El conflicto palestino-israelí vuelve a la senda de la violencia y la sinrazón

Ahmed Chabi-Rabat- Alfredo Muller, servicio especial-Beirut

El conflicto entre palestinos e israelíes vuelve a la senda de la violencia. En la foto, un herido palestino por los bombardeos israelíes en la Franja de Gaza

El conflicto palestino-israelí, que lleva décadas desestabilizando a Oriente Próximo, ha vuelto a la senda de la violencia y la sinrazón. El lanzamiento de cohetes a territorio israelí por parte del movimiento islamista Hamas desde la Franja de Gaza  desencadenó una repuesta contundente y desproporcionada por parte de Tel Aviv. Una vez más, los civiles, sobre todo los palestinos, porque son la parte más débil del conflicto, se convierten en las principales víctimas de esta escalada de violencia que ha puesto a la comunidad internacional en alerta. Desde el pasado miércoles han muerto cerca de 80 palestinos y tres israelíes y hay unos 500 heridos, según fuentes sanitarias palestinas. Los periodistas son uno de los enemigos de Israel, y por eso dos centros internacionales de prensa fueron  blanco de proyectiles lanzados por la marina y la aviación israelíes. Seis periodistas y trabajadores resultaron heridos y un fotógrafo perdió una pierna. Mohamed Astal, de la televisión árabe Al Quds, comentó consternado: “Todo el mundo sabe que este edificio alberga a periodistas. Está señalizado de forma muy clara para que se sepa que es un centro de prensa. Así que nos quedamos conmocionados cuando esta mañana un proyectil golpeó el edificio. Lo abandonamos rápidamente”. El paso fronterizo de Rafá, en el sur de la Franja de Gaza, ha sido castigado por los constantes bombardeos contra instalaciones y túneles utilizados por grupos armados palestinos. Mientras, las milicias de Hamas siguen lanzando cohetes contra el territorio israelí, y su amenaza va más allá de las localidades fronterizas, donde las sirenas de alarma suenan a diario. En Tel Aviv, el sistema antimisiles  logró derribar dos cohetes el domingo. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyanhu,  declaró que Israel está preparada para ampliar la ofensiva y hacer pagar a Hamas un alto precio por el lanzamiento de cohetes. La destrucción y la muerte avanzan rápidamente en la Franja de Gaza y el alto el fuego impulsado por los egipcios entre las partes enfrentadas, de momento, no ha podido concretarse. De las decenas de palestinos muertos, una parte importante –al menos 8- son niños. Mientras barcos de guerra israelíes bombardean Gaza desde el mar,  Londres, por boca del titular de Exteriores, William Hague, advirtió con preocupación que una ofensiva terrestre en territorio palestino como planean las autoridades israelíes podría debilitar el apoyo internacional a Israel. No parece importarle a Netanyahu, quien aseguró que está preparado para “ampliar la operación” de castigo contra los palestinos. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pidió contención a Israel y el jefe de la diplomacia francesa,  Laurent Fabius, viajó a Israel y los territorios palestinos con un solo objetivo: “impedir una guerra a largo plazo” y “lograr un alto el fuego a corto plazo”.

Presionar a Israel

De momento, la aviación israelí ha identificado hasta 950 objetivos en el territorio palestino, mientras que las milicias palestinas han disparado al menos 760 cohetes conra Israel. La actividad económica está completamente paralizada en Gaza y su población está a la espera de que llegue el alto el fuego, sobre todo desde que el primer ministro egipcio, Hisham Qandil, viajó  a Gaza y pidió a la comunidad internacional  que presione a Israel para conseguir este objetivo. Turquía, Túnez y Catar están del lado de Egipto, o al menos eso dicen sus dirigentes. Según Mukheimar Abu Saada, politólogo de la Universidad de Al Azhar, la moral sigue alta en Hamas, y este movimiento islamista está bastante convencido de que las presiones sobre Israel y el alto el fuego supondrían también el final del embargo que Tel Aviv mantiene sobre la Franja de Gaza. Más de cinco años de embargo económico han repercutido negativamente en la vida del millón y medio de palestinos que se las apañan como pueden en un estrecho territorio. La mayoría de la población no puede salir de Gaza, aunque Egipto facilite la entrada de palestinos a su territorio. El comercio y las relaciones con el mundo exterior desde Gaza siguen llevándose a cabo a través de túneles subterráneos. En Israel, el Gobierno autorizó la movilización de 75.000 reservistas y la población, aunque está acostumbrada a las situaciones extremas, pide protección a las autoridades.

