El islam radical acosa a Rusia, el país con más musulmanes de Europa

Evgueni Medvédev-Moscú

Restos de un coche calcinado tras un atentado terrorista en el Cáucaso Norte. El salafismo yihadista se extiende a varios territorios de la Federación Rusa

El salafismo yihadista empieza a extenderse por varias regiones de la Federación Rusa. Las autoridades  temen que la crisis en el mundo árabe, donde el islamismo político gobierna en varios países y el terrorismo yihadista golpea sin tregua, acabe contagiando a las repúblicas musulmanas de Asia central. Hasta hace poco tiempo, el salafismo yihadista actuaba fundamentalmente en el Cáucaso Norte, un amplio territorio entre Europa y Asia de interés geopolítico para Moscú  que agrupa a varias repúblicas y numerosas étnicas, y de vez en cuando cometía sangrientos atentados en la capital rusa. El Cáucaso Norte es una región que ha sido escenario de dos violentas guerras de independencia en Chechenia, en los años 90 del siglo XX. La detención esta semana en Moscú de seis miembros de Hizb al-Tahir al-Islami (Partido de la Liberación Islámica) ha hecho sonar la voz de alarma. Los seis presuntos extremistas están acusados de proselitismo radical en varias mezquitas de la capital del país, y estaban en posesión de armas y dinero, según los investigadores. Esta operación no es la primera de ese tipo. Varias células de esta organización yihadista  y de otros movimientos extremistas similares han sido desarticuladas por la Policía en los últimos meses. En algunos casos, los detenidos son islamistas muy fanatizados y dispuestos a las peores barbaridades terroristas. La naturaleza de algunos de estos detenidos hace pensar a los servicios antiterroristas de las fuerzas de seguridad que la amenaza salafista no es una exageración. Es lo que opina el politólogo Baryam Balci. Este experto indica que “los salafistas se aprovechan del incremento de la represión por parte de la Policía para golpear con más dureza y ahí donde más duele: en Moscú. Se comportan como bandas criminales mafiosas e incorporan en su ideario ideológico elementos identitarios e islámicos”. El origen del mal, si se puede calificar el problema de esta forma, está en el Cáucaso  Norte, donde actúan varios movimientos yihadistas desde hace años; suelen golpear a las fuerzas de seguridad, pero también a los sectores moderados de las comunidades musulmanas. El atentado mortal, a finales del pasado mes de agosto, contra el jeque Saïd Afandi Atsaev, líder espiritual de la cofradía sufí de los Naqshbandi, que defiende un islam moderado, demuestra que el yihadismo es un peligro real en Rusia.

Objetivo: Moscú

Moscú  ha sido golpeada  en varias ocasiones por diversos grupos terroristas procedentes del Cáucaso Norte. En 1999, durante el denominado “Septiembre negro”, más de 300 personas perdieron la vida en Moscú en una serie de atentados. En 2004, 41 personas murieron en la capital rusa en una explosión en el metro. En noviembre de 2009, un atentado contra el tren Nevski Express que une Moscú con San Petersburgo causó la muerte de 28 pasajeros. El 15 de febrero de 2010, en una entrevista a un portal de Internet islamista, el jefe de los insurgentes chechenos, Doku Umarov, declaró: “La sangre ya no se limitará a las ciudades del Cáucaso. La guerra llegará a las ciudades rusas”. Los terroristas cumplieron con su palabra y atentaron contra el metro de Moscú, causando 39 muertos  y numerosos heridos. En enero de 2011, 35 personas murieron en una atentado contra el aeropuerto moscovita de Domodedovo.

Extensión del problema

Los servicios de seguridad y los expertos en movimientos terroristas están francamente preocupados, porque, como indica Baryam Balci, el salafismo yihadista se está extendiendo a la región del Volga y de los Urales, sobre todo en las repúblicas autónomas de Tatarstán y de  Bachkortostan, donde viven una mayoría de musulmanes. Varios jefes religiosos moderados de estas repúblicas han sido víctimas de atentados de grupos yihadistas. Rusia es en la actualidad el primer país musulmán de Europa. Una comunidad de 20 millones de personas de origen islámico vive en este país. Los musulmanes suelen ser poblaciones locales arraigadas a determinados territorios mucho antes de que se constituyera la URSS. Esas poblaciones fueron islamizadas a partir del siglo VIII durante las conquistas árabes. También viven en la Federación Rusa pueblos de origen turco como los tártaros y los bachkirs y centenares de miles de inmigrantes musulmanes originarios de Asia Central, de donde procede el grupo Hizb al-Tahrir al-Islami, concretamente de Uzbekistán. Este grupo salafista, que oficialmente se declara contrario a la violencia, actúa clandestinamente en la región del Volga y los Urales. En este contexto, los analistas políticos ponen de manifiesto que el apoyo incondicional de Vladimir Putin al régimen dictatorial de Bachar el-Asad en Siria está también motivado por el miedo de los dirigentes rusos a que pueda haber una explosión salafista en el país. Moscú considera que dictaduras como la siria son un dique de contención al islamismo radical. Además, Rusia, después de haber tenido que soportar revueltas populares en países como Georgia, Ucrania y Kirghistan, no se fía de la Primavera Árabe, porque cree que ese movimiento de protesta es una puerta abierta al salafismo más violento. Putin está convencido de que si cede en Siria, después tendrá que hacer lo mismo en otros lugares del espacio geopolítico pos-soviético.

Vuelven los cosacos

En otro orden de cosas, según publica el diario español ABC, el Ayuntamiento de Moscú ha decidido permitir que unidades de cosacos ayuden a la Policía a garantizar el orden en las calles de la capital. Los cosacos  son un pueblo nómada y guerrero que se estableció de forma permanente en las estepas del sur de lo que son actualmente Rusia y Ucrania en el siglo X. De acuerdo con la información publicada por el rotativo madrileño, los cosacos patrullarán ataviados con su uniforme tradicional de la época zarista. En febrero de 2010, el entonces presidente Dimitri Medvédev promulgó varios decretos para la inserción de los cosacos en la sociedad rusa y, hace dos meses, el jefe del Estado Mayor, Nikolai Makárov, anunció que el Ejército ruso “tendrá en cada distrito militar como mínimo una brigada cosaca”.