« La Primavera Árabe ha sido negociada entre Occidente y el islamismo político »

Paco Soto-Casablanca

Mohamed Darif (Casablanca, 1959) es politólogo, sociólogo, profesor universitario y uno de los mejores expertos marroquíes en movimientos islamistas. Autor de libros como ‘Monarchie marocaine et  acteurs religieux’, Darif afirma en esta entrevista con Correo Diplomático  que « el islamismo es un movimiento político y no religioso ».

El politólogo Mohamed Darif sostiene la tesis de que Occidente ha encontrado en el islamismo político en los países árabes y musulmanes a un buen interlocutor que defiende sus intereses


– Pregunta : ¿Qué lectura le merece la actual situación política en Marruecos, donde un partido islamista gobierna en coalición con otras tres fuerzas políticas ?

– Respuesta : « Lo primero que quiero decir es que en Marruecos, es verdad que ha habido cambios y mejoras, pero falta voluntad política para luchar contra la corrupción y democratizar profundamente el país. Afortunadamente, la sociedad civil es muy activa en Marruecos, hay unas 50.000 organizaciones que trabajan sobre cuestiones muy variadas de orden social, económico, político y cultural. El Estado, la monarquía fundamentalmente, también quiere ser más activo en la vida social y hay cierta rivalidad entre los aparatos del Estado y la sociedad civil. Por eso se dijo al principio del nuevo reinado que Mohamed VI era el rey de los pobres. Durante años, esta rivalidad fue, y en parte sigue siendo, entre los islamistas y el Estado. El islamismo político ocupó el lugar que el Estado abandonó, tanto en Marruecos como en otros países musulmanes del mundo árabe. Dicho esto, creo que la victoria electoral del PJD en Marruecos se debe a las promesas de cambio social y económico y de lucha contra la corrupción que hizo este partido durante la campaña. Pero casi un año después de este victoria todo el mundo critica al PJD, porque no ha podido cumplir con sus promesas. El primer ministro, Abdelilah Benkirane, dice que no puede hacer más, porque tiene las manos atadas ».

– P : Algunos dirigentes del PJD dicen que esta formación no es islamista sino un partido político con un referente islámico. ¿Qué piensa usted al respecto ?

– R : « Francamente, creo que esto es un debate absurdo, sin interés. Claro que el PJD es ante todo un partido político. También los partidos políticos comunistas son ante todo partidos y luego comunistas. Lo que ocurrió fue que en el año 2003, después de los atentados terroristas de Casablanca, los aparatos de seguridad y los sectores políticos partidarios de erradicar a los islamistas acosaron al PJD y lo acusaron de ser moralmente responsable de esa matanza. Entonces, el PJD, por una cuestión de supervivencia, declaró que no era un partido islamista, porque no quería que lo asociaran a los grupos salafistas violentos. Quiero que quede claro que el islamismo es un movimiento político y no religioso. El que no entienda esta premisa estará condenado a equivocarse en el análisis del islamismo político. El islamismo en los países musulmanes es el producto de la exclusión política. Por eso, partidos como el PJD en Marruecos, Ennahda en Túnez o los Hermanos Musulmanes en Egipto, al llegar al poder, pierden su virginidad política y tienen que gobernar, bien o mal pero gobernar. El islamismo político es también el resultado de las contradicciones  que ha generado la construcción del Estado nación en el mundo árabe y musulmán después de la independencia. El modelo de esa construcción fue impuesto por el colonialismo, y fue una construcción autoritaria que dejó fuera del Estado nación a mucha gente. Pero ahora hay una nueva generación que busca su lugar en la vida política. Y esta nueva generación ha encontrado en el islamismo un buen instrumento político e ideológico para luchar y no un referente religioso. Por eso los movimientos islamistas no suelen estar dirigidos por ulemas o teólogos, sino por personas de las clases medias urbanas : profesores, ingenieros, médicos. Personalidades como el fundador de los Hermanos Musulmanes en Egipto, Hasan El Batna, o el líder de Ennahda en Túnez, Rachid Ghanuchi, pertenecen a ese estrato social y profesional ».