Diplomacia de alta intensidad

Las reuniones diplomáticas de alto nivel para encontrar una solución al conflicto se sucedieron en El Cairo durante el fin de semana, y en ellas desempeñaron un papel clave la diplomacia egipcia y Hamas, pero también  el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, y los ministros de  Asuntos Exteriores de la Liga Árabe. “Hay indicios de que existe una posibilidad de alto el fuego pronto, pero no hay aún garantías firmes”,   manifestó el presidente egipcio, Mohamed Morsi, en una rueda de prensa conjunta con el turco Erdogan. Por su parte,  el secretario de la Liga Árabe, Nabil al-Arabi, denunció “la agresión de Israel” contra Gaza  y prometió a su población de dentro y fuera de la Franja “que proporcionaremos ayuda para confrontar esta agresión y romper el bloqueo”.  Jaled Meshal, uno de los líderes más destacados de Hamas, se entrevistó  con responsables de los servicios de inteligencia egipcios, y según informaron fuentes palestinas al diario Haaretz, a cambio de un alto al fuego, este dirigente  pidió el fin de los ataques israelíes contra responsables del movimiento islamista y que Egipto actúe a favor del levantamiento del bloqueo económico de la Franja de Gaza.  Erdogan, que está siendo muy activo en esta crisis, conversó por teléfono con Barack Obama, y durante un discurso en la Universidad de El Cairo, el mismo recinto que escogió el mandatario estadounidense  para dirigirse al mundo árabe en 2009, acusó a Israel de “convertir la región en un pantano de sangre”. “Cada gota de sangre palestina es vertida de las venas de todos los musulmanes, y cada lágrima que cae de sus ojos, es nuestra lágrima también”, declaró  Erdogan, quién firmó con su homólogo egipcio, Hisham Kandil,  varios acuerdos financieros y diplomáticos. Obama, que fue reelegido recientemente presidente de Estados Unidos, tampoco se quedó corto en su afán diplomático por encontrar una salida pactada a la crisis entre Hamas e Israel. Consciente de que tiene que tener en cuenta los intereses de los poderosos grupos de presión pro-israelíes que actúan en Estados Unidos, Obama se refugió en un discurso de apoyo a Israel, porque considera que es el país agredido, pero sin olvidar del todo a los palestinos. “Israel tiene derecho a esperar que no se disparen misiles contra su territorio”,  declaró Obama en Bangkok, donde inició el domingo una visita a tres países de Asia. “Si puede lograr eso sin una escalada de la actividad militar en Gaza, sería preferible. No solo es preferible para el pueblo de Gaza, sino también para los israelíes, porque si las tropas israelíes entran en Gaza, corren mucho más riesgo de muertos o heridos”, agregó el inquilino de la Casa Blanca. Por su parte, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que acompaña a Obama en la gira por Tailandia, Burma y Camboya, habló  con el rey Abdullah de Jordania, el primer ministro de Qatar y los ministros de Asuntos Exteriores de Israel y Egipto. Washington considera que Hamas es el único culpable de lo que está pasando en la Franja de Gaza. “Hay que dejar claro cuál ha sido el factor precipitante: los cohetes disparados contra áreas civiles israelíes desde hace ya algún tiempo”, recalcó  el consejero de Seguridad Nacional del presidente, Thomas Donilon. “Los israelíes han soportado durante demasiado tiempo la amenaza de esos cohetes, y fue eso lo que llevó a los israelíes a emprender las acciones en Gaza”, señaló Donilon. China también se unió a las voces que piden un alto el fuego y una negociación entre las partes enfrentadas para salir del atolladero.

Hizbolá dice no

Desde Líbano, el líder del movimiento islamista chií Hizbolá, Hasan Nasralá, rechazó la posible implicación de su país en el último conflicto entre Israel y Hamas en Gaza. Según diversos analistas políticos, la participación del Líbano en el conflicto de Gaza no beneficiaría a ninguno de los grupos políticos libaneses y tampoco sería positivo para Hizbolá, que en estos momentos está preocupado en seguir la evolución de los acontecimientos en Siria, y no descarta la caída del régimen dictatorial de Damasco. Hizbolá es un firme aliado  de Bachar al-Asad. Hasan Nasralá declaró en una entrevista en televisión que Isarel cometería un “grave error” si lanzara una operación terrestre sobre Gaza, y pidió a los países árabes que presionen a Tel Aviv y Occidente, por ejemplo, elevando el precio del petróleo, para que esa intervención no tenga lugar. Pero el líder chií no hizo un llamamiento a la violencia para superar la crisis. Por su parte, el dirigente militar del grupo palestino Al Fatah del campo de refugiados de Ain el Helue, en el sur de Líbano,  Munir Makdah, también pidió a los países árabes que presionen a Israel.

