Sandy deja un reguero de muertos y desolación en Estados Unidos

Dunia Benjadra-Rabat

El sur de Manhattan, en Nueva York, está a oscuras por el apagón provocado por el huracán Sandy

El huracán Sandy ya dejó en la costa este de Estados Unidos un reguero de muertos y desolación. De momento han fallecido al menos 16 personas y 6,5 millones de ciudadanos se han quedado sin electricidad. Unos 10 millones de estadounidenses podrían quedarse sin luz, teléfono e Internet. Según el Centro de Huracanes de Estados Unidos, Sandy se abatió sobre la costa este del país en Atlantic City (Nueva Jersey), que el lunes declaró el toque de queda ante la previsión de inundaciones. Nueva York sigue en estado de alerta máxima para hacer frente al paso del temporal, que podría afectar a 60 millones de estadounidenses de 23 Estados. En la ciudad de los rascacielos, la crecida del nivel de agua anegó a muchas calles y las ráfagas de viento en la Gran Manzana superaron los 120 kilómetros por hora. En otras zonas de Nueva Jersey y Connecticut la tormenta se desplazó a 50 kilómetros por hora con vientos huracanados de una tremenda fuerza. Carolina del Norte y Nueva Inglaterra fueron presa de los fuertes vientos, las lluvias y la nieve. En Nueva York, según informó el alcalde de la ciudad, Michael Bloomberg, los servicios de emergencia recibieron más de 100.000 llamadas y el pánico se apoderó de muchos ciudadanos. Las autoridades neoyorquinas se plantearon  que el servicio de metro quede suspendido durante una semana. Ante el aumento del nivel del mar, los responsables de la central nuclear de Oyster Creek, en Nueva Jersey, declararon el nivel tres de alerta (el segundo más bajo de cuatro) por la amenaza que supone el agua para su sistema de refrigeración. Antes de que Sandy golpeara a la costa este, el  presidente del país, Barack Obama, se dirigió a los estadounidenses en un discurso televisado y les dijo; “Es una tormenta muy seria y puede tener consecuencias fatales. Me preocupa que la gente esté segura. Incluso una vez que pase la tormenta tardará días en recuperarse la marcha normal de las ciudades. Desde el transporte público a los cortes de luz”. El mandatario estadounidense destacó:  “Si no evacuan cuando se les dice pueden poner en riesgo la vida de otros”.

Parálisis económica

El huracán Sandy consiguió lo que no ha logrado la crisis económica: paralizar los mercados financieros estadounidenses. El pasado domingo,  la Bolsa de Nueva York, cuya sede está en  Manhattan, decidió suspender para el lunes las operaciones en el parqué. En principio, volverá a abrir este miércoles si las condiciones climatológicas mejoran. Las otras 13 grandes bolsas también renunciaron a abrir sus puertas e importantes  establecimientos como el Citigroup et American Express suspendieron sus operaciones. La última vez que la Bolsa suspendió sus actividades  fue tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Económicamente, todos los Estados situados al este del Misisipi sufren el impacto de este temporal histórico. Nueva York ya ha perdido 100 millones de dólares en actividades económicas, y el panorama es parecido desde Washington a Boston. Muchas infraestructuras han sido dañadas y centenares de obras públicas paralizadas.  En agosto de 2011, el huracán Irene, mucho menos dañino que Sandy, causó daños económicos de 10.000 millones de dólares. Algunos expertos apuntan que los daños causados por Sandy superarán los 18.000 millones de dólares. La ONU, que tiene su sede en Nueva York, también informó de que todas las actividades quedaban suspendidas

Impacto en la campaña electoral

En plena campaña electoral para las elecciones presidenciales del próximo 6 de noviembre, Barack Obama aseguró el pasado lunes desde la Casa Blanca que “no  estoy preocupado por el impacto (de Sandy) en las elecciones; estoy preocupado por su impacto en las familias y en la economía. Las elecciones son la semana que viene; en este momento mi prioridad es salvar vidas”. Tanto Obama como su rival republicano, Mitt Romney, se han visto en la obligación de suspender muchas actividades preelectorales, y los dos candidatos están elaborando una estrategia para recoger apoyos en la recta final de la campaña. La situación es tan grave que algunas empresas de sondeos han decidido suspender sus actividades, ante el riesgo de que Sandy impida el acceso a las urnas a muchos ciudadanos. Obama no puede abandonar su puesto de mando al frente de Estados Unidos, y no debe hacer gala de insensibilidad frente al temporal que asola la costa este, porque esto le costaría votos. Pero la suspensión de actos electorales tampoco favorece al presidenciable demócrata, y el candidato republicano tiene que hacer frente al mismo dilema: ¿Cómo compaginar inteligentemente las necesidades electorales de los republicanos con una buena dosis de sensibilidad frente al dolor humano causado por Sandy?