Sin punto medio

Por Néstor Tazueco (*)

El director de Polska Viva, Néstor Tazueco, lamenta que Polonia, el país más grande y con mayor peso político de la antigua Europa comunista integrada en la UE, esté tan dividido entre conservadores y liberales

El anverso y el reverso el blanco y el negro, la cara y la cruz, el Yin y el Yang, derecha e izquierda, las leyes de la naturaleza dicen que los polos opuestos se atraen, pero en el caso de las ideas políticas suele ser todo lo contrario: se repugnan y odian. Una situación que cada día se agudiza más en Polonia con una nación dividida completamente entre los liberales y los ultraconservadores. El país que ha sabido, o más bien podido, capear la crisis económica internacional gracias a las inmensas ayudas europeas, la modernización de su economía y la libertad que le ha dado su moneda, el zloty, posibilitando su depreciación o fortalecimiento según la coyuntura, no ha podido acabar con las dos Polonias, sino que más bien se ha embrutecido la situación. Su sociedad sigue dividida, y cada vez más, como demostraron los graves incidentes ocurridos durante las manifestaciones del Día de la Independencia del 11 de noviembre en Varsovia con un saldo de 176 detenidos y 22 policías heridos en unos disturbios totalmente inesperados que evidenciaron una realidad tapada: la mitad del país quiere abrirse al mundo y la otra mitad prefiere cerrarse herméticamente.

Por un lado, el progreso ha beneficiado a una parte importante de la población, que ha elevado su nivel económico, cultural y con ello su capacidad de respeto y tolerancia. Muchos jóvenes estudian en las Universidades y acceden a becas en otros países, viajan al extranjero, aprenden idiomas y creen en una Polonia abierta, hospitalaria e integrada en las sinergias globales. La cada vez más numerosa clase media urbana ve en la interculturalidad un medio de enriquecimiento personal y aprende bailes latinos, asiste a ciclos de cine africano o a exposiciones itinerantes llegadas del Lejano Oriente. Personas en su mayoría votantes del partido gobernante de centroderecha Plataforma Cívica –PO- del Primer Ministro Donald Tusk. Por otro, algo menos de la mitad de la población según los últimos sondeos electorales, repudia lo diferente, lo extranjero, lo que no lleve el águila blanca, símbolo nacional, cosido en el pecho y no ondee las banderas rojiblancas al son del himno nacional ante cualquier celebración. Un patriotismo exclusivo no solo con los no polacos sino también con sus compatriotas que no opinan como ellos.

De la mano de la Iglesia Católica, el campesinado, los mayores, las población rural y, sorprendentemente, numerosos grupos de jóvenes ultra católicos herederos de la mentalidad de sus padres y abuelos, los seguidores de Ley y Justicia –PiS- y de Jaroslaw Kaczynski se refugian tras los pilares más arcaicos de Polonia para defenderse de sus miedos a…, a todo lo demás. Homofobia, xenofobia, racismo e intolerancia son las cuatro patas sobre las que se sostiene la mentalidad de cerca de la mitad de la población polaca. No es extraño conocer a una persona joven, con educación, aparentemente moderna en su forma de vestir y gustos, con pareja, a la que le gusta el fútbol y la cerveza y ha viajado a diferentes países que, de buenas a primeras, cambia cuando oye palabras como “gay”, “negros”, “ateísmo” o “rusos”, por citar cuatro claros ejemplos. Estos términos se convierten en interruptores activadores de sus más profundos sentimientos de repudio por lo que no es “normal” para ellos. Y en este panorama se hace complicado vaticinar el camino que tomará finalmente la sociedad polaca.

La aparición en escena hace dos años del nuevo partido Ruch Palikot –Movimiento Palikot (en honor a su líder Janusz Palikot, un excéntrico y rico empresario)- pareció significar un suevo soplo de aire al acomodado y arcaico panorama político. Pronto se alzó como la tercera fuerza y la más votada de izquierdas frente a los dos grandes de centro derecha, PO, y de extrema derecha, PiS. Definido como libertario, liberal, anticlerical, populista y de izquierdas, provocador y reivindicador de la legalización del aborto, del cannabis o del matrimonio homosexual, caló muy fácil entre los más jóvenes. Sin embargo, la demagogia y el populismo parecen ser las causantes de su propia caída, con un claro retroceso en el número de simpatizantes que les dejaría como 4 o 5 fuerza en las próximas elecciones y sin el título de paladín de la izquierda polaca.

Da la impresión de que hay unos grilletes cerrados y oxidados en las patas de las águilas polacas que les impiden volar y salir de sus cuevas. “Nunca lo que nos ha venido de fuera de nuestras fronteras nos ha traído nada bueno, solo invasiones, conquistas, dictaduras, traiciones y muerte”, explicaba en el centro de Varsovia un joven entorno a la treintena en la manifestación del 11 de noviembre, día de la Independencia polaca.

Un argumento muy bien utilizado por los conservadores y muy mal rebatido por los liberales, que se muestran incapaces de mostrar los bienes del europeísmo, la modernización, la evolución social y la igualdad entre personas sin importar sus preferencias sexuales, religiosas o políticas. Como dice el sabio refranero español: “Los unos por los otros, la casa sin barrer”.

(*). Néstor Tazueco es periodista de profesión. Nacido en Zaragoza, trabajó en España en medios como Heraldo de Aragón. Vive en Polonia desde hace cuatro años y en la actualidad es director de Polska Viva, el primer periódco polaco en español, y de la versión online de este medio.