– P : ¿El ejercicio del poder acabará desgastando a los islamistas en países como Marruecos, Túnez y Egipto ?

– R : «Yo creo que sí. Los islamistas, cuando están en la oposición, suelen tener mucha fuerza y generan simpatía. Pero ahora están gobernando en varios países árabes y tienen que dar respuestas a los problemas de la gente. Si fracasan serán barridos electoral y políticamente por la población. Por otra parte, no hay que olvidar que los movimientos islamistas no son revolucionarios, son  movimientos de orden, conservadores, firmes defensores del capitalismo liberal en sus países y de los intereses políticos y económicos occidentales. En Marruecos, por ejemplo, Benkirane está obsesionado con la competitividad de la economía, y ese objetivo es clave en el sistema capitalista. El islamismo político, más allá de la demagogia populista de la que suele hacer gala cuando es fuerza de oposición, no piensa acabar con el capitalismo y los intereses occidentales en el mundo árabe ; todo lo contrario, es un fiel defensor de ese sistema y de esos intereses. El islamismo político no es el enemigo de Occidente, es un aliado muy seguro frente al terrorismo yihadista ».

 – P : En el caso de Marruecos, el PJD, que gobierna con los nacionalistas conservadores del Partido del Istiqlal (PI), los berberistas del Movimiento Popular (MP) y los ex comunistas del PPS, son hegemónicos en el Gobierno de coalición de Benkirane. Pero, sin embargo, hay una lucha interna muy fuerte entre los dos grandes partidos, el PJD y el PI.

– R : « Sí, es cierto, pero es una lucha por el poder, no es una lucha de ideas. El Istiqlal quiere más poder en el Ejecutivo y el PJD se resiste. Ya veremos quién gana, porque el nuevo secretario general del Istiqlal, Hamid Chabat, es un viejo líder sindical populista que no está dispuesto a callarse ».

– P : ¿Piensa que hay fricciones entre el Gobierno de Benkirane y la monarquía, como aseguran algunos observadores políticos ?

– R : « No lo creo, francamente. A pesar del cambio constitucional, la monarquía en Marruecos sigue teniendo mucho poder. Mohamed VI, además de los ministros de soberanía bajo su control directo, propone al Gobierno a otros ministros, nombra a los gobernadores y los walis, dicta leyes. El Gobierno de coalición liderado por Benkirane actúa con mucha lentitud, tiene un margen de maniobra bastante reducido y no le hace sombra el rey. Además, Benkirane es una persona con bajo nivel cultural y político y le viene grande el cargo de primer ministro. Estoy haciendo una valoración política y no personal del primer ministro. Benkirane es incapaz de asumir sus responsabilidades y actúa como si estuviera en la oposición. Y ha tomado medidas muy impopulares, como la subida de impuestos para recaudar fondos. Los anteriores gobiernos no se atrevieron a  tanto ».

– P : En este contexto, el movimiento Justicia y Espiritualidad del jeque Abdesalam Yasin, que está tolerado pero no legalizado y en la calle es la primera fuerza política, parece estar un tanto desaparecido. Su actividad callejera ha disminuido y sufre luchas internas muy fuertes. ¿Qué piensa al respecto ?

– R : «Justicia y Espiritualidad es un movimiento político y no religioso, y como movimiento político suele ser pragmático. Es cierto que hay problemas internos en este movimiento, pero esta no es la razón que le obliga a ser menos visible en la calle. Lo que ocurre es que este movimiento islamista ahorra esfuerzos, y después de haber demostrado al poder, a la monarquía, que tiene una fuerza social considerable, ahora está a la expectativa de lo que pueda pasar en el país. Hay que recordar que Justicia y Espiritualidad puede movilizar a un millón de personas sin problema, mientras que el Estado, los partidos, el Gobierno y las instituciones,  apenas saca a la calle a unos pocos miles. El grueso de los activistas del Movimiento del 20 de Febrero han sido militantes y simpatizantes de Justicia y Espiritualidad. El resto, muy pocos, la izquierda radical. Los seguidores de Yasine han puesto a la gente en la calle y la izquierda radical ha puesto los eslóganes, porque más no puede hacer. Justicia y Espiritualidad, a través del Movimiento del 20 de Febrero fue capaz de organizar unas 40 manifestaciones en Marruecos en un sólo día ».

