Artur Mas fracasa en las autonómicas catalanas y se queda lejos del sueño independentista

Paco Soto-Rabat

En la foto, Artur Mas rodeado de los principales dirigentes de CiU, se dirige a sus seguidores en Barcelona

Artur Mas recibió el domingo un duro castigo en las elecciones autonómicas en Cataluña. Pensó que conseguiría la mayoría absoluta y que los comicios iban a ser un plebiscito a favor de la independencia, y después que podría organizar una consulta popular para abrir las puertas a la separación de España. Pero el líder de Convergència i Unió (CiU) y presidente en funciones de la Generalitat se quedó muy lejos del sueño independentista y tuvo que contentarse con 50 diputados, muy lejos de los 62 que obtuvo en las elecciones de 2010. Mas adelantó la cita electoral, porque pensó que el descontento que hay en Cataluña por la grave situación económica y financiera y el hartazgo de muchos catalanes a seguir perteneciendo a España, le iba a beneficiar, pero se equivocó. Una cosa es lo que digan las encuestas y otra bien distinta lo que recojan las urnas. Y las urnas demostraron que, a pesar de los deseos  soberanistas que albergan muchos catalanes en su corazón, la independencia no está a la vuelta de la esquina. En resumidas cuentas, que Mas no consiguió ni mayoría absoluta, ni mayoría “indestructible” y “excepcional” para guiar a los catalanes hacia un incierto futuro independiente. Sin control absoluto del Parlamento, CiU tendrá que replantearse ciertas cosas, y es probable que Mas haya iniciado sin quererlo el principio del fin de su carrera política y que se acrecienten las luchas internas entre los dos partidos que conforman la federación nacionalista, CDC y la UDC de Josep Antoni Duran i Lleida. El fracaso relativo de Mas en las urnas plantea muchas incógnitas al proyecto soberanista. Ahora bien, teniendo en cuenta que los independentistas de  ERC se sitúan como segunda fuerza parlamentaria, al haber conseguido 21 escaños, CiU podría formar un bloque soberanista mayoritario con ese partido en la Cámara e impulsar el referéndum de autodeterminación, que seguramente tendría el apoyo de los 13 diputados de ICV y los 3 del grupo ultraizquierdista e independentista de las CUP. En el frente opuesto se colocan los socialistas del PSC, que logran el tercer puesto en el Parlamento con 20 diputados; el PP, que se queda como cuarta fuerza con 19 escaños, y el grupo antinacionalista y de centroizquierda Ciutadans (C´s), que logra 9 parlamentarios. Casi dos tercios del Parlamento quedan en manos de fuerzas nacionalistas e independentistas y de los ecosocialistas y federalistas de ICV.

Nuevo escenario

La alta participación, 69,90 %, la más elevada en unas elecciones catalanas, no sirvió para catapultar a Mas. Es más,  el órdago independentista lanzado por los nacionalistas no sirvió  para reforzar a CiU, pero sí para alimentar a ERC, dar alas a ICV y permitir la entrada en la Cámara a las CUP.  CiU confiaba en recoger los frutos de la ola soberanista surgida de la Diada del 11 de septiembre (jornada festiva de reivindicación nacionalista) para lograr al menos 68 escaños,  pero se encontró finalmente con un panorama menos atractivo: el ardor soberanista se desinfló a lo largo de la campaña, y se ha abierto  un nuevo escenario en el que ERC, como en su momento ocurrió durante las dos legislaturas del tripartito de izquierda liderado por el PSC, va a tener la llave de la gobernabilidad. Cabe esperar de ERC que apoye a CiU a cambio de que la federación nacionalista no abandone su proyecto soberanista. El apoyo del PP, con el que Mas pudo aplicar  la política de austeridad y recortes en servicios públicos, ahora queda descartado. El PSC, que ha perdido siete escaños, sigue tan descolocado como siempre y la corriente de centroizquierda antinacionalista que representa C´s experimenta un crecimiento espectacular.

