Polonia lleva al cine la masacre de Jedwabne

Piotr Kowalski-Varsovia

 

El antisemitismo es un problema que sigue atormentando a Polonia. En la foto, se ve a un grupo de judíos capturados pos soldados alemanes en el gueto de Varsovia

El director y guionista polaco  Wladyslaw Pasikowski, que es un maestro del suspense, ha conseguido llevar a la gran pantalla el filme ‘Poklosie’,  un largometraje sobre la masacre de Jedwabne, un pueblo del noreste de Polonia donde en 1941, en plena ocupación nazi del país, sus habitantes quemaron vivos a sus vecinos judíos. Ese trágico episodio de la historia de Polonia llevado al cine servirá también para relanzar el debate sobre el antisemitismo en el país centroeuropeo. La película, que ya está en los cines polacos, es “una historia que sin duda va a interesar a muchos polacos, porque se trata de una de las páginas más dolorosas para nuestro país”, dijo su director a los medios de comunicación. “Hemos hecho muchas películas sobre los horrores perpetrados por los soviéticos y los alemanes. Ya es hora de que digamos lo que hicimos nosotros”, declaró Pasikowski, que tiene 53 años. El cineasta admitió que la publicación en el año  2000 del libro ‘Los vecinos’ del historiador estadounidense de origen polaco Jan Tomasz Gross le ha servido de inspiración directa para la creación del guión del filme. Gross  provocó una gran polémica en Polonia, donde una parte de la población sigue sin admitir que durante la Segunda Guerra Mundial muchos polacos, por acción u omisión, colaboraron con los nazis en el exterminio de los judíos. El historiador estadounidense demostró la implicación de la mayoría de la población de Jedwabne con la matanza de los judíos del pueblo, que fueron encerrados en una granja y quemados vivos. Según diversos historiadores, entre 340 y 1.500 judíos perdieron la vida en esa matanza llevada a cabo por polacos e instigada por los nazis. Es la conclusión a la que llegó en 2003 una comisión del Instituto de la Memoria Nacional (IPN) que investiga en Polonia los crímenes nazis y comunistas.

Descubrir el pasado

La película de Wladyslaw Pasikowski, que es una coproducción polaco-ruso-checa-holandesa, tiene lugar  en la Polonia de los años 1990, poco después de la caída del comunismo y antes de que se hiciera público lo que pasó en  Jedwabne. El filme narra la historia de los  habitantes de un pueblo imaginario polaco llamado Gorowka, donde hubo un pogromo durante la Segunda Guerra Mundial. La población local trata de intimidar a un vecino empeñado en preservar las tumbas judías. Ese vecino acaba descubriendo la verdad sobre el pasado del pueblo. Los trágicos acontecimientos de la guerra son utilizados por el cineasta para demostrar que  una verdad que ha sido ocultada durante mucho tiempo acaba por salir a la luz.

Antisemitismo

El catolicismo y el rechazo a los judíos son dos piezas esenciales de la identidad nacional polaca. Polonia fue hasta el siglo XVII uno de los países más tolerantes de Europa, lo que facilitó la llegada masiva de muchos judíos perseguidos en otras partes del Viejo Continente. A finales el siglo XVIII, la situación de los judíos polacos empezó a parecerse a la de otros territorios europeos. Cuando el país recuperó su soberanía en 1918, tras 123 años de ocupación, quedaban tres millones y medio de judíos. El antisemitismo se convirtió en uno de los problemas políticos más graves del país en reconstrucción.  El 90% de los judíos polacos fueron exterminado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, pero algunos murieron en pogromos, como los que tuvieron lugar en Jedwabne y en 1946 en Kielce –una ciudad del sudeste de Polonia-, donde decenas de judíos fueron linchados por la población. Según Daniel Goldhagen, por lo menos 1.500 judíos fueron asesinados en Polonia en diversos pogromos después de la guerra. El régimen comunista, que en una primera etapa integró a bastantes judíos en los aparatos del nuevo Estado, especialmente en los órganos de seguridad, también utilizó el antisemitismo cuando lo necesitó, porque « buscaba chivos expiatorios para encubrir sus fallos y malos resultados económicos y sociales », apunta el profesor de la Universidad Cardenal Wyszynski de Varsovia Jan Grosfeld. En marzo de 1968,  las luchas internas por el poder entre dos facciones del POUP (Partido Comunista) obligaron a miles  de intelectuales y profesionales liberales judíos a abandonar el país. En la actualidad, aunque queden muy pocos judíos en Polonia, el antisemitismo sigue siendo alentado por algunos sectores de la derecha más tradicionalista, obispos y sacerdotes, medios ultras como Radio María e intelectuales de extrema derecha.

Perdón por la masacre

En 2001, el entonces presidente de Polonia Aleksander Kwasniewski pidió perdón a los judíos por el crimen de Jedwabne, y son muchos los polacos que apuestan por impulsar un examen de conciencia. Tanto es así que, según estudios del sociólogo Ireneusz Krzeminski, el 10% de la población se manifiesta activamente en contra del antisemitismo. Stanislaw Krajewski, co-prresidente del Consejo Polaco para el Diálogo entre Cristianos y Judíos, admite que «hay un debate sobre el antisemitismo, porque no hay tabúes, y los polacos quieren hablar de los aspectos más turbios de su historia ». Pero la ideología del odio no ha desaparecido en una parte de la Iglesia católica, « a pesar de los esfuerzos que desplegó el Papa Juan Pablo II », destaca Jan Grosfeld, y cuenta con bastantes adeptos entre los votantes de la derecha nacionalista y populista y algunos nostálgicos del comunismo.