Vuelve la polémica sobre el crash del avión presidencial polaco

Piotr Kowalski-Varsovia

La derecha ultraconservadora polaca está convencida que el accidente del avión presidencial en Smolensk fue provocado por un atentado de los servicios secretos rusos

La polémica sobre el accidente del avión presidencial polaco ocurrido en Smolensk (Rusia) el 10 de abril de 2010, en el que murieron el jefe del Estado, Lech Kaczynski, y otras 95 personas, ha vuelto a Polonia. La delegación presidencial iba a conmemorar, junto a las autoridades rusas, la matanza de 22.000 soldados y miembros de la élite económica y cultural de Polonia  por la policía secreta de Stalin (el NKVD)  en el cercano bosque de Katyn, crimen que la antigua URSS siempre negó. Según el diario conservador Rzeczpospolita, un grupo de investigadores polacos han encontrado indicios de explosivos entre los restos del avión siniestrado, un Tupolev 154 de fabricación soviética. El periódico, sin citar las fuentes,  afirma que los fiscales y los expertos en explosivos que examinaron los restos del avión han encontrado huellas de TNT (trinitrotolueno) y nitroglicerina tanto en las alas como en la cabina del avión y en una treintena de asientos. Rzeczpospolita asegura que el fiscal general de Polonia, Andrzej Seremet, comunicó estos descubrimientos al primer ministro polaco hace dos semanas. El diario informa de que hace dos años, en el lugar del accidente, también se encontraron muestras de explosivos. La tesis del atentado terrorista, que ha sido descartada por el Gobierno de Donald Tusk, se abrió camino a los pocos días de haberse producido la catástrofe aérea, que conmocionó a Polonia. Esa tesis tiene firmes defensores en las filas de la derecha ultraconservadora, capitaneada por el partido Ley y Justicia (PiS) del hermano gemelo del difunto presidente, Jaroslaw Kaczynski, y en los medios afines. El líder del PiS está convencido de que la causa del accidente aéreo fue  un atentado terrorista organizado por los servicios secretos rusos para acabar con la vida del jefe del Estado, que no se llevaba bien con Moscú, y descabezar a la cúpula política, militar e institucional del Estado polaco que viajaba en el aparato. Pero según la versión oficial polaca, el crash aéreo fue provocado por un error de los pilotos del avión, que se empeñaron en aterrizar en el aeródromo de Smolensk, a pesar de las malas condiciones climatológicas. En este sentido, los investigadores rusos culparon a los miembros de la tripulación polaca de intentar aterrizar con la espesa niebla que había aquel día. Sin embargo,  sus homólogos polacos consideraron  que los controladores aéreos rusos  no deberían haber permitido que el avión se aproximase a tierra. En sus informes oficiales, los investigadores aseguran que no encontraron pruebas que puedan inculpar a terceras personas.

Desmentido oficial

Las autoridades polacas negaron las afirmaciones del diario conservador. “No es verdad que los investigadores hallaran rastros de TNT o nitroglicerina”, declaró el coronel Ireneusz Szelag, de la fiscalía militar. “Las pruebas y los testimonios recabados hasta ahora no han sustentado de ninguna manera que el accidente fuera resultado de acciones de terceros, esto es, un asesinato”, destacó el mando militar. Los investigadores no descartan la posibilidad de que los restos de explosivos puedan proceder de bombas de la Segunda Guerra Mundial, que podrían haber quedado en la zona donde se estrelló el avión. Donald Tusk también desmintió que se hayan encontrado huellas de explosivos en los restos del avión presidencial polaco siniestrado en 2010 en Smolensk. Las declaraciones de Tusk y la fiscalía militar no convencieron a Jaroslaw Kaczynski, quien manifestó que  “no puede ser que Polonia esté gobernada por gente que han estado confundiendo durante 30 meses en torno a lo que ahora sabemos que fue un crimen atroz”. El líder ultraconservador exigió “la renuncia del Gobierno de Donald Tusk”. Según algunos observadores políticos, el PiS de Kaczynski aprovechará la información de Rzeczpospolita para acosar al Gobierno de Tusk y recibir un mayor número de apoyos entre los sectores más conservadores de la población, que siguen pensando que Rusia es un enemigo potencial de Polonia y se oponen a la política de buenas relaciones entre Varsovia y Moscú que defiende Tusk.