La violencia no es el camino

Por Paco Soto

La violencia no es el camino para solucionar el conflicto entre palestinos e israelíes, sino una dificultad para su solución

La nueva escalada de violencia entre israelíes y palestinos en la Franja de Gaza deja a todas las personas de buena voluntad sin saber qué decir sobre este conflicto. Tengo la sensación de que ya se ha escrito prácticamente todo sobre el conflicto que opone al Estado de Israel y los palestinos y el conjunto del mundo árabe desde finales de los años 40 del siglo pasado. Si Israel, apoyado por sus aliados más directos, como Estados Unidos, se empeña en no querer aceptar la constitución de un Estado nacional palestino reconocido por la ONU y opta por la vía de la represión, la violencia y el terrorismo de Estado para solucionar los problemas que ese conflicto genera, estoy convencido de que dentro de 10 años seguiremos hablando y escribiendo sobre esa problemática. Y lo digo con enorme tristeza. Ahora bien, si los extremistas palestinos, que por desgracia no son cuatro gatos sin apoyo social, se niegan a asumir que Israel es una realidad que no se puede destruir por la vía armada y los atentados terroristas indiscriminados, tampoco se conseguirá una resolución de este conflicto. Los palestinos, desde mi punto de vista, son la parte débil del problema, pero no son una realidad homogénea y en su seno hay grupos radicales antisemitas  que no buscan la paz sino acabar con todos los judíos que viven en Oriente Próximo. Hamas en la Franja de Gaza es uno de esos grupos y es parte del problema. Algo parecido ocurre entre los israelíes, donde aunque hay pacifistas, liberales y moderados que buscan una paz sincera con sus vecinos palestinos, también hay muchos fanáticos y extremistas de derecha que odian a los árabes y tratan a los palestinos como si fueran perros rabiosos. La raíz del problema no se encuentra exclusivamente en la existencia de extremistas y sectarios en los dos bandos, pero es un elemento a tener en cuenta si de verdad queremos contribuir a la resolución de la pugna violenta entre israelíes y palestinos. Desgraciadamente, tanto en los sectores pro-israelíes como pro-palestinos hay demasiados oportunistas, fuerzas y personas sin escrúpulos ni principios éticos que se aprovechan del contencioso para sacar partido desde el punto de vista político, social y económico. Por eso quiero insistir en que las personas de buena voluntad, los hombres y las mujeres honrados y que de verdad están por la paz, árabes, europeos y de otros países y continentes, musulmanes, judíos, cristianos, agnósticos o ateos, liberales o conservadores, de izquierda o de derecha, tienen que hacer un gran esfuerzo por cerrar el paso a los fanáticos y los canallas y abrir las puertas del entendimiento, como primer paso hacia el diálogo y después el acuerdo entre las partes enfrentadas. La violencia no es el camino.

Todo lo contrario: la violencia enloquece aún más la situación y aleja al conflicto palestino-israelí de su resolución. Soy consciente de que solo estoy esbozando algunos principios generales, y sé perfectamente que una solución al drama que viven los palestinos y a la situación ezquizofrénica que soportan los israelíes tendrá que venir de la mano de la comunidad internacional y, sobre todo, de los países y regiones más influyentes: Estados Unidos, Rusia, China, la Unión Europea (UE) y los Estados árabes. Palestinos e israelíes por sí solos no podrán llegar a un acuerdo definitivo y duradero. Hay demasiados intereses de por medio, demasiado odio y sufrimiento acumulados. Ahora bien, no está de más que los ciudadanos de a pie de buena voluntad aportemos nuestro grano de arena. Quedarnos callados sería un error ético y político, porque dejaríamos las manos libres a los fanáticos, los sectarios y los oportunistas, a los que no quieren que algo cambie y solo tienen un objetivo: acabar con al adversario, al que no consideran humano. Asesinar a jefes militares y políticos palestinos, bombardear Gaza o acosar a la Autoridad Nacional Palestina es la mejor manera de envenenar la situación. Lanzar cohetes  u organizar atentados indiscriminados contra objetivos humanos y materiales israelíes tampoco es un buen camino. No me vale el argumento de que Israel tiene mayor fuerza militar y más apoyo internacional que los palestinos y  que el Gobierno de Benjamin Netanyahu es ferozmente antiárabe y mantiene en su seno a extremistas impresentables como el titular de Exteriores, Avigdor Lieberman. La prepotencia y la chulería militarista de Israel no justifica el terrorismo de algunos grupos palestinos. No hay causa noble si los métodos que se utilizan son criminales y deleznables. ¿Hasta cuándo más muertes, heridos y tragedias humanas? Insisto una vez más: Es hora de que los ciudadanos de buena voluntad alcemos  la voz y digamos ¡basta ya! De lo contrario, si dejamos este conflicto en manos de los halcones de uno y otro bando, corremos  el riesgo de que Oriente Próximo acabe siendo una pradera en llamas que más tarde o más temprano acabará quemando a la propia Europa.