Túnez no encuentra una salida política al caos

Paco Soto, Mohamed Mestiri-Rabat-Túnez

Unos manifestantes protestan en las calles de la capital tunecina contra la situación política y social que vive el país

Túnez vive en pleno caos político, institucional y social. Un año después de las elecciones legislativas que dieron la victoria a los islamistas de Ennahda, el país no encuentra una salida política razonable, y la inestabilidad social es cada vez mayor y pone en peligro las débiles instituciones democráticas del país norteafricano. Como señala el portal de Internet marroquí Maghreb Intelligence, un año después de las elecciones del 23 de octubre, la revolución del jazmín está amenazada por varias “contrarrevoluciones”. Según el citado portal, el pasado lunes por la noche, los tunecinos que estaban viendo la televisión se llevaron un buen susto, porque las cuatro cadenas del país, las dos públicas y las privadas Nesma TV y Hannibal, dejaron de emitir. Maghreb Intelligence afirma que “entonces el rumor de un golpe de Estado se propagó como un reguero de pólvora. Las principales cancillerías occidentales multiplicaron sus llamadas telefónicas a ciertos políticos. Ciertas embajadas llamaron al Palacio de Cartago y a la sede del primer ministro para pedir información sobre la situación”.  Hay que tener en cuenta que las Fuerzas Armadas tunecinas, que a diferencia de lo que ocurrió en otras revoluciones árabes no desempeñaron un papel represor durante las revueltas que derribaron al dictador Zine El Abidine Ben Ali, son un poder en la sombra. Muchos tunecinos respetan a esta institución, pero también la temen, y los sectores del islamismo político más radicales la odian. Cabe destacar también que el despliegue militar en la capital y otras grandes ciudades del país ha hecho cundir la alarma en algunos sectores políticos. La oposición acusa al Gobierno del primer ministro Hamadi Jebali de ser condescendiente con los grupos salafistas violentos y las corrientes más laicas de la sociedad tunecina están convencidas de que el gobernante partido islamista Ennahda quiere “secuestrar” a la joven democracia tunecina.  Las recientes declaraciones del líder de Ennahda, Rachid Ghanuchi, en contra de la democracia parlamentaria y la laicidad no tranquilizaron a las corrientes laicas del país, sino todo lo contrario. Ghanuchi se presenta ante los tunecinos como el “guía espiritual” y verdadero hombre fuerte del país.

Sin Constitución democrática

Así las cosas, Túnez celebró el primer aniversario de las elecciones en un ambiente de enorme tensión y sin demasiada alegría. Ni siquiera los representantes de los tunecinos han podido redactar una nueva Constitución democrática, y no se han puesto de acuerdo porque les separa el lugar que debe ocupar la religión musulmana en el texto. Maghreb Intelligence, que cita fuentes bien informadas, asegura que “los islamistas tienen realmente la voluntad de controlar el Estado, pero la oposición no tiene capacidad para hacerles frente, y el Ejército no tiene una tradición intervencionista” en a vida política. “El futuro está abierto a todas las eventualidades”, recalca el citado portal. En este contexto tan desolador, el jefe salafista Abu Iyadh, que está en busca y captura, reapareció un día antes de la celebración del primer aniversario de las legislativas para pedir a los musulmanes que “defiendan el islam contra los enemigos de la religión”. Los servicios diplomáticos estadounidenses y franceses avisaron a las autoridades militares tunecinas de que Abu Iyadh podría estar escondido en alguno de los varios campos de entrenamiento de jihadistas. Los servicios secretos franceses, según Maghreb Intelligence, han detectado en los últimos meses movimientos de entrada de armas en Túnez procedentes del sur de Libia y la frontera con Argelia. Los servicios de inteligencia barajan la hipótesis de que los salafistas tunecinos estén constituyendo un arsenal de guerra para hacer frente al Estado si  Ennahda perdiera el poder.