Una solución para el Sáhara

Por Paco Soto

El enviado especial de la ONU para el conflicto saharaui, Christopher Ross, durante el encuentro que mantuvo con el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Saâd Dine El Otmani

El conflicto del Sáhara occidental, que opone desde hace más de 35 años al Frente Polisario con el Reino de Marruecos, vuelve a estar en el candelero. La gira por varios países de África del norte y Europa del enviado personal del secretario general de la ONU para el conflicto saharaui, Christopher Ross, demuestra que la comunidad internacional no ha tirado la toalla. Pero este conflicto, que tanto sufrimiento ha causado, está enquistado. Las partes enfrentadas no se ponen de acuerdo para encontrar una solución. El Frente Polisario, que tiene el apoyo del régimen cívico-militar argelino, defiende un referéndum de autodeterminación para el antiguo Sáhara español. Rabat, que considera que este territorio le pertenece, rechaza el referéndum y plantea una amplia autonomía para el Sáhara occidental en el marco de la soberanía marroquí. Marruecos tiene el apoyo  de Estados Unidos y  Francia, y España, la antigua potencia colonial del Sáhara occidental, mantiene una postura ambigua. Por una parte, oficialmente, España asegura que apoyaría una solución en el marco de Naciones Unidas que respetara la autodeterminación del pueblo saharaui. Por otra parte, oficiosamente, Madrid se ha acercado a las posiciones de Rabat, entre otros motivos, porque tiene muchos intereses económicos, políticos y geoestratégicos en Marruecos y el norte de África y no le interesa ponerlos en peligro. Quien no entienda esta premisa es que ignora cómo funcionan la política y las relaciones internacionales. Los dirigentes españoles no pueden apoyar abiertamente las tesis de Marruecos sobre el conflicto saharaui, porque lo razonable es que mantengan sus propias posturas y no vayan a la zaga de lo que se diga y haga en Rabat. Pero es que, además, tienen que tener en cuenta a su opinión pública. Y esa opinión pública se posiciona mayoritariamente a favor del Frente Polisario, porque ese movimiento político ha sabido fomentar una potente red de solidaridad a través de numerosas asociaciones generosamente subvencionadas por la administración central y los gobiernos autonómicos y municipales. En este terreno, Marruecos no ha hecho casi nada, y las pocas iniciativas que ha llevado a cabo han fracasado debido a su naturaleza chapucera. Así las cosas, aunque creo que no debemos hacernos muchas ilusiones sobre la gira de Ross, que empezó en Marruecos, cabe esperar de todas las partes un poco más de cordura e inteligencia política, porque el conflicto saharaui no puede seguir abierto muchos años más. Eso por varios motivos. En primer lugar, porque hay seres humanos, sobre todo los miles de refugiados de los campamentos de Tinduf, que sufren, y es una triste realidad moralmente insoportable. En segundo lugar, porque la permanencia del conflicto en una zona donde  el terrorismo islamista y las mafias campan a sus anchas es un factor de desestabilización para el norte de África y también Europa. Además, la no resolución del conflicto es un hándicap para la construcción política, económica y social de África del norte. Por todo ello, los agentes del conflicto, principalmente Marruecos, el Frente Polisario y Argelia, y sus tres principales valedores en Occidente, España, Francia y Estados Unidos, deberían hacer un esfuerzo político por entender que un Sáhara occidental pacificado y normalizado políticamente sería beneficioso para todos. Sólo hay una vía para alcanzar esta meta: el diálogo, la negociación y el acuerdo. En este camino todos tendrán que hacer concesiones y ser generosos. La grandeza de los países y los movimientos políticos radica en su capacidad por resolver los problemas pacíficamente y encontrar salidas razonables que satisfagan a grandes mayorías.