Túnez sigue con el estado de excepción en un clima de violencias urbanas

Mohamed Mestiri-Túnez

Túnez ha dado un nuevo paso hacia el abismo político al prorrogar tres meses el estado de excepción


La república tunecina, que es el país más pequeño del Magreb, ha dado un nuevo paso hacia el abismo político. Es lo que piensan algunos analistas. La decisión de la presidencia de la república de prorrogar tres meses el estado de excepción, ofreciendo poderes excepcionales a las autoridades, no parece que vaya a tranquilizar  los espíritus rebeldes de muchos tunecinos, sobre todo en las filas más radicales del islamismo políitco. Los dirigentes tunecinos tomaron esta decisión el pasado miércoles, un día después de que la Policía matara a dos jóvenes islamistas durante unos violentos enfrentamientos en Duar Icheur,  un barrio periférico de la capital del país. Las dos víctimas intentaron asaltar una comisaría. El estado de excepción está en vigor en Túnez desde los inicios del proceso revolucionario que acabó con la dictadura de Zine El Abidine Ben Ali, hace año y medio. Esta situación da poderes excepcionales al Ministerio del Interior  y a los gobernadores de las regiones, que tienen capacidad legal para autorizar o prohibir manifestaciones y huelgas y pueden instaurar el toque de queda. La prolongación del estado de sitio se produce en un contexto de enorme tensión social y política en el país magrebí. Los islamistas de Ennahda gobiernan Túnez de común acuerdo con dos partidos laicos. Los sectores yihadistas radicalizados, que no ven con buenos ojos a Ennahda, porque consideran que esta formación es demasiado moderada, se aprovechan del caos que vive el país para acosar a la población y provocar al Estado. La situación es tan grave que la propia Policía asegura que se siente indefensa ante los extemistas, y esta semana un grupo de agentes se manifestó ante la sede del Ministerio del Interior para exigir más medios.

Críticas a Ennahda

Los sectores laicos de la sociedad tunecina, que agrupan a un amplio abanico de partidos, colectivos sociales y ONG que van desde antiguos seguidores de Ben Ali hasta la extrema izquierda, acusan a Ennahda de pasividad frente a las provocaciones y violencias de los yihadistas. El Gobierno lo niega, y el portavoz del Ministerio del Interior, Khaled Tarruche, afirmó que las fuerzas de seguridad utilizan “todas las herramientas permitidas por la ley”. Pero la postura oficial de las autoridades no convence ni siquiera a los mandos policiales, y uno de ellos denunció a  la agencia AFP el “laxismo” de los gobernantes y su incapacidad por mantener el orden. Este mando policial, que mantuvo el anonimato, anunció “el principio de la guerra entre nosotros y los salafistas”. Para Rached Mahjub, presidente de la Asociación Tunecina por una Policía Ciudadana, un colectivo que agrupa a antiguos mandos del Ministerio del Interior, frente a la violencia de los islamistas radicales, el Gobierno  ha incrementado la represión, sobre todo desde que un grupo de yihadistas atacó la Embajadas de Estados Unidos en Túnez, el pasado 14 de septiembre. “La tendencia ha cambiado desde el 14 de septiembre, la sociedad civil y los políticos son más comprensivos con los policías”, señaló Mahjub. A su juicio, el Gobierno ha tomado conciencia de que los yiadistas son un peligro para la convivencia. El propio presidente de Túnez, Moncef Marzuki, un laico de centroizquierda aliado de Ennahda, calificó a los grupos yihadistas, que cuentan con unos 3.000 militantes, de “gran peligro” para el conjunto del Magreb. Uno de los jefes extremistas, Abu Iyadh, que fue detenido durante el régimen de Ben Ali, está en busca y captura desde el ataque a la Embajada estadounidense.

Nuevo gobierno

En otro orden de cosas, el Congreso General Nacional libio (CGN, el Parlamento) aprobó la composición de un nuevo gobierno de coalición de liberales e islamistas propuesto por el primer ministro Ali Zeidan. Según la agencia de prensa oficial Lana y la televisión pública, a pesar de muchas protestas callejeras en contra, el CGN dio un apoyo mayoritario a Zeidan: 105 votos de diputados a favor, nueve en contra y 18 abstenciones. Durante las protestas ante el Parlamento, algunos manifestantes dispararon con armas de fuego, lo que demuestra la fragilidad de la transición política libia desde la caída del régimen de Muamar Gadafi y la incapacidad del Estado por desarmar completamente a las antiguas milicias rebeldes. Por eso mismo, Zeidan, de 62 años, anunció que la constitución de unas Fuerzas Armas y una Policía nuevas será “la prioridad de las prioridades” para restablecer el orden y desarmar totalmente a  los ex milicianos.  Zeidan es el segundo jefe del Gobierno designado por el CGN en julio pasado. El anterior fue Mohamed Abu Chagur, que no consiguió la confianza de los diputados. Zeidan, que pertenece a la liberal Alianza de Fuerzas Nacionales, ha logrado unir a sus correligionarios con islamistas en un mismo barco y ha confiado en independientes  puestos clave como los Ministerios de Asuntos Exteriores, Justicia, Interior y Defensa.