La derecha francesa se desangra en su lucha por la presidencia de la UMP

Jean-Claude Dufour-París

La derecha francesa se desangra en su lucha por la presidencia y el control de la UMP. En la foto, de izquierda a derecha, los dos principales contrincantes, Jean-François Copé y François Fillon

La derecha francesa, agrupada mayoritariamente en la Unión por un Movimiento popular (UMP), se desangra. Las elecciones internas en este partido para elegir a un nuevo presidente han resultado ser un fiasco. Jean-François Copé, que representa al sector más duro y de derecha de la UMP, fue elegido presidente el domingo pasado, pero su principal rival político, el ex primer ministro François Fillon, se atribuyó la victoria y acusó a su contrincante de haber manipulado los votos. Fillon, finalmente, renunció a ponerse al frente de la UMP, pero dejó claro que no piensa enterrar el hacha de guerra. Este vaudeville político a la francesa está resultando patético y da una imagen de Francia muy alejada de los estándares democráticos europeos. El funcionamiento interno de la UMP, como le ocurrió al Partido Socialista (PS) en el congreso de Reims en 2008, se parece al de una república bananera. Las elecciones para la presidencia de la UMP fueron una farsa, y todo indica que en muchos lugares donde los militantes acudieron a votar, los resultados finales fueron manipulados a favor de Copé. En su última denuncia, Fillon aseguró que  el comité electoral de la UMP olvidó contar más de 1.300 votos emitidos en tres provincias de ultramar donde el ex primer ministro habría ganado por 124 votos (Wallis y Futuna, Nueva Caledonia y Mayotte), lo que le daría el triunfo global por 26 sufragios, ya que, según el recuento oficial, Copé se impuso por 98 papeletas sobre su contrincante. El ex primer ministro exigió  “una dirección colegiada” presidida por Alain Juppé, cofundador del partido y ex ministro de Asuntos  Exteriores de Nicolas Sarkozy,  y amenazó con recurrir a los jueces si la dirección del partido no atiende sus peticiones. Por su parte, Copé,  ex jefe del aparato de la UMP y alcalde de Meaux, manifestó que “el principio es que, mientras no haya otra decisión, el presidente sigue siendo el presidente”. En la misma línea, el comité electoral del partido, el  COCOE, que está  controlado por los partidarios del nuevo presidente,  rechazó los peticiones de Fillon. Además, Copé, que obtuvo el 50,03% de los más de 174.000 votos emitidos por la militancia,  reiteró  que impugnará el recuento oficial (que le benefició) y que solicitará que se revise “lo que pasó en Niza”, donde sus partidarios acusan a los seguidores de Fillon de haber cometido un fraude masivo el pasado domingo. Copé le pidió a Fillon que vuelva a la senda de “la razón y la serenidad”, y abogó por el “entendimiento” para superar este conflicto. Según ponen de manifiesto diversos analistas, las divergencias internas en  la UMP en torno a la elección de su presidente reflejan el malestar por las derrotas en las elecciones presidenciales y legislativas entre el ala centrista y moderada del partido encabezada por Fillon y el sector duro de la denominada “derecha sin complejos” que lidera Copé. Ese sector radical intenta acercarse a los electores del extremista Frente Nacional (FN) de Marine le Pen en cuestiones como la inseguridad ciudadana, la identidad nacional y la inmigración, pero hasta la fecha esa estrategia, que es rechazada por una parte de la UMP, no le ha resultado positiva. En este contexto, el ex presidente Nicolas Sarkozy, que teóricamente está retirado, podría ser candidato en las primarias de 2016 con el ojo puesto en las presidenciales de 2017. El diario satírico y político Le canard enchaîné informó de que Sarkozy ha maniobrado en la UMP para que los resultados entre Copé y Fillon estuvieran muy igualados y de esa forma restaran legitimidad al ganador y posible rival dentro de cuatro años.

La sombra de la escisión

Alain Juppé, que está demostrando mucho temple en esta crisis, porque teme una implosión de la UMP, se mostró “dispuesto” a una mediación entre partidarios de Copé y Fillon, pero puso como “condición absoluta” que los dos sectores se pongan “de acuerdo y colaboren”. En este contexto interno tan lamentable, algunos partidarios del ex primer ministro de Sarkozy, agrupados en torno a 110 parlamentarios, votaron una moción en la que amenazan con promover una escisión en la UMP, según confirmó uno de sus protagonista al diario Echos. El diario Libération, en su edición del 20 de noviembre, planteó que el futuro de la UMP está amenazado por las luchas internas. Hasta cierto punto es lógico que esto ocurre en un partido donde en su seno coexisten distintas tendencias políticas, desde personas muy moderadas y centristas hasta dirigentes, cargos públicos y  militantes que están cerca de las tesis de la extrema derecha. La crisis interna en la UMP beneficia fundamentalmente al FN, que hace todo lo posible por pescar en río revuelto, a la Unión de Demócratas Independientes (UDI), el nuevo partido centrista de Jean-Louis Borloo,  pero también al PS, que de la mano del presidente François Hollande intenta ganar apoyos entre los votantes moderados de la UMP. De momento, estas opciones políticas están a la espera de lo que ocurra en la UMP en los próximos tiempos. “Muchos adherentes de la UMP, ante este espectáculo, sacaran sus conclusiones y romperán con su antigua familia para combatir con nosotros”, declaró el vicepresidente del FN, Louis Aliot.