El cineasta Nabil Ayuch afirma que en Marruecos hay “creatividad y un clima de libertad ”

Dunia Benjadra-Rabat

El cineasta marroquí Nabil Ayuch afirma que en su país hay un clima de libertad que favorece la creatividad

El cineasta marroquí Nabil Ayuch ganó recientemente la Espiga de Oro al Mejor Largometraje de la 57ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI). La película galardonada, Les Chevaux de Dieu (Los caballos de Dios) está basada en hechos reales y cuenta el itinerario vital de cuatro jóvenes marroquíes que viven en Sidi Mumen, un poblado de chabolas miserable  donde se amontonan unos 300.000 habitantes en los alrededores de Casablanca, la capital económica de Marruecos. Esos jóvenes, que no tienen nada que perder, caen en la trampa mortífera del salafismo yihadista y deciden cometer una serie de atentados, el 16 de mayo de 2003. Los jóvenes se inmolaron en esos atentados, y su locura extremista se saldó con 45 muertos y decenas de heridos. Ayuch, que es autor de largometrajes como ‘Mektoub’ y ‘Ali Zaua, príncipe de la calle’, en declaraciones a Correo Diplomático, explica que «mi película trata de un tema delicado y difícil » como es el terrorismo, pero «la he querido hacer, porque me apetecía y me parecía un tema importante ». Ayuch expresa su «profunda alegría por haber sido galardonado con el premio más importante del festival de cine de Valladolid, que es un evento muy exigente en cuanto a calidad cinematográfica y que reúne a grandes figuras del cine mundial ». Cuenta el cineasta marroquí que el rodaje de la película en las chabolas de Casablanca fue « una experiencia inolvidable. Entendimos que era fundamental respetar a la población de ese barrio. Les explicamos lo que queríamos hacer y lo entendieron. Dejamos claro que no queríamos olvidar lo que habían hecho esos jóvenes, y mucho menos perdonar sus crímenes, pero insistimos en que es muy importante contar a la gente cómo unos jóvenes pueden transformarse poco a poco en asesinos kamikazes». Nabil Ayuch deja claro que «la mayoría del barrio nos apoyó», pero recuerda que «unos pocos, una pequeña minoría de salafistas, nos expresó su rechazo ». Cuando se le pregunta por qué motivos ha esperado tantos años para realizar este largometraje, Nabil Ayuch señala que «no me muevo en función de la inmediatez o de la actualidad como hacen los periodistas, suelo ser lento en mi proceso de reflexión y maduración de una idea, y he hecho esta película cuando lo he considerado necesario». Destaca que «lo que he querido hacer es explicar las claves que nos permitan entender de qué manera unos muchachos de un barrio pobre de Casablanca se transformaron en terroristas. La película no es sobre los atentados de Casablanca, sino sobre ese proceso de cambio en esos jóvenes ».

Historias humanas

Abundando en la misma línea, el cineasta pone de manifiesto que en la película también quiere demostrar “la falta de amor y de sentimientos positivos, así como la represión sexual en una sociedad como la marroquí. Es una desgracia porque el amor quizá hubiera sido la única cosa que habría salvado a esos jóvenes”. Dice Ayuch que “con esta película, no he querido estigmatizar el islam, sino contar una historia. Empecé la escritura del guión antes de leer el libro de Mahi Binebine, y en esa obra encontré muchas historias humanas, cuerpos y caras que me ayudaron para mi película”. El director de Les chevaux de Dieu se siente muy satisfecho de que “mi película circule en el mundo árabe”, y señala que “creo en la inteligencia del público marroquí, y estoy seguro de que sabrá apreciar mi trabajo”. Nabil Ayuch cree que el premio que recibió en España es también “una forma de reconocer que en Marruecos se está haciendo un buen cine”. Por eso mismo, celebra que “el año que viene el festival de Valladolid rinda un homenaje especial al cine marroquí”.

Buen cine

Nabil Ayuch asegura que “en Marruecos, el cine no tiene problemas, es muy apreciado por la población, incluso supera en taquilla al cine de Estados Unidos. Estamos en una época buena en cuanto a creatividad y hay una clima de libertad como  nunca antes se había visto”. “Si comparamos con las cinematografías de países como Egipto, Túnez y Argelia, que hace unos años eran potentes, hoy en día, Marruecos ofrece un cine más interesante, dinámico y creativo y los países que he citado están en crisis”, recalca Ayuch. El problema en Marruecos, a su juicio, es que “la industria cinematográfica prácticamente no existe, han cerrado la mayoría de las salas de cine del país en todas las ciudades importantes. En una gran ciudad como Agadir sólo queda una sala de proyección”. El director plantea que “el Estado tiene que tomar cartas en el asunto y ayudar a la industria del cine. Las autoridades cinematográficas han hecho algunas promesas y demuestran tener voluntad para solucionar los problemas. Ya veremos si las promesas se cumplen”.