– P : ¿El salafismo yihadista es un peligro real para Marruecos ?

– R : «Lo primero que quiero decir es que el salafismo, a diferencia del islamismo, es una corriente religiosa. Dentro de esa corriente existe el salafismo de tipo tradicional que no defiende una estrategia violenta y el salafismo yihadista que defiende la violencia y el terrorismo para alcanzar sus objetivos. En general, el salafismo es una corriente marginal en Marruecos, porque el islam popular marroquí, que es de rito malekita, está muy alejado del rito hambalita inspirado en el conservadurismo salafista de origen wahabita. El islam popular marroquí, el de las cofradías y hermandades, el de inspiración sufí,  es alérgico al rígido doctrinarismo salafista.  Hay otro elemento que hay que tener en cuenta y es que el Estado, en Marruecos, es un actor religioso importante, el rey es jefe religioso, además de jefe político y militar. En otra época, durante Hasan II, el régimen utilizó los movimientos salafistas de inspiración wahabita para reprimir y debilitar  a la izquierda y la extrema izquierda. Como ya he dicho, el salafismo como corriente religiosa es muy  marginal en Marruecos y el salafismo yihadista partidario del terrorismo es aún más marginal. El Estado ha machacado sin piedad a esta corriente violenta del salafismo ; en los últimos años, los servicios de seguridad han desmantelados a 80 células terroristas. La última célula desmantelada hace unos días en el Rif estaba compuesta por un grupo de nueve personas escasamente armadas, la Policía sólo les encontró dos cuchillos, y completamente aisladas desde el punto de vista social. Algunas de estas células yihadistas se comportan como delincuentes que roban para su propio provecho ».

– P : ¿Cómo analiza lo que ha ocurrido en Túnez y Egipto desde principios de 2011 ?

– R : « La Primavera Árabe que estalló el año pasado fue un movimiento contestatario que afectó a muchos países. Cada régimen respondió a ese movimiento a su manera. Marruecos y Jordania llevaron a cabo reformas políticas y constitucionales y otros regímenes reprimieron con brutalidad a la población. Finalmente, las elecciones dieron el poder al islamismo político en Túnez y Egipto. El problema es que el proceso democrático se ha estancado, sobre todo en un país como Egipto. Es un error reducir la democracia a las elecciones. La democracia es mucho más que un mero proceso electoral ; es también tener partidos políticos y una sociedad civil fuertes y unas instituciones realmente democráticas, así como una Constitución. Desgraciadamente, en Egipto, pero también en Túnez, el debate sobre la nueva Constitución gira sobre la identidad musulmana y la aplicación o no de la Sharia y no sobre los derechos y libertades y la construcción de una nueva ciudadanía democrática. En Egipto, todo el poder está en manos del presidente, como en la época de Hosni Mubarak. Eso es una dictadura, no una democracia ».

–  P : ¿Por qué han ganado los Hermanos Musulmanes las elecciones ?

– R : «Vamos a ver. Creo que no hay que olvidar que los Hermanos Musulmanes no han sido una fuerza opositora al régimen de los militares en Egipto. Eso se suele olvidar con demasiada frecuencia. Desde 1952, los islamistas políticos egipcios colaboraron con el poder, en mayor o menor medida. El salafismo de tipo tradicional también. Eso ha creado una situación de ateísmo político en Egipto, la mayoría de la población está muy alejada de la política. Nadie cree en los partidos. Pero aún así, los islamistas y los salafistas han sido capaces de crear redes de ayuda social a los más pobres y desfavorecidos. Han sido las fuerzas mejor organizadas en la etapa de Mubarak. Es por ese motivo que en las pasadas elecciones los Hermanos Musulmanes fueron la fuerza más votada y los salafistas, la segunda fuerza electoral. Pero quiero recalcar que ese voto ha sido de naturaleza social o religiosa, pero no política. El drama de Egipto es que la política tiene un margen de maniobra muy reducido, y sin política y con una sociedad apolítica no puede haber democracia ».