Reconoce la derrota

Artur Mas reconoció su derrota relativa al comparecer ante los medios y sus seguidores par dar cuenta de los resultados electorales. Desde el Hotel Majestic, en el corazón del Pase de Gracia de Barcelona, el presidente en funciones declaró: “Hemos quedado lejos de la mayoría que pedíamos, ha quedado claro. La situación no queda fácil, iremos adelante”. No obstante, Mas incidió en el hecho de que el bloque soberanista será mayoritario en la Cámara, lo que facilitará la celebración de la consulta de autodeterminación. “Intentaré llevar a cabo la consulta en la nueva situación a pesar de que es más compleja y tenemos mayorías claras en un sentido y en otro”, dijo Mas. Y lanzó el siguiente aviso:  “Los que quieran abortar el proceso, que tengan en cuenta que tienen que saber sumar y restar porque la suma de las formaciones políticas a favor del derecho a decidir es muy mayoritaria en el Parlamento”,  pero “otra cosa es que vayamos consolidando las mayorías sobre el Estado propio”.  En este sentido, reconoció  que “será necesario ir ampliando esas mayorías”. Mas pidió abiertamente la colaboración de ERC en la nueva legislatura, pero insistió en la idea de que CiU tiene “más de dos veces y media” los votos alcanzados por Esquerra Republicana, y “no hay gobierno alternativo que no pase por CiU”. En la misma línea, advirtió que “CiU debe liderar el Gobierno, pero no nos podemos hacer responsables únicos de la gobernabilidad del país”. Por ello, indicó que “ahora hay que abrir un periodo de reflexión en la política catalana”, porque “CiU no tiene la fuerza suficiente para liderar el proceso y el país”. ERC valoró muy positivamente los resultados electorales y aseguró que “Cataluña quiere más democracia y política que nunca” y abrir un proceso hacia la independencia y la creación de un Estado propio dentro de la UE. El PSC, por boca de su candidato a la Generalitat, Pere Navarro, reconoció que el resultado electoral para su partido no había sido bueno y consideró que el proyecto de Mas  fracasó y dividió a la sociedad. En nombre del PP, Alicia Sánchez-Camacho vio a “Mas y a CiU como los grandes perdedores” de los comicios; y Joan Herrera, candidato de ICV, expresó su esperanza de que “las izquierdas no apoyen a Mas”. C´s se felicitó por el “éxito” de haber logrado un grupo parlamentario propio y las CUP valoraron muy positivamente sus tres escaños.

Campaña sucia

La campaña electoral fue despiadada por parte de los diversos adversarios políticos, y algo olió a podrido durante el proceso. No faltaron los ataques, insultos y descalificaciones. Tampoco las acusaciones de corrupción que salpicaron a Mas y otros dirigentes de CiU. Fueron acusaciones a cuenta de un supuesto borrador policial que incriminaba directamente a Mas. Reveló esta información el diario madrileño El  Mundo, cuya línea editorial es claramente hostil al nacionalismo catalán. Según el supuesto borrador policial, el presidente de la Generalitat en funciones y líder de CiU tendría cuentas en Suiza procedentes del Palau de la Música Catalana, una institución muy salpicada por la corrupción. Mas negó estas acusaciones y tanto él como otros dirigentes nacionalistas acusaron a las “cloacas del Estado” de haberse inventado esta “intoxicación” para desprestigiar al líder de CiU. La cúpula de los Mossos d´Esquadra también negó haber paralizado una investigación contra Mas y varios dirigentes de CiU pusieron una querella contra el diario El Mundo. En plena jornada de reflexión ocurrió otro hecho muy grave: el diario La Vanguardia divulgó una convocatoria ilegal de apoyo a Mas por parte de un grupo de ciudadanos nacionalistas.

El precio económico de la independencia

C. García-Rabat

 

Dos gráficos sobre los resultados electorales en Cataluña indican cómo queda el nuevo Parlamento y con qué fuerza se quedan los sectores soberanistas y no soberanistas. Fuentes del diario La Vanguardia

Muchos catalanes están convencidos de que su pequeño país, que es casi del tamaño de Portugal y  posee grandes empresas multinacionales y una economía volcada en la exportación, podría funcionar mucho mejor si fuera independiente de España. Pero una serie de informes señalan que la independencia tendría muchas repercusiones económicas negativas para Cataluña, pero también para España, que es la quinta economía de la Unión Europea (UE). Muchos empresarios catalanes, tanto grandes como medianos y pequeños, prefieren seguir en España, porque una parte fundamental del comercio catalán se hace con el resto del territorio nacional. Además, una separación de Cataluña de España obligaría a esta pequeña comunidad a abandonar la UE. Cataluña es el territorio más endeudado de España, y si consiguiera su plena soberanía política y económica, tendría serias dificultades para encontrar financiación en la zona euro. Según dice Pere Puig Bastard, economista en la escuela de negocios ESADE de Barcelona, a la agencia Reuters, “desde un punto de vista económico, es imposible establecer el impacto de por cuánto tiempo viviríamos en un limbo legal y es un mal momento para estar buscando inversiones”. Si durante años el independentismo se nutrió fundamentalmente de ensoñaciones ideológicas románticas, hoy en día también ha incorporado un discurso marcadamente economicista. Es un discurso simplista y populista que se basa en la aseveración de que Cataluña sufre más de lo normal el impacto de la crisis económica porque está expoliada por España, como si fuera una colonia sojuzgada por la metrópoli imperialista. La crisis económica genera un gran descontento y los vientos populistas nacionalistas soplan con  fuerza. Por eso mismo un número cada vez mayor de los 7,5 millones de catalanes quiere separarse de España.

