La “sin voz” del Colectivo del Millón de Personas

Por Mohamed El Morabet (*).

El colectivo marroquí, en España, sufre en silencio el vendaval de la crisis que azota el país. Las autoridades marroquíes brillan por su ausencia y las perspectivas de futuro residen en un retorno a Marruecos sin muchas seguridades ni planes de mejora. El colectivo de inmigrantes más numeroso de España carece de portavocía, que urge ahora más que nunca.

La inmigración marroquí en España es un capítulo y aparte. Más bien, es un capítulo que merece ser atendido con más rigor que el que se le dedica últimamente. Las pocas noticias que le otorgan los mass media, tanto españoles como marroquíes, son muy escasas y apenas esclarecen la vivencia de uno de los colectivos de inmigrantes más numerosos en España, exactamente el segundo con 822.997 residentes, después del colectivo rumano, según los datos del Ministerio del Interior, basándose en el registro de tarjetas de residencia. Esta cifra se incrementa sumando los marroquíes ya nacionalizados (alrededor de 80.000) y los irregulares. Es decir, permitiéndome la exageración sería el Colectivo del Millón de Personas.

Así pues, este colectivo no tiene portavoz, mejor dicho casi ni tiene voz. En tiempos de vacas gordas muchas asociaciones se interesaban por las necesidades de los marroquíes en España, y se interesaban por su integración y su desarrollo en el país, puesto que el colectivo tiene serias deficiencias en este sentido, sobre todo lo que concierne al aprendizaje del castellano, a sabiendas de que la gran mayoría de personas que vinieron a España procedían del ámbito rural marroquí con escasa formación, incluso a veces nula. Y también, por el interés institucional fijando cuantiosas subvenciones dirigidas a traducirse en acción social y cultural en favor del colectivo.

Con el vendaval de la crisis, el colectivo se siente huérfano. Las asociaciones de marroquíes están desapareciendo, puesto que no pueden hacer frente a sus obligaciones económicas y porque reciben mucha menos subvención que antes, debido a los recortes. La noticia que más impacto me ha causado ha sido la desaparición y no digo quiebra, de la asociación de marroquíes más antigua de España (ATIME- Asociación de Trabajadores e Inmigrantes Marroquíes en España), fundada en 1989 por un grupo de jóvenes, entonces, liderados por Abdel Hamid Beyuki. Está asociación que llegó a construir todo un conglomerado de filiales tanto sectoriales, como la REMCODE (Red Euro Mediterránea para la Cooperación al Desarrollo) o AJI-ATIME (Asociaciones de Jóvenes Inmigrantes) y también territoriales, llegó a tener presencia en más de 16 capitales provinciales. Esta semi-confederación de asociaciones está  desaparecida e ilocalizable, según confirma Europa Press. Además, sin liquidar sus obligaciones con Hacienda ni justificar la cantidad de unos 600.000 euros concedidos en año 2010.

La otra asociación significativa que representa a los marroquíes es la Asociación IBN-BATUTA presidida por el ex-diputado del PSC en el parlamento catalán, Mohamed Chaib. Ésta última, aguanta su andadura, con una tímida agenda asistencialista, sin apenas responder a las nuevas necesidades que ha generado la crisis. Su inquietud como asociación reside más en sobrevivir como tal que en resolver o mínimamente paliar las dificultades del colectivo. Por ejemplo, con la oleada de los desahucios que está viviendo el país, y que muchos de estos desahuciados son marroquíes, la asociación no se ha pronunciado, ni siquiera ha permanecido al lado (y de parte) de estos afectados. Tampoco se ha pronunciado (ni a favor ni en contra) acerca de dejar sin asistencia sanitaria a los sin papeles. Esto, sin citar otros ejemplos relacionados con el estatuto administrativo de los marroquíes, que a la hora de renovar sus tarjetas de residencia, muchos de ellos, se enfrentan con el abismo de la irregularidad, puesto que están en paro y no cumplen con los meses requeridos de cotización a la seguridad social.

Los dramas se cuentan a miles. Destaco el ejemplo, casi estandarizado ahora, de familias que deciden que la esposa y los hijos vuelvan a vivir en Marruecos y el padre permanecer en España y compartir piso con otros padres en la misma situación, para ahorrar y afrontar las dificultades económicas. Estos hijos, la mayoría, pierden los estudios y no les matriculan de nuevo en Marruecos, sin contar con el inmenso desarraigo que se vive en esta situación.

El Colectivo del Millón de Personas sufre en silencio, y lo hace porque las voces xenófobas ladran sin cesar últimamente. Frases del tipo “los españoles primero” están a la orden del día y son muy toleradas. Muchos de este millón optan por retornar y buscarse la vida en Marruecos, sobre todo en el sector de la construcción, con un jornal de 70 Dírhams. El país está viviendo su burbuja inmobiliaria que no tardará en explotar.

El retorno no es formal ni institucionalizado, por dos razones básicas. La primera tiene que ver con la cercanía, muchos optan por no abandonar sus tarjetas de residencia y buscarse la vida en Marruecos y entrar de vez en cuando en España. Esta opción es ilegal pero es una práctica común para no perder el estatus en España conseguido durante años. La segunda razón consiste en la falta de perspectivas en Marruecos. El país no ofrece seguridad en el ámbito económico ni social. La sanidad, la educación y la jubilación son meros eufemismos en Marruecos y no están al alcance de todos.

En medio de esta dramática situación  ¿Qué hacen las autoridades marroquíes? ¿Qué hace la Embajada? ¿Qué hace el CCME (Consejo de la Comunidad Marroquí en el Extranjero)? Las respuestas a estas preguntas las podéis imaginar. Bueno, para que no imaginéis otra cosa, las responderé: No hacen nada. Mentiría si dijera nada, a secas, sin mencionar el estudio encargado por CCME al Colectivo Ioé titulado “Crisis e inmigración marroquí en España 2007-2011 publicado en mayo de 2012. Un estudio riguroso, detallado, ilustrativo e ideal para emprender unas acciones que puedan paliar medianamente los efectos de la crisis en el colectivo. No obstante, no existen tales acciones, ni atisbo de que existan en un futuro cercano. El caso de la Embajada no tiene adjetivos para describirlo, es una desconsideración tan grande que sólo puede significar una escasa educación democrática y una anémica responsabilidad institucional. Es lo que se demostró en el expediente de los estudiantes universitarios marroquíes, en España, que vieron sus tasas de matrícula incrementadas, pasaron de pagar el 25% de la matrícula al 100%, un problema que ha sido muy sonado en los medios tanto españoles como marroquíes pero sin respuesta oficial, dejando a casi 3600 estudiantes a su suerte. Muchos de ellos volvieron a estudiar a Marruecos y otros tantos abandonaron, sin más, la universidad. Parece que la única acción de las autoridades marroquíes en España es mantenerse estériles y al margen. Y la única visión de futuro para el colectivo es aguantar el temporal o retornar sin paliativos. Es muy urgente, ahora más que nunca, una portavocía sólida de la comunidad marroquí en España: El Colectivo del Millón de Personas.

(*) Mohamed El Morabet es politólogo y periodista. Ha colaborado con diversos medios de comunicación y fue articulista en el primer semanario marroquí de información general en español Marruecos Siglo XXI. En la actualidad vive en Madrid