“La rebelión no está acabada en el mundo árabe”

Piotr Kowalski-Varsovia

El periodista polaco Mariusz Borkowski piensa que el proceso de cambios en el mundo árabe no está acabado

Mariusz Borkowski es periodista y director de los servicios informativos de Polskie Radio, la radio pública polaca. Buen conocedor de la situación política y social del Magreb y del mundo árabe, fue corresponsal de la agencia de noticias polaca PAP en Argelia durante 10 años. En esta entrevista con Correo Diplomático, Borkowski analiza las revoluciones árabes y está convencido de que este proceso no está acabado. “El fuego de la primavera árabe volverá a renacer”, dice en esta entrevista el periodista polaco.

Pregunta: ¿Cuál es su opinión sobre lo que se ha denominado la primavera árabe?

Respuesta: “La primavera árabe es un movimiento popular que rechaza su exclusión de la vida social, política y económica bajo todas sus formas. Rechaza la exclusión que existe en todas las dictaduras o regímenes autoritarios. El descontento social duraba años en los países árabes y poco a poco fue madurando, a medida que los regímenes petrificados del mundo árabe se hacían cada vez más arcaicos. El contraste entre el mundo árabe y los países más modernos del plantea era cada vez mayor. No me atrevo a decir que las protestas en varios países árabes han sido y son democráticas, entre otros motivos, porque este concepto que se utiliza en Occidente, en otras zonas puede variar hasta cierto punto. En algunos países árabes ha estallado un conflicto de intereses entre el sistema autoritario fosilizado y la pequeña burguesía y las clases medias. Es un sistema que favorece las prebendas y las  redes clientelares y la corrupción. La pequeña burguesía y los empresarios ricos pueden desarrollar sus negocios y enriquecerse si cuentan con los favores de la dictadura. Una de las leyes del capitalismo moderno, la libre competencia, está bloqueada por el sistema autoritario, que frena un desarrollo económico y social moderno. Por otra parte, los jóvenes que llegan al mercado de trabajo no encuentran una salida a sus aspiraciones y sueñan a través de la televisión por satélite e Internet con una vida mejor. Hay frustración y desánimo en todas partes. Estos son algunos de los elementos decisivos que han provocado la primavera árabe”.

P: ¿A su juicio, quién ha sacado partido de esta situación?

R: “En gran medida los movimientos islamistas, que en países como Túnez y Egipto eran los que estaban mejor organizados. En Egipto, los Hermanos Musulmanes, y en Túnez, Ennahda, han sabido canalizar el descontento de una parte muy importante de la población. Es por eso que han ganado las elecciones y están en el poder. Los Hermanos Musulmanes, en tiempos de la dictadura de Hosni Mubarak, supieron hacer un trabajo social de ayuda a los más pobres y desfavorecidos. Gracias a esta actividad se granjearon la simpatía de mucha gente. Políticamente, estaban bien organizados y sus líderes eran conocidos y apreciados. En Túnez y otros países ocurrió una situación parecida. Las corrientes laicas, sin embargo, tenían serios problemas; carecían de cuadros políticos y de arraigo social. Las sociedades árabes, en general, son conservadoras y el factor islámico, guste o no guste reconocerlo, es muy importante. Menospreciar este factor es un error, una equivocación que nos conduce a análisis erróneos sobre lo que ocurre en el mundo árabe. Los islamistas han ganado en Egipto y Túnez porque han sabido ganarse el apoyo de las clases medias y pobres y han sabido proponer a esos sectores que les apoyan un proyecto atractivo. Salvando las distancias, ocurrió algo parecido con el movimiento fascista en Italia en los años veinte del siglo pasado”.

P: ¿Los países árabes están condenados a vivir bajo dictaduras pro-occidentales o regímenes islamistas reaccionarios, como aseguran algunos investigadores?

R: “No lo creo. La primavera árabe es un proceso que no ha terminado. Van a seguir las protestas y los cambios en muchos lugares, y lo que empezó en el Magreb se extenderá en el Mashrek. Incluso en países como Egipto y Túnez, el proceso de cambios no se ha acabado. Los islamistas en el poder tienen que enfrentarse a un gran desafío: ¿Podrán cumplir con sus promesas, sobre todas las que están relacionadas con el desarrollo económico y social, la lucha contra el paro y la corrupción? ¿Podrán ofrecer un futuro a los jóvenes? Los islamistas que llegaron al poder gracias a las revolución tienen que ser conscientes de que las nuevas tecnologías y las redes sociales tienen unas posibilidades inmensas que ningún poder puede controlar con facilidad. Si no pueden cumplir con sus promesas, los ciudadanos les pedirán cuentas y se alejarán de ellos. El fuego de la primavera árabe volverá a renacer. La rebelión no está acabada en el mundo árabe. Mire lo que está pasando en un país islámico como Irán. Este proceso será largo y difícil, pero nadie lo podrá detener, ni siquiera nuevas dictaduras o regímenes autoritarios”.

 P: ¿Qué papel pueden desempeñar Europa y Occidente en la democratización del mundo árabe?

R: “Europa -y también el conjunto de Occidente- tiene que tener en cuenta las particularidades culturales, religiosas y sociales del mundo árabe, porque esa región no puede ser una copia de Europa. Europa no puede ser arrogante y pensar que debe enseñar la democracia al mundo árabe, o creer que su modelo es aplicable al pie de la letra en otros contextos socioculturales. El paternalismo neocolonial europeo no es válido para el mundo árabe. Ahora bien, Europa puede desempeñar una función en el mundo árabe. Europa, lo que puede hacer, es convencer y demostrar a los países árabes que el sistema democrático es mucho mejor que el sistema dictatorial. En este sentido, Europa tiene mucho que aportar en el terreno de las técnicas democráticas, los procesos electorales, la organización de los municipios, el buen funcionamiento de las instituciones. Europa sí que puede colaborar en esta línea, pero siempre y cuando no sea paternalista y quiera imponer sus soluciones a los demás”.