La teoría del expolio

Es un sentimiento que ha ido creciendo a medida que se profundizaba la recesión y aumentaba la frustración con una estructura fiscal en virtud de la cual Cataluña paga una cifra estimada de 16.000 millones de euros más a Madrid de lo que recibe a cambio. Según Ramón Tremosa, eurodiputado de CiU,  “un nuevo Estado catalán forzaría a los burócratas de Madrid a volver a trabajar. Tras cinco años de crisis, España no tiene una estrategia de salida y no tiene idea de cómo salir”. Los nacionalistas catalanes aseguran que si Cataluña, que representa una quinta parte de la economía española, fuera despojada del peso fiscal de pertenecer a un gran Estado, podría invertir sus recursos en sus propias  infraestructuras, en mejorar el Estado del bienestar  y en impulsar la producción. Pero de momento, Mas tuvo que pedir una ayuda al Gobierno central de 5.000 millones de euros a principios de año. Habrá que ver si los sondeos que indican que entre el 46 y el 57% de los catalanes son favorables a la independencia se confirman. Y los dirigentes nacionalistas tendrán que explicar cómo harían en una Cataluña independiente para retener en su territorio a unas 3.000  multinacionales y a grandes empresas y bancos españoles. En principio, una Cataluña independiente también tendría que abandonar el euro como moneda.  Son muchas las incertidumbres en torno a la independencia que los dirigentes catalanes ocultan o minimizan.

 Los nuevos independentistas son de origen inmigrante

A. Chabi-Rabat

Artur Mas (en la foto, a la izquierda) y su socio Josep Antoni Duran i Lleida tras conocer los resultados electorales en Cataluña

La independencia de Cataluña es una idea que arranca en el siglo XIX con el nacionalismo romántico, y aunque los nacionalistas  remonten a la Edad Media para encontrar motivos históricos que justifiquen separarse  del resto de España, el hecho es que Cataluña lleva siglos unida y estrechamente relacionada con el resto del Estado. Ni Cataluña es una colonia ni existe como nación desde hace 1.000 años, como sostienen los nacionalistas románticos, entre otros motivos, porque hace X siglos no existía ninguna nación moderna. En Europa, existían territorios más o menos homogéneos, reinos, condados, pero no naciones. A la mayoría de los nacionalistas catalanes esto no les importa; ellos se nutren de una potente mitología cargada de supuestos agravios, odios y resentimientos, de dioses, semi-dioses, batallas heroicas y sucesos dignos de la mejor ficción. Lo curioso de este proceso es que entre los nuevos independentistas se encuentran muchos jóvenes cuyos padres emigraron a Cataluña  hace décadas desde otras regiones de España. Son catalanes de origen andaluz, extremeño, castellano o gallego y, en general, suelen ser más papistas que el Papa, o más radicales e intransigentes que los nacionalistas de ‘toda la vida’. Reproducen los mismos mitos que los nacionalistas tradicionales, pero los defienden con más ardor guerrero si cabe. Odian a España profundamente, aunque sus padres y abuelos sean españoles. Cataluña es un territorio extraordinariamente plural desde el punto de vista social y cultural. De los 7,5 millones de habitantes hay más de tres millones que tienen orígenes en otras regiones de España y más de un millón son inmigrantes que han venido de todas  partes del mundo. Un sondeo del centro oficial de estadísticas catalán citado por Reuters,  indicó este mes que el 80% de los adultos cuyos padres son catalanes apoyan la independencia. Y un 41% de los adultos con padres no-catalanes también quieren la independencia, frente al 25% de junio de 2011. La fe del converso mueve montañas. No hace muchos años,  los inmigrantes andaluces o de otras regiones vivían en  guetos de habla castellana en las afueras de Barcelona y en grandes urbes industriales y sufrían todo tipo de discriminación. Sus hijos y nietos han olvidado esa realidad o la desconocen. “El debate se ha alejado de ser meramente un debate sobre la independencia de Cataluña a un debate económico más amplio”, opina  María José Hierro, experta en Ciencias Políticas en la Universidad Pompeu Fabra.