– P : ¿Y qué pasa en Túnez ?

– R : «La situación es distinta a la de Egipto. Túnez es un país más moderno, con una sociedad civil más laica, hay un potente movimiento feminista y el régimen, desde los tiempos de Habib Burguiba, promocionó una laicidad a la tunecina. El movimiento Ennahda colaboró con el poder, pero luego fue reprimido a sangre y fuego en tiempos de Zine El Abidine Ben Ali. El dictador Ben Ali quiso erradicar a los islamistas, y éstos se transformaron en el grupo de oposición mejor organizado y conectado a la sociedad. Ennahda es un movimiento muy político, sabe adaptarse a las situaciones cambiantes, adopta un lenguaje moderado y más o menos liberal, o todo lo contrario, en función del interlocutor que tiene enfrente. Rachid Ghanuchi no es tonto, sabe hacer política y es un político con buen nivel intelectual.  Por eso Ennahda gobierna con dos partidos laicos, uno de ellos el partido del presidente Moncef Marzuki. En Túnez, el voto para Ennahda es sobre todo político y no social o religioso como en Egipto. En el conjunto de África del Norte, creo que Túnez es el país que tiene el mayor desafío democrático por delante, porque es el más maduro y el que está mejor preparado ».

– P : ¿Qué papel desempeñan los salafistas en Egipto y Túnez ?

– R : «Los salafistas egipcios no son un mundo homogéneo e impermeable a los cambios, y es por eso que sobre todo a partir de finales de los años noventa revisaron algunas de sus doctrinas e incluso dialogaron con el poder. Y participaron en las elecciones. La mayoría de los salafistas pertenecían a la corriente tradicional y pagaron caro su apoyo a la dictadura de Mubarak. Los grupos yihadistas no dejan de ser una minoría, son unos grupos muy violentos y peligrosos, pero son minoritarios y en bastantes casos sus miembros no son egipcios, sino palestinos y de otros países. El presidente Mohamed Mursi les ha declarado la guerra. En Túnez, no existen movimientos salafistas yihadistas potentes, suelen ser pequeños grupos violentos, y los salafistas tradicionales fueron utilizados por Ben Ali y no tinen muy buena imagen ».

– P : ¿Qué puede hacer Occidente con los países árabes que viven una etapa de cambios políticos y sociales ?

– R : «Soy de los que piensan y defienden que Estados Unidos y Europa tienen que apoyar al islam liberal en los países árabes y musulmanes y colaborar activamente en la lucha antiterrorista, porque el terrorismo pone en peligro la seguridad de Occidente y de los países árabes y musulmanes. Creo que con el 11 de septiembre de 2001 hay un antes y un después en la relación que establece Occidente con el mundo árabe. Occidente se ha dado cuenta que tiene que colaborar con los movimientos islamistas moderados y éstos han asumido que no van a atacar a Occidente, y han revisado viejas teorías antioccidentales. En este sentido, estoy convencido de que la Primavera Árabe también ha sido negociada, ha habido una transacción entre Occidente y el islamismo político. Occidente ha visto que el islamismo político es la única fuerza realmente estructurada en los países árabes. El islamismo político es el mejor interlocutor de Occidente en estos momentos, es un factor de estabilidad. Esto no lo consiguen ni los liberales ni la izquierda en estos momentos. Por eso Estados Unidos y otros países europeos apoyan la consolidación de un islamismo político de corte moderado y liberal.  El problema es que el islamismo político tiene también una gran debilidad interna, es una fuerza movilizadora, una fuerza de rechazo, pero le cuesta gobernar coherentemente, tomar decisiones, hacer frente a los problemas, no suele tener una  política económica sólida, aunque defienda el capitalismo. Los islamistas son una fuerza de movilización y de contestación, pero no de proposición ».