Los estadios marroquíes quedan en manos de los vándalos

Clara García-Rabat

La violencia en los campos de fútbol en Marruecos es cada vez más frecuente

La violencia ha llegado con fuerza al fútbol marroquí. Los vándalos están presentes en casi todos los partidos de fútbol y utilizan los estadios para dar rienda suelta a sus instintos animales. Nada les puede parar, ni siquiera las porras de la Policía. Como dice el diario L´Economiste, “desde hace varios años los estadios se han convertido en verdaderas arenas de combate entre los hinchas de los equipos en competición”. El último ejemplo fue el pasado 4 de noviembre en un partido de fútbol en Kenitra. Un aficionado de Tetúan murió y siete jugadores del Magreb Atlétic Tetuán (MAT) resultaron heridos, dos de ellos de gravedad. Los hinchas del equipo local se liaron a pedradas contra el autobús del MAT. El pasado mes de abril, un partido de fútbol en Casablanca se saldó con un muerto y decenas de heridos y detenidos. Este suceso provocó una ola de indignación en todo el país, que hasta hace pocos años no estaba acostumbrado a este tipo de violencia. El sociólogo Mohamed Sakhi explica que “la violencia es un problema de sociedad que supera el deporte. Algunos estudios demuestran que  los protagonistas de este tipo de violencia en los estadios son individuos que buscan afirmar su identidad que la sociedad les niega”. En la mayoría de los casos, los vándalos son personas que no están bien integradas en la sociedad. “La muchedumbre da a esos individuos  un sentimiento de fuerza y seguridad, porque los hinchas se agrupan en un espacio reducido y forman una unidad, lo que les permite hacer cosas que no podrían realizar si estuvieran solos”, apunta el sociólogo. El también sociólogo Aziz Ludiji señala que “el fúbol es un escenario propicio para que prenda la mecha de la violencia, porque es un contexto en que los jóvenes con problemas y que no están organizados en partidos o asociaciones, pueden expresar lo peor que tienen dentro de ellos”. Ludiji asegura que ese fenómeno empezó en la última década del siglo XX, aunque en aquella etapa era un problema marginal que, con el paso de los años y la acumulación de problemas sociales, como el paro y la crisis, ha empeorado. Ciertos jóvenes violentos utilizan el fútbol para expresar su descontento, y por eso en algunos casos de actos vandálicos hay hinchas que enarbolan pancartas en las que hay escritas consignas a favor de la libertad y la dignidad.

Educación y civismo

Para el el ministro de Juventud y Deportes, Mohamed Uzin, “al principio se trataba de casos aislados y hoy constatamos una sistematización de los actos de violencia y una radicalización de estas bandas de menores que se hunden poco a poco en la verdadera delincuencia. Hace falta educación y civismo para frenar este problema”. Las autoridades marroquíes están preocupadas, porque el país será la sede en 2013 y 2104  del Campeonato del Mundo de Clubes y de la Copa de África de Naciones (CAN), el acontecimiento futbolístico más importante del continente africano. Marruecos es un país en plena transformación social, donde la modernidad convive con la tradición y los arcaísmos más rancios. La contestación social es un hecho generalizado en todo el país, y en bastantes casos se traduce en  algaradas callejeras. Por ejemplo, las protestas de los licenciados en paro en Rabat y otras ciudades, que ya no generan simpatía popular, suelen acabar casi siempre con cortes de calles y plazas y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.