Análisis

La guerra anunciada

La “cohabitación” armada y sangrienta entre palestinos e israelíes se está convirtiendo en un destino implacable

Por Sami Naïr (artículo publicado en la edición del diario El País del 16 de noviembre).

De nuevo, los pueblos palestino e israelí se convierten en rehenes y víctimas de la política desastrosa de sus dirigentes. Más muertos, heridos, tragedias humanas. ¿Por qué esta vez? Varias son las razones: por parte de Israel, la preparación de las elecciones legislativas que el jefe de Gobierno, Benjamin Netanyahu, quiere ganar en detrimento de la “extrema” derecha que forma parte de su coalición gubernamental.En este caso, nada mejor que un enfrentamiento con los palestinos para demostrar que es él quien puede “defender” mejor a los israelíes. Para ello, asesina al jefe militar de Hamas, lo que provoca la reacción inmediata de este movimiento con disparos de cohetes sobre Israel. Los israelíes también han anunciado claramente su intención de torpedear a la Autoridad Palestina, si ésta continua buscando la proclamación del Estado palestino en la Asamblea General de la ONU. El 24 de octubre, el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Avigdor Lieberman, político ultraderechista, afirmó en una charla con la representante de la Unión Europea, Catherine Ashton, que, en el caso de que la demanda palestina prosperase, no quedaría más remedio que “derribar” a Abbas y destrozar la Autoridad Nacional Palestina. Quizá los bombardeos sobre Gaza son el primer paso de dicha voluntad.

En la misma línea, la estrategia israelí de asesinatos “planificados”, puesta en marcha con total impunidad desde hace más de quince años, permite reanimar el conflicto cada vez que surge una chispa de solución política. Este derecho de matar y de derribar gobiernos, añadido a la sospecha de que los servicios de seguridad de Israel envenenaron a Yasir Arafat da una idea de hasta dónde puede llegar el Estado hebreo. Finalmente, es también muy probable que los dirigentes israelíes, de acuerdo con algunos sectores del poder estadounidense, busquen, en caso de conflicto con los palestinos, probar la reacción de los Hermanos Musulmanes ahora en el poder en Egipto. Por otra parte, la Autoridad Palestina y Hamas se encuentran también en una carrera electoral. Hamas tiene interés en radicalizar el enfrentamiento militar con los ocupantes israelíes, y la Autoridad, dirigida por Mahmud Abbas, necesita conseguir algo para poder enfrentarse a sus adversarios religiosos, pues es evidente que la elección de la paz negociada al amparo de la comunidad internacional ha fracasado. Un Estado palestino al lado de Israel parece cada vez más una quimera; al revés, la “cohabitación” armada y sangrienta entre los dos pueblos se está convirtiendo en un destino implacable. En realidad, estamos ante una guerra de los cien años, que, con la diseminación de armas de destrucción masiva, acabará en una conflagración destructora, no sólo para ambos adversarios, sino para toda la región. No es una amenaza lejana. La balcanización a la que estamos asistiendo, con la destrucción probable del Estado-nación sirio después del de Irak; el auge de los movimientos radicales religiosos, ahora directamente apoyados por las potencias occidentales; la posibilidad de un bombardeo israelí sobre Irán; la reacción inevitable de este país directamente sobre Israel y sobre los países proamericanos del Golfo, de hecho aliados de Israel (especialmente Arabia Saudí); además de la intervención inevitable de Hezbolá en el sur de Líbano son los ingredientes que están hirviendo en la región.

Con la guerra civil siria como telón de fondo, los bombardeos israelíes en Gaza encienden la mecha del conflicto en la región. Bachar el Asad, entre la espada y la pared, también puede reaccionar provocando el enfrentamiento directo con Israel. De modo que la primavera árabe en Oriente Próximo podría desembocar en un infierno para todos. Esta situación, dramáticamente peligrosa, se está dando en un contexto geopolítico muy incierto. Barack Obama acaba de ser reelegido, pero Israel no confía mucho en él. El enfrentamiento actual en Gaza, el apoyo incondicional de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU, demuestra que, de momento, Israel se sigue beneficiando de la solidaridad del presidente norteamericano. En Rusia, Vladimir Putin afronta una situación interna agitada y, en China, Xi Jinping, nombrado nuevo emperador comunista, necesitará tiempo para adaptarse a este contexto. Con lo que la impotencia internacional está garantizada. Para definir este tipo de situación, el filósofo Francis Herbert Bradley decía amarga e irónicamente: “Cuando todo va mal, no debe ser tan malo probar lo peor”. Así que los apóstoles de la guerra pueden prosperar libremente en Oriente Próximo.