Los ex presos del Sáhara quieren entrevistarse con el rey para mejorar su situación

Paco Soto-Sidi Slimane

Los ex presos marroquíes del Sáhara (en la foto, un grupo de ellos protesta en las calles de Rabat) sólo piden dos cosas: justicia y reconocimiento

Los soldados marroquíes que permanecieron detenidos durante muchos años en las cárceles de Tinduf, en el desierto argelino, tras haber sido apresados por el Frente Polisario, y los que murieron en combate son los grandes olvidados del conflicto saharaui en Marruecos. Los últimos 404 presos fueron liberados el 18 de agosto de 2005 gracias a una mediación  de Estados Unidos y la Cruz Roja Internacional. La mayoría estaban en manos del Frente Polisario desde finales de la década de los ochenta. Esos presos sufrieron duras condiciones de encarcelamiento,  hambre,  tortura y  malos tratos, y fueron utilizados como mano de obra esclava. En total, más de 2.400 militares marroquíes, entre soldados, suboficiales y oficiales, fueron detenidos entre 1976, cuando empezó el conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario apoyado por Argelia, y el alto el fuego entre las partes enfrentadas, en septiembre de 1991. Como dice la autora del libro ‘Sáhara. Memoria y olvido’, Yolanda Sobero, “el regreso, tantas veces anhelado y soñado, se convierte en una pesadilla para muchos. Salvo sus propias familias, nadie los espera, nadie cuenta con ellos, nadie les reconoce sus sufrimientos y méritos. Perdieron la juventud y buena parte de su vida en las cárceles del desierto… Cuando volvieron, descubrieron que eran fantasmas en su propio país”. En tiempos de Hasan II, la existencia de presos marroquíes en manos del Frente Polisario era un tema tabú. Las cosas mejoraron durante el reinado de Mohamed VI, pero, aún así, las familias de los presos y de muchos muertos y desaparecidos siguieron olvidadas por parte del Estado y en algunos casos presionadas para que no denunciaran su situación. “Ofendidos y olvidados”, escribe Yolanda Sobero en ‘Sáhara. Memoria y olvido’. El tema de los prisioneros de guerra de Tinduf sigue siendo un tema tabú en Marruecos. En noviembre de 2008, el coronel retirado  de la Fuerza Aérea Kadur Tehrzaz fue condenado a 12 años de prisión. Su ‘crimen’ fue enviar tres años antes al rey, que es jefe de las Fuerzas Armadas, una carta en la que el oficial expresaba su descontento por la situación de los presos de guerra liberados, pedía mejoras para ese colectivo  y lamentaba que no hubiesen sido promocionados, ni hubiesen recibido honores ni reconocimiento por parte del Estado. Mientras el Frente Polisario quiere conocer el paradero de 147 prisioneros de guerra saharauis, Marruecos reclama 210 soldados desaparecidos.

Nueva etapa

Cuatro años después de la condena contra el coronel Tehrzaz, la situación de los ex presos de guerra y de sus familias, así como de los familiares de los muertos y desaparecidos, ha mejorado sustancialmente. El Estado marroquí es ahora más sensible con esa problemática y una parte de los medios abordan la cuestión sin autocensura. Esta mejora se debe al trabajo titánico que durante años, y muchas veces en solitario, han llevado a cabo la Asociación Nacional  de Familias de Mártires, de Desaparecidos y de Presos del Sáhara Marroquí (ANFMDPSM) y su incansable portavoz,  Brahim Al-Hajjam. Este activista, que tiene 42 años y es padre de dos niños, es hijo de un militar que murió en la guerra del Sáhara. Creó la ANFMDPSM hace unos 10 años y dedica buena parte de sus vida a luchar por los intereses del amplio colectivo de antiguos presos de guerra y familiares de muertos y desaparecidos. Originario de la ciudad de Sidi Slimane (región del Gharb), a unos 80 kilómetros al norte de Rabat,  Al-Hajjam explica a Correo Diplomático que “la situación de los ex presos y sus familias ha mejorado bastante en los últimos años, sobre todo desde el punto de vista económico. Un soldado ex preso cobra una pensión de unos 5.200 dirhams (500 euros) al mes, mientras que un soldado en activo apenas llega a los 2.000 dirhams (menos de 200 euros)”. Pero sigue habiendo problemas. Por ejemplo, cuenta el portavoz de la ANFMDPSM, “el Estado se retrasa mucho en pagar ayudas e indemnizaciones”. Y, sin embargo, según Brahim Al-Hajjam, hay unas 30.000 familias afectadas por esta problemática. Además, muchas viudas de guerra con hijos a cargo cobran pensiones que no superan el equivalente de 200 euros al mes. Y algunas tendrán que esperar 34 años para que las autoridades les entreguen el certificado de defunción de sus maridos. “Sigue habiendo mucho sufrimiento y dificultades”, señala el activista, a pesar de que algunas instituciones del Estado, como la Fundación Hasan II para las Obras Sociales, han tomado cartas en el asunto. Otro de los problemas, subraya Al-Hajjam, es que “los hijos de los muertos y desaparecidos están sin derechos y no se benefician de la ley ni el Estado contempla en su presupuesto  ayudas”.

Homenaje nacional

La ANFMDPSM  da una cifra de soldados marroquíes desaparecidos en la guerra del Sáhara de 298, 88 más que los datos oficiales del Estado. Brahim Al-Hajjam pide a los partidos, al Gobierno y las instituciones que “hagan un mayor esfuerzo” por mejorar la situación de los ex presos de guerra y sus familiares, pero también la de los descendientes de muertos y desaparecidos, porque “estas personas, lo único que piden es ayuda material, reconocimiento moral y que el Estado, como ocurre en otros países, rinda un homenaje a las víctimas de la guerra del Sáhara una vez al año”. Al-Hajjam piensa que “el Estado marroquí siente como vergüenza por sus presos, muertos y desaparecidos. No ha sabido trabajar bien con este asunto, ni defender adecuadamente ante la ONU a las víctimas marroquíes de Argelia y el Frente Polisario”. Por ello, el portavoz de la ANFMDPSM anuncia que el objetivo de este colectivo de damnificados es “poder un día cercano reunirse con su majestad el rey Mohamed VI, porque es el jefe del Estado y el jefe de las Fuerzas Armadas”. “Estamos convencidos de que su majestad nos haría caso y ordenaría a los aparatos del Estado correspondientes  que tomaran medidas para paliar el sufrimiento de mucha gente”. Mientras muchos presos y sus famlias sueñan con ser recibidos un día por el jefe del Estado, en Rabat, enfrente del Parlamento, casi cada día se concentra un grupo de hombres de este colectivo que sólo pide dos cosas: justicia y reconocimiento.