabe de París no aceptó que el artista plástico marroquí, que estudió en Casablanca, Ámsterdam y Roma,  expusiera sus cuadros. Una de sus creaciones, que pone en escena al escritor Salman Rushdie, amenazado de muerte desde hace más de 20 años por una fatua del ayatolá Jomeini, no gustó a los responsables de la muestra. Un par de semanas antes, los responsables de la exposición ‘La primavera de Septiembre’, de Toulouse, le pidieron al artista que retirara su obra ‘Technologia’, un trabajo  basado en unos versos coránicos que se proyectaban sobre unos círculos en la calzada del Pont Neuf, en pleno centro de la ciudad rosa. “Me veo en la obligación de ser mi propio censor”, declaró Fatmi a un medio de comunicación francés. El artista plástico marroquí asegura que no es un provocador. Para Fatmi, “el arte sirve de barómetro de lo que pasa en el mundo” y la censura, o la autocensura, son inaceptables. Munir Fatmi no es antirreligioso, pero está convencido de que hay que desacralizar las religiones, los dogmas y las ideologías. “Hoy en día hay una tensión en todas las religiones”, piensa el artista marroquí. En 2009, Munir Fatmi expuso en Venecia la obra ‘Le Grand Pardon’ (El Gran perdón), un dibujo realizado con tiza que recrea las caras del papa Juan Pablo II y de Ali Agça, el extremista de derecha que intentó asesinar al Sumo Pontífice de origen polaco, el 13 de mayo de 1981. La obra, que se expuso en plena calle, provocó protestas de muchos ciudadanos, la Policía tuvo que intervenir y el dibujo fue borrado. Fatmi se enteró de lo que había ocurrido en Venecia leyendo el diario francés Le Monde. Otra de sus obras, realizada con cubitos de hielo hechos con agua bendita recuperada de varias iglesias de París, generó también un enorme descontento entre muchos fieles católicos de la capital de Francia.

 El descontento del artista

Munir Fatmi explica a la periodista de Le Figaro Valérie Sasportas que le parece grave que “esto me esté ocurriendo en Francia, y no en el Magreb o en Arabia Saudí. Aquí hay una crisis de fe religiosa”. El artista, que vive a caballo entre París, Los Ángeles y Tánger, cuenta que se fue de Marruecos hace varios años para “poder expresarse” con libertad, y ahora resulta que no es así. “Teniendo en cuenta las amenazas que desde hace años pesan sobre la vida de Rushdie, -dice Fatmi- permanecer dormido es una forma de mostrarse vulnerable. Son imágenes sintetizadas a partir de fotos. Siempre me ha escandalizado el silencio de los intelectuales árabes sobre la suerte de Rushdie y su lucha por la libertad creativa. Por eso he imaginado el vídeo como un homenaje”. El artista plástico está a favor de “un debate de ideas, no de un combate callejero”, según expresa a una cadena de televisión. Es por este motivo que rechaza la censura y la autocensura, porque, destaca el artista, “una vez censurada, la obra ya no me pertenece. El hecho de negociar con los censores puede considerarse como una amputación, es como si me cortara la lengua”.