El Gobierno de Rajoy no cambia su política económica, a pesar de la huelga general

Clara García-Rabat

El Gobierno de Mariano Rajoy no cambiará su política económica, a pesar de la oposición que provoca y de la última huelga general que paralizó España

El Gobierno de Mariano Rajoy, a pesar de la masiva huelga general que paralizó España el jueves, decidió que no cambiará su política económica basada en la austeridad y  el control del gasto público, porque considera que es la única alternativa para que el país salga de la crisis y supere el dramático problema del desemlpleo. El Gobierno aseguró que cuenta con el apoyo de la Unión Europea (UE). Mientras el PSOE y otras fuerzas opositoras al Gobierno del PP justificaron la huelga general, porque en España “se vive peor” desde que gobierna la derecha, los conservadores quitaron importancia a la protesta social. No habrá frenos, ni siquiera ligeras variaciones, a los recortes y ajustes que están en marcha. “No tenemos otra alternativa”, dicen en público ministros, altos cargos y dirigentes del PP. “Nos están robando el futuro”, aseguran los líderes sindicales y políticos que se oponen al actual Ejecutivo. El Gobierno del PP es consciente de que su política en materia económica, de momento, no ha aportado mejoras a la situación y suscita un gran descontento, incluso entre muchos votantes de la derecha. Pero desde La Moncloa están también convencidos de que muchos ciudadanos entienden que en estos momentos difíciles el país tiene que hacer grandes sacrificios. Según el Gobierno, estos ciudadanos no ven con buenos ojos los paros y protestas como la huelga general del jueves, porque consideran que no resuelven los problemas y dañan la imagen de España en el exterior. El ministro de Economía, Luis de Guindos, lo dejó muy claro: El Gobierno tiene una “hoja de ruta como único camino posible para evitar incertidumbres”. Por su parte, el titular de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, quitó importancia a la huelga general y  dio un apoyo sin fisuras al Gobierno. Rajoy dio la callada por respuesta cuando en los pasillos del Congreso le preguntaron por el paro general. En Bruselas, el comisario de Asuntos Económicos y vicepresidente de la Comisión Europea, Olli Rehn, valoró el esfuerzo en los ajustes que hace España para cumplir el objetivo de déficit, pero dejó muy claro que la UE no relajará el calendario para los próximos ejercicios.

Socialistas descolocados

En las filas del PSOE, cuyos dirigentes se han aficionado a asistir a las manifestaciones de protesta y comportarse a veces como si fueran un partido extraparlamentario, las declaraciones a favor de la huelga general y en contra del Gobierno son interminables. Casi todos quieren hablar y salir en la foto: Alfredo Pérez Rubalcaba, Óscar López, José Antonio Griñán… La situación de los socialistas es complicada, porque están estancados electoralmente y les cuesta horrores que la población olvide que también son responsables directos de la grave crisis económica, social y política que atraviesa España. Algunos diputados socialistas, violando las normas del Congreso, se atrevieron  a levantar carteles a favor de la huelga general y los 14 parlamentarios del PSC en la Cámara baja no acudieron a su sesión de trabajo porque se quedaron en Cataluña para hacer campaña de cara a las autonómicas del 25 de noviembre. Los diputados de IU, capitaneados por Cayo Lara, y de otros grupos de izquierda, también hicieron huelga y algunos se solidarizaron con los trabajadores que protestaban en las calles de Madrid y otras ciudades.  Los sindicatos cifran el seguimiento de la huelga genetal en el 76,7% y la gran patronal CEOE rebaja el dato al 12%. Según el Gobierno, la caída de la demanda eléctrica fue del 11%, inferior a la de la huelga general de marzo pasado, y aunque no hubo graves alteraciones del orden público, sí que se produjeron altercados con la Policía en varias ciudades como Madrid y Barcelona. En algunos casos, los vándalos de siempre se aprovecharon del descontrol y la confusión para quemar mobiliario urbano, montar barricadas y enfrentarse a las fuerzas de seguridad. Según el Ministerio del Interior, hubo 142 detenciones y 74 heridos en todo el país. Los incidentes violentos fueron especialmente graves en Madrid, sobre todo en la palza de Neptuno y alrededores.

Paros y manifestaciones

En Madrid y Barcelona, las manifestaciones colapsaron las principales arterias de ambas ciudades.  Según la Guardia Urbana, hasta 110.000 personas se concentraron en el Paseo de Gracia de la capital catalana, la mitad según la Delegación del Gobierno. En Valencia, 35.000, según la Policía local. En Madrid, donde grupos de jóvenes radicales provocaron a la Policía durante horas,  también se manifestaron pacíficamente unas  35.000 personas, según la Delegación del Gobierno. El Gobierno no quiso  cuantificar el seguimiento de la huelga general, pero la calificó de “baja” y “desigual” en sectores como el transporte, el comercio y la administración pública. Según los sindicatos convocantes, sobre un total de 14,23 millones de asalariados siguieron el paro. Por sectores, y siempre según los sindicatos, la participación fue  del 96% en agricultura, ganadería y construcción; de entre el 90% y el 95% en los transportes y la recogida de basura; del 68% en el comercio, y del 55% en los medios de comunicación. La mayor participación fue en la industria; en la administración pública fue del 52% “Estamos profundamente agradecidos a los trabajadores que han seguido la huelga, en una situación tan difícil, con casi seis millones de parados. Exigimos un cambio rotundo de las políticas del Gobierno, si no nos llevarán al precipicio”, manifestó  el secretario general de UGT, Cándido Méndez. “Frente a políticas que sumen al país en la recesión, deteriorando la convivencia y condenando al paro a seis millones de personas, hay alternativas. Las alternativas van a surgir de la presión de la ciudadanía, como han surgido en la lucha contra los desahucios”, recalcó  el secretario general de CC.OO., Ignacio Fernández Toxo, quien no descartó “más huelgas generales en los próximos meses”. Los paros y las protestas fueron especialmente relevantes en otros países europeos como Portugal, Francia, Italia y Grecia.