Emigración portuguesa, un nuevo paradigma

Raúl Manuel Braga Pires

Estos edificios en construcción en Luanda, la capital de Angola, demuestran que el país africano vive un intenso crecimiento. Esta situación atrae a muchos portugueses en paro en su país

La Cumbre Iberoamericana del pasado fin de semana  marca de forma oficial lo que todos ya nos habíamos dado cuenta. Es el momento  de las antiguas colonias, que por lo general se consideran países subdesarrollados o en desarrollo, que van a ayudar económica, financiera y socialmente a  la antigua metrópoli. Este momento se caracteriza no sólo por el discurso inaugural del Presidente de México, Felipe Calderón, quien dijo explícitamente que su país está listo para ayudar a Portugal y España a salir de esta crisis, sino también en lo que ya era conocido como Declaración de Cádiz. Todas las economías de América Latina se han comprometido a desarrollar y apoyar a las pequeñas y medianas empresas, creando condiciones para su desarrollo, ya que son éstas las que combatirán las actuales altas tasas de desempleo.

Portugal y la nueva inmigración

Con una tasa oficial de desempleo del 16%, los portugueses han encontrado refugio en Angola y Brasil, sobre todo, porque ambos países son de lengua portuguesa y tienen economías poderosas. Siguen el consejo del actual primer ministro, Pedro Passos Coelho, quien en diciembre de 2011 planteó a los profesores portugueses sin trabajo que emigraran a países de habla portuguesa. Estos nuevos emigrantes reproducen la imagen de lo que ha sucedido cíclicamente en diversos períodos de nuestra historia, como en los años 20, sobre todo a Brasil, y en los años 60/70, principalmente a Europa después de la guerra. Incluso hoy en día, París (área metropolitana) es considerada la ciudad con más portugueses en Europa -un millón de personas- después de Lisboa. El nuevo emigrante portugués no tiene nada que ver, sin embargo, con la famosa imagen de la “Maleta de Cartón” retratada en una canción de Suza Linda, quien también emigró a Francia, y titulada “Un Portugués”, a finales de los años 70.  Estos nuevos inmigrantes ya no dan “el salto” a Francia, ni son analfabetos. Por el contrario, la tendencia actual es que son jóvenes con estudios superiores que deciden hacer una carrera en el extranjero, en países que ofrecen mejores condiciones de trabajo.

Por ejemplo, Brasil ha anunciado recientemente que necesita contratar a cerca de 50.000 ingenieros para sus empresas. Sectores como el turismo, la sanidad y la educación son  una buena puerta de entrada de los portugueses en este país hermano, que simplificó su legislación con el fin de facilitar la carta de residencia portuguesa a los que constituyan empresas. Por otra parte, un fenómeno que también se ha constatado, es que vuelven a Brasil  muchos brasileños que emigraron a Portugal debido a la crisis actual, y reciben por parte del Estado portugués un incentivo económico para regresar a su país.
Angola y Mozambique son otro ejemplo de la reciente fuga de jóvenes cuadros portugueses  y ese retorno a África estimula  la imaginación de los portugueses. Sobre todo Angola, cuya paz y  auge económico reciente han creado grandes oportunidades en el sector de la construcción, y también en sectores como el comercio de materiales de construcción. En este caso, también existe un mercado para la mano de obra menos especializada. Dicho sea de paso, Angola, como necesita mano de obra en todos los sectores, facilita una fuga enorme para los inmigrantes de clase media baja.

Angola también ha demostrado que es un caso especial, ya que los fuertes lazos familiares entre Portugal y este país africano han permitido y facilitado una fuerte inversión de Angola en Portugal, especialmente en los sectores de bienes raíces, banca, telecomunicaciones y medios. Pero este proceso no se ha hecho sin polémica, porque a la cabeza de estas inversiones ha estado siempre Isabel dos Santos, la hija empresaria del Presidente José Eduardo dos Santos. Portugal anunció recientemente la modalidad del denominado  “Visa Gold”, un visado de residencia dorada  exclusivamente para aquellos que compren una propiedad en el país por un valor mínimo de 1 millón de euros. Es una forma de atraer  angoleños y rusos, sobre todo en el sector inmobiliario, donde es muy común que se lave dinero sucio.

No hay cifras ni estadísticas definitivas todavía disponibles para los últimos dos años, pero se cree que durante este período  alrededor de 120.000 portugueses optaron cada año por  mercados de trabajo en el extranjero, para hacer frente a la crisis del desempleo y también a los bajos salarios y al aumento de los impuestos  en Portugal. Por otra parte, el trabajador portugués está bien considerado en el extranjero, ya que cuenta con altos niveles de productividad, flexibilidad, aprende  idiomas con facilidad, y también tiene un alto grado de integración en equipos de trabajo. Algo que, curiosamente, no sucede cuando los portugueses trabajan en su propio país.